Las palabras y las cosas

Este es el título de uno de los libros clásicos del filósofo francés Michael Foucault. Allí se muestra la importancia que tiene la denominación dada a las cosas, como mecanismo de construcción de realidades sociales. Traigo a colación el libro por la sorpresa que me ha causado la denominación que intenta dar el Gobierno a la futura venta de una parte de la propiedad de Ecopetrol.

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julio 31 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-07-31

Aclaro que la medida me parece conveniente y necesaria, pero no entiendo porqué se denomina ‘capitalización’ a una operación que intenta transferir parte de la propiedad de una empresa pública a un particular. La argucia puede estar intentando ocultar algo inocultable: una parte de Ecopetrol va a ser privatizada. Claro, se había prometido que la petrolera estatal no sería vendida, pero no es la primera promesa incumplida, ni será la única: ¿se acuerdan de la lucha contra la politiquería y el clientelismo, de la promesa de no nombrar, en adelante, más familiares de parlamentarios en el servicio exterior, de impedir que los servicios públicos de los más pobres aumentaran por encima de la inflación? Lamentablemente la práctica de este Gobierno de cambiar la denominación de las cosas, para que parezcan algo más bonito o conveniente de lo que realmente son, no es nueva. En esta columna ya hemos tratado el caso de contabilizaciones ‘agresivas’, utilizando el término acuñado para explicar la forma como Enron manejaba sus libros contables antes de la quiebra. Los 17 millones de colombianos que supuestamente viajaban por las carreteras en los puentes festivos, la combinación alegre de turistas con visitantes extranjeros, el cambio oscuro y aún no explicado de la metodología para medir la pobreza, la desmovilización de un gran número de paramilitares que curiosamente no tenían armas. La ejecución de un plan de carreteras denominado 2.500, que incluye vías por 3.542 km., el oscuro deseo de contabilizar la asignación de subsidios de vivienda como si hubieran sido construcciones efectivas, cuando se sabe que una buena parte de ellos nunca fueron utilizados. En materia de cuentas fiscales, las confusiones no paran. El Contralor General de la República y el Ministro de Hacienda mantienen una discusión sobre si el 2005 terminó en déficit o superávit fiscal. Incluso, la contabilización de algunos gastos ‘sociales’, es motivo de controversia. Todo esto genera una realidad que en su confusión pierde coherencia. Por ejemplo, se propone una reforma tributaria ‘neutra’ porque no se necesitan más recursos fiscales, pero en los documentos Confis se reconoce que el Gobierno central continuará siendo deficitario de forma permanente y que en el 2008 el sector público total también lo será. No es sólo lamentable, sino extremadamente preocupante, la generalización de un comportamiento que con giros semánticos, realiza de forma errada la medición de nuestra realidad. En medio de los problemas que aquejan a nuestro país, el gobierno debe ser más cuidadoso y transparente, tanto en la forma de presentar sus logros, que los tiene, como en la explicación de sus futuras acciones. Con el gran nivel de injusticia que persiste en Colombia es grave, muy grave, para llamar las cosas por su nombre, que el Gobierno se haya acostumbrado a manipular los datos y los conceptos impunemente. En materia de cuentas fiscales, las confusiones no paran”.

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