Navidad

Hay pobres en ricas mansiones que no necesitan pan ni techo, están solos y sin una pizca de afecto. No te engañes mientras compartes con los menesterosos y, al mismo tiempo, dejas de amar a los que tienes cerca. Mira qué quieres hacer para amar a los que viven contigo, reconciliarte y estrechar los vínculos. Navidad es hacer las paces con alguien, es volver a nacer, devolver bien por mal y cambiar odio por amor, dudas por fe y tinieblas por luz.

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diciembre 23 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-12-23

Aquiétate, sintonízate con Dios y ve a la esencia de la celebración. Celebras el nacimiento de un ser que era el amor auténtico, la entrega total y la verdad plena. Revives la llegada al mundo de un ser puro en palabras, puro en pensamientos y puro en acciones. Era rico y nació pobre, era poderoso y llegó débil, era el más grande y nació humilde, era Dios y se hizo hombre. Vino a enseñarte que tu misión está en compartir, no en poseer; en servir, no en dominar; en convivir, no en competir. Tenlo presente para que el consumismo no te asfixie y vivas estos días muy unido al Padre y a los demás. Navidad es hermandad y reconciliación, es entrega y generosidad, es dar lo mejor de ti sin esperar nada a cambio. Tú eres un ser de amor y estos días te convocan a creer, esperar, servir e iluminar. La alegría de diciembre será profunda y duradera si te unes a Dios y con El das estos tres pasos: 1. Sanar tu pasado. Un perdón generoso expulsa culpas o rencores atorados en el alma, y te saca de una prisión emocional. Esta es una buena época para descargar el peso del ayer, cicatrizar viejas heridas y reconciliarte. 2. Ser agradecido. Cuenta tus bendiciones y destierra las quejas: aun con problemas eres un privilegiado. Dar gracias te colma de gozo porque valoras tus dones y le haces un conjuro al inconformismo. 3. Darte y dar sin esperar recibir. Al hacerlo amas de verdad así como te ama Dios que es don gratuito. No te dejes deslumbrar por lo material ya que tu mejor regalo para los otros está en tu alma, no en un almacén. Tu alma te pide aquietarte, estar unido a Dios, abrirte al perdón, ser afectuoso y valorar tu vida familiar. Hazlo y tu alegría será perdurable. Si miras bien el pesebre lo que ves allí es una familia pobre en bienes y rica en amor, fe y esperanza. Navidad es compartir con los desposeídos y los que sufren hambre y abandono. Ponte la mano en el corazón y despréndete de algo que te guste, no de lo que te sobra o está en mal estado. Navidad es abrir esas puertas que se les cerraron a María y a José cuando buscaban un albergue. Navidad es amar sin medida. Gonzalo Gallo González Escritor - Conferencista

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