Un mes de vergüenza

Se termina el mes de las niñas y los niños, y luego de leer las informaciones, se concluye que no se trata de agasajarlos sino de exterminarlos y que unas y otros son, en realidad, una especie amenazada. Situación que uno puede comprobar al advertir que la pobreza que sufre la mayoría de nuestra población se ensaña especialmente con las niñas y los niños, y de ahí en adelante todo puede pasar.

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abril 28 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-04-28

El maltrato, la explotación sexual y laboral, la desnutrición, el progresivo deterioro de la estructura familiar y la ausencia de futuro están a la orden del día y son el pan cotidiano en las calles y los campos de Colombia. Y falta la estadística real de la vida privada nacional, que no llega a los periódicos sino cuando es cruel y sangrienta y que causa daños irredimibles en niñas y niños. Mejor dicho: nos estamos tirando el futuro del país, cargándolo a la cuenta de un presente irresponsable y depredador. Hoy y mañana se celebra en la Cámara de Comercio de Bogotá el III Congreso Internacional de la Familia, dedicado al papel del papá en la sociedad. Debate que se ha venido ambientando con realidades como que 26 de cada cien menores de edad colombianos carecen de figura paterna. Es elevado el número de hombres en nuestro país que después del ‘polvo’ le sacan el cuerpo a la paternidad o la transan por un distante y muchas veces escuálido apoyo económico. Tres de cada diez hogares tienen como cabeza a una mujer soltera, que hace de tripas corazón para amortiguar un hecho punzante: la figura del padre es irremplazable. Un abrebocas de dicho congreso familiar resume las consecuencias de ese abandono. Que no se resuelve con el matrimonio como única vía, ojo, sino con una acción de responsabilidad, educación compartida y división de roles, para prevenir, entre otras secuelas, el embarazo indeseado de adolescentes y para dejar de pensar que el amor y la presencia oportuna se compran con juguetes costosos, comodidades y falta de autoridad. Cuando se establece que el gran animador de niñas y niños es el ejemplo de sus padres, el corolario es que estamos creando un ciclo de desgracia. Como si se tratara de tirar a matar, las informaciones más recientes son perjudiciales a más no poder. “Unicef está sin plata para atender niños colombianos” es el título de la notificación sobre el déficit del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Niños y adolescentes víctimas de la violencia en Colombia (1’500.000 desplazados, 7.000 reclutados en los grupos armados) están librados a su suerte, bloqueados en sus guetos. Fijándose bien donde pisan porque puede ser que “una mina te desbarate los pies, amor”. Para completar el panorama nefasto, se anuncia que cerca de 4 millones de niños y jóvenes, con edades entre los 7 y los 18 años y afiliados a las EPS y ARS, podrían quedar sin servicios de salud si no cuentan con la llamada Tarjeta de Identidad. Del bulto llevan con preferencia los afiliados al Sisbén, confirmando la veracidad de la ranchera que pregona “pobre del pobre”. Mientras todo eso pasa, la concejala Gilma Jiménez apela a todo su poder de persistencia y convicción para lograr que el Cabildo de Bogotá apruebe un proyecto de Acuerdo para controlar las ‘Chiquitecas’. Se busca que los menores de 14 años no se encaminen por el sendero pernicioso y más bien vayan a parar al bote los comerciantes que habiliten esos antros. Claro que la parte vital del asunto son las amonestaciones y las multas para los padres de familia. Ahí la serpiente se muerde la cola y volvemos al principio del ciclo y entonces qué. Sé que hay muchas personas y entidades trabajando muy duro por las niñas y los niños. Merecen un aplauso por ese esfuerzo en la jungla. Pero a los colombianos, este mes nos deja la cara marcada de vergüenza. ¿No le parece, señor Presidente? Periodista

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