Mujer que vivió la yakuza cuenta su vida

Para Shoko Tendo, nada trae tan malos recuerdos como dedos ensangrentados a la noche.

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diciembre 21 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-12-21

“De pequeña, a veces se oían golpes en la puerta a toda hora de hombres que sostenían dedos meñiques que acababan de cortarse”, señala la escritora de 39 años en Tokio. “Lo primero que hice fue darme cuenta de que mi familia era diferente” relata Tendo. Tendo no se nutre de su imaginación, sino de la historia de su vida. Su padre era un jefe criminal vinculado con el Yamaguchi-gumi, el mayor grupo de la yakuza de Japón. Los visitantes de horas avanzadas de la noche eran subordinados que buscaban expiarse de algún error, parte de un ritual yakuza. Se ha escrito mucho acerca de los pandilleros japoneses, sus tatuajes en todo el cuerpo, su afición a la bebida y a las mujeres, los estrictos códigos de honor y las ocasionales explosiones de violencia. Se ha escuchado muy poco de sus amantes, hijas o esposas. Tendo ha sido las tres cosas, y su libro Yakuza Moon (Luna yakuza) ofrece un vistazo fascinante sobre uno de los rincones más oscuros y menos comprendidos de la cultura japonesa. Oír la historia de vida de Tendo de primera mano es tan difícil como leer su poderoso libro, que acaba de ser publicado en inglés. Sin ambages, habla de sus años adolescentes de drogas duras y promiscuidad. Su rostro tenía cicatrices por las reiteradas palizas y su estado mental estaba trastornado por la violación y las adicciones. Sus ojos tienen el aura de alguien que ha estado en el infierno y ha regresado. La experiencia de Tendo también es intrigante porque acompaña la pujanza económica de Japón en la década de 1980 (durante la cual la yakuza prosperó como rara vez lo había hecho antes) y su caída en la década 1990 (durante la cual la yakuza tuvo que defender su estilo de vida como nunca antes). VIDA DURA La vida se volvió difícil después de 1992, cuando se aprobó una ley contra pandillas en Japón. Los buenos tiempos de los años de las burbujas fueron reemplazados por la “década perdida” deflacionaria. A la vez que la policía dificultó el lucro de actividades principales como la prostitución, las apuestas y juegos de azar, la extorsión y el contrabando de drogas, la recesión redujo la cantidad de proyectos de construcción, otro flujo de ingreso tradicional de la yakuza. “Lo vi en mi propia familia, cuán rápidamente los buenos tiempos pueden ser reemplazados por las penurias y el dolor”, explica Tendo. “Cuando mi padre cayó en épocas difíciles en materia de salud y con deudas, las cosas se aceleraron para mi familia”. Según se deterioraba la salud de su padre, Tendo se vio obligada a tener relaciones sexuales con hombres con quienes su padre estaba endeudado (algo que su padre no sabía). “No es una parte de mi vida que me guste recordar”, dice. Los esfuerzos de Tendo de llevar una vida normal en estos días quedan desmentidos por el más ligero movimiento de sus brazos, que exponen un indicio de un tatuaje de cuerpo completo debajo. TATUAJES A primera vista, Tendo se parece a cualquier otra mujer japonesa elegante treintañera. Solo cuando se saca su chaqueta deportiva, su figura asume una dimensión más honda y misteriosa. Su cuerpo se convierte en una tela colorida y desafiante con una dama de compañía medieval, dragones de diseño intrincado, aves fénix y flores. “Sé que algunas personas pueden juzgarme por mis tatuajes, de una manera que puede limitar mis oportunidades en la vida, pero son lo que soy, son de donde vengo y me reconfortan”, dijo Tendo. Los tatuajes siguen siendo razonablemente raros en Japón y en general son tabú. En el club de salud en Tokio, por ejemplo, no acepta miembros con el menor de los tatuajes, explicó. Tendo ha roto con el pasado, es decir, hasta donde se puede. Divorciada desde hace mucho de un esposo con vínculos con pandillas, Tendo es una madre soltera de una niña de 2 años. Con todo, aún tiene puntos de vista fuertes sobre la vida que dejó atrás. Una de sus convicciones firmes es que los intentos de Japón de reprimir a la yakuza están siendo contraproducentes. “A primera vista parece que se está avanzando contra la yakuza, pero en verdad se están diversificando y se están volviendo más difíciles de rastrear”, explica Tendo. “Están entrando en sectores como la tecnología informática y otros. No creo que haya sectores ahora en los que no está involucrada la yakuza”. Un informe del Gobierno descubrió en julio que los grupos del crimen organizado habían ampliado sus métodos de recaudación de fondos a las operaciones bursátiles, bienes raíces y otros sectores económicos. En algunos casos, se dijo que los pandilleros trabajaban con extorsionadores y operadores corporativos para manipular los precios de títulos valores e incluso tomar el control de compañías. Para muchos japoneses, tales noticias difícilmente sean sorprendentes. Se puede decir que el crimen organizado ha sido durante mucho tiempo una mayor fuerza en la economía de Japón que, digamos, en Estados Unidos. Bloomberg 86 mil trecientos miembros de la yakuza japonesa estaban vigentes a 31 de diciembre del 2006. LA YAKUZA JAPONESA Había 86.300 miembros de la yakuza al 31 de diciembre del 2006, según la Dirección Nacional de la Policía. Se estimaba que 21.700 personas integraban las filas del Yamaguchi-gumi, con sede en Kobe y con el cual estaba afiliado el padre de Shoko Tendo. Los datos del submundo criminal están recibiendo más atención después de un puñado de tiroteos vinculados con la mafia local este año, entre ellos el que causó la muerte del alcalde de Nagasaki Itcho Ito. Estas historias y otras no son lecturas ligeras en un país donde la violencia con armas de fuego es rara. Aun así, tampoco lo son las emotivas memorias de Tendo. EMIMEN

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