Los niños con metas son adultos asertivos

Estudiar una hora más en las tardes, ver menos televisión, arreglar la cama los domingos y respetar la autoridad son buenos propósitos para el próximo año e, incluso, los venideros.

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diciembre 22 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-12-22

Un niño que aprende a trazarse este tipo de metas y compromisos para el futuro, tendrá mayores posibilidades de ser asertivo en las decisiones que deba tomar en su vida. Igualmente, será menos influenciable, tendrá más carácter y será más participativo en el hogar. Esto, además, le permite proyectar su vida hacia logros que quisiera obtener más adelante. Un infante que aprende a planear tiene menos posibilidades de convertirse en un adulto que no sabe qué hacer con su vida, explica Luis Alberto Rengifo, sicólogo infantil y de la adolescencia. De igual forma, este ejercicio de proponerse cosas contribuye a la formación de su personalidad y responsabilidad. “Si desde niños se comprometen a hacer las cosas bien, no existe el riesgo de que lleguen a ser personas inestables que, por ejemplo, cambian de empleo con frecuencia”, señala Beatriz Parra, sicóloga clínica especialista en niños y adolescentes. TENER PROPÓSITOS Lo importante es que el niño tenga sus propios propósitos. No es lo mismo comprometerlo en algo, a que él se comprometa por sí mismo. Tampoco se trata de que tenga una lista interminable de metas, sino de que priorice aquellas que le resultan relevantes. “Cuando un propósito se cumple durante 21 días consecutivos y se forma el hábito, se debe empezar con el siguiente, pero continuando con el anterior”, señala la sicóloga Isabel Cristina Bettín. Si todos estos propósitos se convierten en hábitos -afirma la experta- llegan a ser virtudes personales que todos alabarán en el menor. El niño debe contar con unos padres que compartan esta invitación de pensar en el futuro; adultos creativos y exigentes, en el buen sentido de la palabra, que pongan límites claros sin temor a ser criticados por sus hijos, indica la sicóloga Isabel C. Bettín. Su papel en este proceso es clave y lo primero que deben tener en cuenta es la inconveniencia de orientar la vida de los hijos. Un buen comienzo es preguntarle al niño qué quiere hacer el próximo año y cómo cree que puede mejorar falencias particulares en aspectos como el estudio, su comportamiento, su organización y su relación con los demás miembros de la familia. En este sentido, la sicóloga Parra opina que para trazar un propósito hay que mirar hacia atrás y elaborar con el niño un balance de los errores que él cometió: si los padres logran que el pequeño sea consciente de su desorden, bajo rendimiento escolar o apetito caprichoso, puede proponerse para el año siguiente tener un cuarto más ordenado, obtener mejores notas, crear un horario de estudio y alimentarse de forma más balanceada. Este paso da lugar, entonces, a que los niños hagan compromisos a partir de sus deberes en el hogar y el colegio; que aprendan a responder por sus cosas, cuidar lo que tienen, cumplir horarios y velar por una buena relación familiar. Son ellos quienes deben esforzarse en el alcance de sus logros, que en ningún momento deben ser impuestos por los padres como exigencias de cumplimiento obligatorio. La idea, propone la sicóloga Beatriz Parra, es que los adultos supervisen sutilmente que se cumpla el objetivo y una manera de hacerlo es recordarles a los infantes esa meta propuesta en un momento que se preste para ellos, sin que se convierta en una cataleta interminable. “Hay que creer en ellos y soltarles responsabilidades”, asegura. La confianza es clave y fomenta la autoestima. “Aunque son planes de vida, no existe plena certeza de que el niño los cumpla. En caso tal que no se alcancen, es importante que los adultos analicen con el menor por qué no se logró la meta propuesta y le pregunten en qué cree que falló, sin intimidarlo, pues lo puede llevar a callar e interpretar el trazado de objetivos como algo negativo porque, al no cumplirlos, la consecuencia es un castigo”, añade Rengifo. En este sentido, agrega la sicóloga Bettín, los padres deben evitar la crítica y la condena. ¿Cómo motivar a un hijo para que cumpla sus propósitos? Hay cinco formas: darle buen ejemplo, acompañarlo en el proceso, estimularlo verbalmente, evitar las recompensas materiales y reconocerle el éxito en el cumplimiento de sus metas. En este ejercicio de expresar propósitos se debe alimentar la auto eficacia de los hijos, es decir, su capacidad de lograr lo que se proponen a partir de sus habilidades..

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