La nueva novena

Bertilda Samper (el verdadero nombre de la monjita) fue hija de dos notables expositores de la buena lengua del siglo XIX, don José María Samper y doña Soledad Acosta. Con esa mayúscula herencia verbal, la religiosa de La Enseñanza se aplicó a retocar la primera versión de la ‘Novena de Aguinaldos’ que había redactado Fray Fernando de Jesús Larrea, en el siglo XVIII. El resultado debió ser primoroso aun en los años tempranos del siglo XX, cuando se podían deglutir sin rubor construcciones gramaticales como sopas de letras y sobre el ‘vosotros’ (vos y otros) no había caído la igualada guillotina del ‘ustedes’.

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diciembre 23 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-12-23

Samper, el seglar, ha aclarado varias veces que no tiene nada contra la ‘Novena de Aguinaldos’, porque entre otras cosas, constituye la oportunidad para que millones de colombianos ‘mecateen la única ración de versos del año’. Pero que liturgias verbales como la citada están llenas de palabras arcaicas y melcochas teológicas. El heredero sanguíneo y literario de la monja pidió, a cambio, "revisar la novena de aguinaldos, despojarla de todas sus vacuidades cultistas y darle un contenido a tono con el nuevo cristianismo". Pues bien, con esa o sin esa intención, la Alcaldía Mayor de Bogotá, la Unicef y el programa ‘Bogotá Sin Indiferencia’ les han propuesto a los bogotanos una nueva forma de rezar la ‘Novena de Aguinaldos’. Para ver si logramos que en estos primeros años del siglo XXI la mayor parte de las personas que la enuncian desde el 16 de diciembre dejen de repetirla como loros, entiendan de qué se trata, encadenen el recuerdo maravilloso del nacimiento del Niño Dios a la realidad de las niñas y los niños de su ciudad y no tropiecen con las zancadillas de la madre María Ignacia, que en forma de amasteis, disteis, merecisteis, preparéis y dispongáis hacen caer a los lectores más baquianos, y que seguramente no comprendían sino los integrantes de su círculo familiar y decimonónico. ¿Cómo queda la nueva Novena? Todos los días, de acuerdo al códice de la Madre María Ignacia, la letanía debía abrirse así: “Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro hijo la mejor prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio”. La nueva Novena simplifica y sintetiza el milagro en estas palabras: “Benignísimo Dios, que tanto nos amas y que nos diste en tu hijo la mejor prueba de tu amor, queremos darte gracias en nombre de todas las personas por haberlo hecho un ser humano como nosotros y por la esperanza y el ejemplo que nos ha dado”. La versión de Lucho no se mete con los llamados ‘Gozos para todos los días’, aunque los bautiza ‘Aspiraciones para la llegada del Niño Jesús’. Oraciones como la de San José, que tiene el ‘putativo’ ese atravesado con saña, son resumidas y dirigidas al público que nos interesa, aunque parezcan redactadas por el ICBF: “¡Oh, Santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús, damos gracias a Dios por haberte escogido y darte la sabiduría para cuidar y amar a Jesús y a todos los niños y las niñas como si fueran tus hijos”. Cada día se establece un propósito para que el asunto no quede en cabeza de nadie: “Una comunidad con un sueño” (día primero), “Un niño o una niña va a llegar” (día segundo), “Ser papá y ser mamᔠ(día sexto), etc. En cuanto a villancicos, no se alteran ni el tutainatuturueso ni el antónpirulero, lo cual es opcional pues algo más moderno se hubiera podido sacar de ‘Rock al Parque’ y adaptar alguna descarga de la banda del Doctor Krápula. La curia no ha dicho nada. Pero si se canceló la licencia de funcionamiento del Limbo antes que la de los clubes sociales de Bogotá, ¿por qué no puede cambiarse la Novena de Aguinaldos? Y vosotros, que tenéis la potestad, ¿qué pensáis? Carlos Gustavo Alvarez G. Periodista

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