Finanzas

Es mejor no mentir en entrevistas de trabajo

Existen señales para conocer al jefe o empleado que engaña, dice experta.

En las relaciones interpersonales las mentiras pueden ser ‘pan de cada día’.

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En las relaciones interpersonales las mentiras pueden ser ‘pan de cada día’.

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agosto 17 de 2013 - 02:52 a. m.
2013-08-17

En las relaciones interpersonales las mentiras pueden ser ‘pan de cada día’. La cuestión es cómo identificarlas, más en las relaciones empresariales y laborales, dado que están en juego los negocios.

Por eso en las entrevistas laborales, cuando empleador y potencial empleado hacen el primer contacto, es clave la sinceridad para dar paso a una relación de confianza o al fracaso de la contratación si una de las partes engaña desde el comienzo.

Elizabeth Osorio, gerente general de la firma especializada en procesos de selección de personal Grupo Jess, es sicóloga de la Universidad San Buenaventura y se ha dedicado a estudiar el tema.

Afirma que, en ocasiones, en una conversación normal se pueden presentar tres mentiras en 10 minutos y cuando alguien aspira a un trabajo esa cifra puede aumentar. A su vez, la empresa que contrata no está exenta de exagerar para retener e impresionar al interesado.

En ese último caso, llama la atención en que las personas que van a entrevistas de trabajo aumenten su capacidad para observar a su interlocutor.

Dice que, en su trabajo con clientes, se verifica que la oferta a los candidatos se ajusten a la realidad, y que después de eso la tarea está en entrevistar aspirantes a las vacantes.

Dice que hay señales que los expertos ven como indicios de que candidatos o empleadores pueden estar mintiendo.

Estas señales se basan principalmente en la kinesia (el estudio de los gestos). Subraya que una mentira no se puede detectar por un gesto solamente, sino que viene como en racimo: un gesto detrás de otro que indica varias mentiras. Y es necesario, según su experiencia, identificar tres gestos para concluir que la persona no dice la verdad.

El primero es al verificar el movimiento de las manos, las cejas o los ojos.

La disminución de estas expresiones puede ser el primer signo de que el interlocutor miente.

El segundo gesto se denomina manipulaciones: la acción de acomodar cualquier otra parte del cuerpo.

Los hombres se tocan la nariz, el mentón o el cuello, mientras que ellas manipulan el collar, los aretes, el anillo o el bolso. En general, mueven cualquier elemento para distraer la atención, dice la experta.

Otro comportamiento común tiene que ver más con la proxemia o el acercamiento, y es que las personas se alejan del foco de conflicto.

Hablan común y corriente y de un momento a otro se alejan con la silla o empiezan a escribir.

En términos técnicos, esto es lo que se llama la reducción del espacio corporal, con el fin de poder manejar ese espacio en el momento de no decir la verdad.

El tercer elemento es el ‘efecto Pinocho’, que no propiamente tiene que ver con el cuento infantil. Se trata de que la nariz de quien engaña manifiesta piquiña o enrojecimiento, pues se liberan catecolaminas, una sustancia química del cuerpo.

Tampoco es buena señal cuando el interlocutor usa frases sin personalizar, como “el cliente prefiere que...” o “aquí decidimos que...”.

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