Navidad en el trópico

La Iglesia Católica no se caracteriza por su rapidez. Ante cualquier cambio cultural, la alta jerarquía eclesiástica tarda varias décadas para reaccionar. Un ejemplo de ello es el pronunciamiento que ha hecho el Vaticano, advirtiendo que la Navidad ha perdido su significado religioso. Con semejante chiva se mantienen actualizados los suscriptores de L'Osservatore Romano, el diario del Vaticano, mientras el resto de la humanidad lo sabe desde hace medio siglo.

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diciembre 22 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-12-22

Podríamos discutir el papel que ha jugado la proverbial agilidad de la Iglesia Católica en su pérdida de relevancia en el mundo, pero mejor concentrémonos en lo importante: la humanidad anda muy confundida con el tema navideño. Qué tiempos aquellos en que todo se reducía a la súbita aparición del Niño Jesús en su cuna en el pesebre, mientras a uno lo envolataban con una suculenta natilla. La conmemoración del nacimiento era tan simple, que ni siquiera la jeringonza de la Novena de Aguinaldos podía desorientar a los celebrantes. Ahora las cosas son muy distintas: la Navidad se ha convertido en una especie de Dimensión Desconocida que genera comportamientos incoherentes en los colombianos. A modo de ejemplo, veamos los estragos que esta época produce en el buen juicio de las autoridades. El 3 de diciembre los colombianos nos levantamos con una de esas noticias que les encantan a los espíritus navideños: se prendieron 12 millones de luces en el país. ¡12 millones! Es como si de la noche a la mañana cada bogotano prendiera dos bombillos adicionales a los que usa habitualmente, todos al mismo tiempo. Lo primero que dije al leer esa noticia era que semejante feria del bombillo iba a generar un colapso eléctrico, y lo primero que me respondieron fue que las autoridades debían haber hecho los estudios del caso. ¿Estudios? Pero si estamos en la Dimensión Desconocida de la Navidad colombiana... Al día siguiente buena parte del país se quedó sin luz durante varias horas. Sólo el inefable espíritu navideño puede ganarle a la guerrilla a la hora de desestabilizar el país. La Navidad también genera alteraciones en el termostato interior de las personas. Cuando al fin llega el verano decembrino al territorio nacional, la mayoría de los colombianos celebra el arribo del invierno. ¿Habrá algo más ridículo que llenar los centros comerciales con nieve artificial, mientras en la calle hace un calor bochornoso? (Los bogotanos por lo menos tenemos una excusa: la esquizofrenia climática de diciembre sirve para compensar la esquizofrenia climática de agosto, cuando nuestras eximias autoridades celebran un Festival de Verano en pleno invierno.) La temporada navideña además produce alteraciones indescifrables en el espíritu pedagógico de nuestros comerciantes. Centros comerciales como el Palatino o el Gran Estación de Bogotá les enseñan a los niños el comportamiento de los pingüinos, las focas y los osos polares, conocimientos que sin duda les serán de gran utilidad para su vida en el trópico. Y es que la reina de la Navidad es la confusión conceptual. Confieso que en mi infancia yo ponía en el pesebre los futbolistas de plástico que venían en las cajas de Corn Flakes, pero lo que sucede ahora es la tapa: el centro Gran Estación ha metido al Ratón Pérez en sus eventos navideños y el centro Santafé se inventó una Mamá Noel. (Aclaro que mi fuente sobre las novedades mercantiles es la prensa: como ustedes entenderán, yo me mantengo a kilómetros de distancia de esos centros comerciales.) Ahora entiendo porqué los colombianos toman tanto trago en Navidad: sólo ebrios pueden hacer tantas estupideces en diciembre, para regresar en enero a posar otra vez de animales racionales sin sonrojarse. Investigador Asociado de Fedesarrollo "Ahora las cosas son muy distintas: la Navidad se ha convertido en una especie de Dimensión Desconocida”.

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