La mujer se posiciona

Ante el exitoso rol de la mujer en las alturas del poder, podemos deducir que la misoginia en política es hoy un capítulo vergonzoso y archivado de la historia, al menos en Occidente.

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agosto 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-08-30

Hace menos de un lustro afirmábamos en esta misma columna que, sí la lógica relativa de la política no se torcía, el mundo occidental estaba adportas de celebrar la llegada a la cima del poder a unas mujeres fuera de serie: Angela Merkel (centro-derecha) en Alemania, Michelle Bachelet (centro -izquierda) en Chile y, muy posiblemente, Hillary Clinton en la hiperpotencia, lo mismo que Cristina Fernández (populismo peronista) en Argentina y en nombre de un socialismo renovado en Francia, Ségolène Royal. Y en la gran nación brasileña, ya comenzaba a hacer fila presidencial o vicepresidencial una mujer de extracción popular como Lula.

El paso de los acontecimientos corroboró, casi que en 'moñona', tales pronósticos. En efecto, el momento histórico imponía la presencia impostergable de la mujer en las altas posiciones del Estado y del sector privado. Un machismo salvaje, corrupto e ineficiente, obligaba a ver en el género femenino la mejor manera de llevar a cabo reformas desde adentro, exigidas por un sistema democrático en crisis.

Por ejemplo, Merkel como hija de un pastor luterano, criada bajo la 'dictadura del proletariado' en la Alemania comunista, sobresaliente profesora de física, aparecía como variante ganadora frente a un SPD que atravesaba una de sus peores momentos.

La candidata chilena, por su lado, exhibía condiciones heroicas como la de haber sido torturada por el régimen pinochetista y contar con un padre 'militar de izquierda' -muerto por el tratamiento recibido en las cárceles de la satrapía antiallendista-, a más de su brillante desempeño como Ministra de Defensa.

Royal, famosa por sus ejecutorias al lado de uno de los grandes europeos del siglo XX, François Mitterrand, durante su 'reinado' de catorce años, lideraba una atractiva propuesta hacia una 'democracia participativa'. Su derrota posterior demostraría que en política sí es posible ganar perdiendo, si se ejerce sin miopía y con vocación de futuro.

De Hillary Clinton cualquier elogio y reconocimiento se quedaban cortos a favor de una 'quinela' triunfante con Barack Obama: por cierto, fórmula que ahora podría hacerse viable en otros países. En relación con Cristina Fernández, se decía que era un interesante interrogante basado en el prestigio indudable de su esposo y presidente, Néstor Kirchner.

A la fecha, ante el exitoso rol de la mujer en las alturas del poder, podemos deducir que la misoginia en política es hoy un capítulo vergonzoso y archivado de la historia, al menos en Occidente. Especialmente, porque su presencia ha venido garantizando transparencia y eficacia en una sociedad con más preguntas que respuestas.

Por desgracia, en otras latitudes como las dominadas por el Islam, la situación de la mujer sigue congelada a niveles medievales. El lúcido analista de la Universidad Carlos III de Madrid, Juan José Tamayo, sostiene que "las religiones no se llevan bien con las mujeres, que viven en un estado de permanente minoría de edad, justificado por la apelación a revelaciones divinas, a preceptos inamovibles o a la supuesta voluntad del fundador. Apenas hay excepciones al respecto. 

A ellas no se les permite el acceso al ámbito de lo sagrado, que es una especie de sanctasanctórum al que sólo llegan los varones. No son consideradas sujetos morales con capacidad de actuar responsablemente. Su conciencia está sometida a las leyes religiosas. Su libertad se ve tutelada por los varones. Su sexualidad es controlada por una moral represiva impuesta por los clérigos y moralistas de vía estrecha".

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