El Plan B del ministro Botero

En el campo económico las consecuencias más perjudiciales tienen que ver con la inversión. Si el país renuncia al TLC, implícitamente está renunciando a beneficiarse de flujos importantes de inversión extranjera y le estaría imponiendo una mayor carga al ahorro nacional para financiar el crecimiento, con lo cual se estará limitando el crecimiento potencial.

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octubre 31 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-10-31

Muchas firmas extranjeras provenientes de China, Brasil, Europa y Norteamérica, que han descubierto a Colombia recientemente gracias a las posibilidades del TLC sobre todo, y por la mayor tranquilidad que ha traído consigo la política de seguridad interna de la presente administración, abandonarían los proyectos de inversión que tienen preparados y están esperando que el TLC se materialice. Estos inversionistas se irían a Perú, si ese país firma el tratado solo, en caso de que Colombia no lo haga, para Centro América o para el Caribe. No debemos olvidar que los países de Centro América, en su conjunto, compiten con Colombia nariz a nariz, y que tienen ventajas que nosotros no tenemos: están más cerca de los Estados Unidos por el Atlántico y el Pacífico. No tienen guerrilla y, sobre todo, no tienen ‘paras’. Algunos de ellos tienen mejores sistemas de educación y una mayor escolaridad que Colombia (es claramente el caso de Costa Rica). Las clases empresariales de algunos de estos países le sacan a las de Colombia, por lo menos una cabeza. El Grupo Suramericana, que es el buque insignia del empresariado nacional, ya está en Centro América, y si no hay TLC seguramente va a ser más provechoso, hasta para ellos, seguir expandiéndose en esos países que en Colombia, porque van a crecer mucho más y porque desde ellos tendrán acceso privilegiado a los mercados de Norteamérica. El otro sector que sufriría si el TLC no se vuelve realidad sería el de las exportaciones. Las exportaciones colombianas deben crecer mucho más que el Producto Interno Bruto en los años venideros si se van a alcanzar las metas de desarrollo económico y social que el Gobierno se ha impuesto para el 2019, y desde una perspectiva de estructura económica tienen que pasar a representar 35 o 40 por ciento del PIB para esa fecha. Eso no se va a alcanzar sin el acceso al mercado de Norteamérica. Vendiéndole principalmente a Venezuela y a los demás vecinos solamente vamos a lograr tasas muy modestas de crecimiento de las exportaciones, como hasta ahora. Necesitamos acceso a los grandes mercados de Norteamérica y de Europa para alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Renunciar al TLC es renunciar a ellas y quedar dependiendo de vecinos. Esto último tiene implicaciones de geopolítica y de política internacional. El gobierno de Venezuela está amenazando a Colombia que si prosigue con el TLC habrá consecuencias. Dicen que nos van a cerrar mercados y a imponer mayores trabas para exportar a ese país. Si no firmamos el TLC esas trabas serán aún mayores porque nos habremos puesto en manos del coronel Chávez. Por otra parte, sacrificaríamos el juego en política internacional que provendría de incrementar la inversión de chinos, brasileños, coreanos y europeos que buscan acceso a Norteamérica desde aquí.Con o sin TLC vamos a seguir viendo las mismas telebobelas, hoy plenas de sexo y violencia, continuaremos consumiendo azúcar y arroz caros; vamos a seguir pagando excesivamente por los quesos y la leche sin que ello beneficie a los ganaderos; no vamos a dejar de comer carne de tercera. Pero al resto del país sí le va a costar muy caro este Plan B que, como dice Juanes, nos va a a saber a "miér…coles por la tarde". Rudolf Hommes R.Ex ministro de Hacienda

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