Ojo con el ‘tsunami ’

Como acaba de suceder en la tragedia natural que hace poco asoló al Perú, después de un gran terremoto vienen las réplicas y además existe la posibilidad de que, si fue en el océano, se produzca un tsunami con mayor potencial destructor en las costas afectadas. La analogía es arriesgada, pero se puede pensar que también en las crisis financieras ocurre lo mismo.

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agosto 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-08-31

Es bien conocido que el sacudón ocurrido en los mercados fue explicado por la crisis de los créditos hipotecarios denominados ‘sub-prime’ que afectó a fondos de inversión y bancos internacionales de primera línea que habían invertido en estos activos de alto riesgo. Es sabido, además, que el movimiento telúrico repercutió sobre las bolsas de valores de todo el mundo, incluyendo las latinoamericanas. También se sabe que el edificio del sistema financiero internacional cuenta con una fuerte estructura sismo resistente que impidió su colapso, a pesar de la intensidad del fenómeno: se trata de los bancos centrales, en particular el europeo (el BCE) y el estadounidense (la FED), que inyectaron enormes cantidades de dinero al mercado para evitar la iliquidez de las entidades afectadas. Así, el BCE emitió más de 200.000 millones a euros y la FED casi 150.000 millones de dólares, con lo cual, lograron detener la crisis. Pero las réplicas se dieron y continúan dándose. Una de ellas, la que más impacto tiene sobre países emergentes como Colombia, es la disminución de los flujos de capital internacional, pues ante el temor de la crisis, los capitales especulativos buscan refugio en los activos que consideran de menor riesgo, como los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. La consecuencia ha sido la devaluación de la mayoría de las monedas respecto del dólar, fenómeno en el que el país se llevó la medalla de oro, pues el peso es la moneda del mundo que más se ha devaluado en los últimos dos meses. Sin duda es la reversión del proceso de revaluación reciente que también había sido más acentuado en Colombia que en el resto del planeta. Ahora bien, ¿Hay riesgo de tsunami? Sin ser alarmistas, ni querer provocar evacuaciones innecesarias, hay que estar atentos a la posibilidad de repercusiones del sacudón inicial, que se sentirían en el sector real de la economía. Eso pasaría con el impacto de la crisis hipotecaria sobre el consumo de los hogares norteamericanos, y por esta vía, sobre el crecimiento mundial. El mecanismo de transmisión de lo financiero a lo real es directo: con la crisis del mercado de hipotecas se genera una reducción de la construcción de nuevas viviendas y una caída del precio de las existentes. Lo primero tiene un impacto sobre el aumento del desempleo y la pérdida de ingresos de los trabajadores que quedan cesantes, quienes deben reducir sus gastos y, cuando se trata de inmigrantes, las remesas que envían a sus familias al sur del Río Grande. El impacto del efecto precio es indirecto, pero más grande: en los años anteriores el acelerado crecimiento del consumo de los hogares en E.U. se financió con créditos hipotecarios que se ampliaban a medida que se elevaba el precio de las viviendas. Al caer los precios, disminuye la capacidad de endeudamiento de los hogares, y por lo tanto, su consumo, razón por la cual muchos analistas esperan una desaceleración y los más pesimistas pronostican una recesión. Las consecuencias para Colombia serían graves. Ya hoy están disminuyendo las exportaciones a los Estados Unidos por razón de la revaluación, de manera que si, además, se reduce la demanda en ese país, se va a incrementar el déficit en la cuenta corriente, con el agravante que ahora están escasos los capitales internacionales dispuestos a financiarlo, y el país se vería abocado a una crisis de balanza de pagos. Como el tsunami después del terremoto, es posible que no ocurra, pero es mejor estar preparados. El terremoto financiero de hace unas semanas ha sido seguido de fuertes réplicas que pueden afectar al sector real, con consecuencias claras para Colombia”.

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