Metas petroleras

Se apunta a producir un millón de barriles de petróleo diarios al terminar el 2011.

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abril 29 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-04-29

Con esto sacarían a Colombia del renglón de varios en las estadísticas mundiales para otorgarle nombre propio. Cabe el optimismo; en marzo se extrajeron 884 mil y se va creciendo al 14 por ciento anual. El recurso está disponible llano adentro. Los precios del hidrocarburo y la seguridad democrática valorizaron crudos pesados llaneros cuya inútil existencia se conocía parcialmente de tiempo atrás. Aunque Groucho Marx aconsejó no hacer predicciones acerca del futuro, y menos en materia petrolera, los despreciados de ayer podrían ser los consentidos de mañana. Allá lejos, donde influyó menos la hecatombe de la orogenia andina, tan perjudicial para la tranquilidad geológica colombiana, existen crudos ignotos hasta antes del WTI a US$ 110 por barril. Ahora cuentan, así haya que meterles candela para traerlos a la superficie, como en efecto se está intentando. El petróleo de la llanura al otro lado de la cordillera Oriental requería calidad y volumen para justificar su transporte. Entre ambos pagaron el oleoducto Caño Limón-Coveñas y el Ocensa. Los yacimientos que les dieron vida en Arauca y Casanare están en fase terminal. Ocensa, sin embargo, se ha ido copando con la melcocha (mezclada con diluyente) del confín del Meta. Pasar del millón de barriles anuales, depende de la premura con que el oleoducto a través de los llanos, que lideran Ecopetrol y Pacific Rubiales, llegue a su destino. Debe empatar en la frontera venezolana con el de Caño Limón-Coveñas para aprovechar de inmediato su capacidad ociosa de 150 mil barriles diarios (más adelante se duplicaría el tubo al Caribe para obtener otros 250 mil). Obstáculos hay: al oleoducto llamado Bicentenario se le cruzan la parsimonia ecologista, las tribus desconocidas que se materializan con sus estridentes voceros, los nada despreciables nubarrones de orden público y, sobre todo, algún purista que exija construcción como obra pública, con las consecuentes eternizaciones burocráticas. Son imaginables demandas ante el contencioso por violación de las normas de contratación. A más largo plazo, inquieta la afición nacional a desplumar la gallina aurea. El país recuerda bonanzas petroleras abortadas antes de madurar por impuestos de guerra, impuestos de remesas y la distribución escalonada. La inversión extrajera en hidrocarburos del 2010 fue apenas superior a la del 2009, a pesar del importante repunte en los precios del crudo. Dadas las cifras de la industria, cualquier explorador queda sujeto al rango alto del impuesto de patrimonio y como negocio intensivo en capital la golpea la pérdida abrupta de la deducción por depreciación. Mucho cálculo de rentabilidad, incluyendo el riesgo exploratorio, se va al traste. Como diría don Sancho Jimeno, el defensor de Cartagena contra los piratas en 1697, hay que atisbar las velas en el horizonte para identificar si son amigas o enemigas rsegovia@axesat.com helgon

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