Las pataletas de los niños y la autoridad de los padres

Por miedo a las pataletas de su hija, Paola optó por ser condescendiente con ciertos caprichos de la pequeña, quien tenía la costumbre de pasarse a la cama de sus padres todas las noches. Paola, cuando intentaba regresarla a su habitación, debía soportar el llanto y los gritos de Juliana. Era tal su manipulación, que dos o tres horas después de acostarla en su cama, la niña se despertaba gritando y decía que no podía dormir sola.

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agosto 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-08-30

Diariamente se repetía la misma historia hasta que un día una vecina, quien ignoraba lo que acontecía en el hogar de la niña, denunció ante Bienestar Familiar el supuesto maltrato de la menor. “Cuando llegó la funcionaria, le dije que yo no la golpeaba y que si le encontraba algún morado, se la podía llevar. Luego, la mujer le preguntó a mi hija qué había pasado y Juliana le dijo que yo no hacía lo que ella quería”, comenta Paola. “A veces siento que no puedo más y tengo miedo de decirle algo por temor a que haga una nueva pataleta y me llamen de Bienestar Familiar”, agrega. Muchos padres sienten que pierden el control cuando sus hijos lloran, gritan, insultan o se tiran al piso cada vez que no se les complacen sus caprichos. Esta conducta, conocida como pataleta, es normal en el desarrollo infantil. “Las pataletas son más evidentes a partir del año y medio o dos años de edad y durante el preescolar; sin embargo, pueden mantenerse después de este tiempo. Los niños recurren a ellas como una manera de obtener lo que quieren”, afirma la siquiatra infantil y del adolescente Diana Botero Franco. Son un recurso para llamar la atención y al que recurren cuando no ven otra forma para que el adulto atienda sus necesidades físicas o emocionales. Pero cuando estas se presentan de forma repetitiva (varias veces al día), prolongada (cada episodio dura bastante tiempo) y con un componente de agresividad y explosividad en el cual el niño se hace daño a sí mismo, es conveniente consultar con un profesional. “La personalidad del niño -hay unos más impulsivos e irritables que otros- el ambiente familiar y las pautas de crianza inconsistentes influyen en que una pataleta empeore y sea difícil de manejar”, indica la siquiatra. Por ejemplo, si en casa ambos padres se contradicen en sus decisiones respecto a los intereses, necesidades y deseos del niño, este no sabrá con certeza qué se espera de él y acude a la pataleta para lograr su propósito, pues los padres terminan cediendo a sus caprichos. Se estima que de cada 10 consultas con el especialista, 5 o 6 son por ‘trastorno oposicional desafiante’, término médico para denominar las pataletas. ¿Qué hacer ante las pataletas? Lo primero es observar de dónde vienen y qué tipo de frustración, rabia, tristeza o cansancio tiene el pequeño, afirma la sicóloga Paula Bernal, especialista en desarrollo infantil. Una vez se identifique -dice- los padres deben verbalizar lo que el niño siente, darle un espacio para manifestar la rabia y estar disponibles emocionalmente cuando se haya calmado. Por ejemplo: “veo que estás molesto porque te dije que no puedes rayar las paredes. Voy a dejarte un rato para que te calmes y cuando ya lo estés, hablamos”. “Una de las cosas que se les enseña a los padres es a ser claros en las normas; si dicen no, deben mantenerse en la decisión”, explica la siquiatra Diana Botero. MOTIVACIÓN REFORZAR. Los padres deben indicarles a los infantes formas adecuadas de expresión.Cuando el pequeño se calme, es conveniente expresarle que su conducta es inadecuada, pero sin ofenderlo o desvalorizarlo. Cuando se comporte bien es bueno felicitarlo, abrazarlo y decirle que lo quieren mucho. Los padres pueden llevar un registro diario en el cual, cada vez que el pequeño se comporte de manera adecuada, señalan ese día con una carita feliz o una estrella de manera que éstas, al sumarlas, acumulen puntos. Cuando llegue el momento, darle la opción de cambiarlos por algo material: tiempo extra en su actividad favorita, un helado o un regalo, entre otros.Prestarles atención solo hasta que se tranquilicen El llanto, los gritos, la furia y demás manifestaciones de una pataleta pueden descontrolar a cualquier padre, por eso hay que saberlas manejar. Si la pataleta se presenta en un lugar público, deben aislar al niño (ir al carro, al baño o devolverse para la casa) y llevarlo a un lugar donde tengan control de la situación y no se sientan intimidados por las personas que están a su alrededor. * Cuando estén en privado, no se le debe prestar atención y en el sitio donde el pequeño se encuentre no debe haber cosas que lo distraigan, para que realmente su permanencia allí sea una sanción. En ningún momento se le debe golpear, gritar o insultar. * Es clave hacer advertencias: “Si sigues comportándote así, nos vamos para la casa”. Si continúan el llanto y los gritos, cumplir con la advertencia. * Hay que hablarle con firmeza, de forma clara y concreta, y no dejarse conmover con lágrimas o expresiones como “tú no me quieres”. Si el niño intenta golpear a sus padres, es importante sostenerlo, evitar que los agreda y recalcarle que esta conducta no es permitida. * Cada vez que se presente la pataleta, se aconseja dejar solo al pequeño y prestarle atención cuando se tranquilice.WILABR

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