No más politiquería

En las últimas semanas se ha alborotado el forcejeo por los puestos claves del ejecutivo y el legislativo. Ninguno de los líderes políticos del uribismo habla de tema distinto a la repartición de ministerios, cargos directivos en el parlamento, organismos de control, entidades descentralizadas y embajadas. Están en el orden del día las movidas maquiavélicas, las frases con doble sentido, las tacadas a varias bandas, las traiciones y las alianzas sorpresivas, la lagartería y el lobby. Pero nada de Política con p mayúscula -el arte de dirigir los destinos de una nación.

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junio 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-30

Ya es hora de dejar atrás las vanidades y los egoísmos personales, para comenzar a pensar y a actuar en grande en la solución de los graves problemas nacionales. La agenda económica está llena de temas trascendentales -reforma tributaria estructural, régimen de transferencias, modificaciones al modelo pensional, estatuto de contratación pública -entre otros. En materia social la prioridad es la reforma al sistema de salud, cambio urgente e importante que naufragó en la pasada legislatura. Hay que tener mucho cuidado para evitar que la agenda legislativa sea desplazada por la nueva discusión política sobre la conveniencia de instaurar en Colombia un régimen parlamentario. Porque esto implicaría que, como sucedió en el último año, la agenda social y económica pasara al congelador para darle vía libre a las aspiraciones de perpetuación en el poder al uribismo. Cosa que sería buena para los seguidores del primer mandatario, pero que perjudicaría la adecuada y oportuna atención de las necesidades básicas insatisfechas de los millones de colombianos que viven sumidos en la pobreza y en la indigencia. La oposición tiene que cumplir en estos momentos un papel destacado en las grandes discusiones nacionales. Puede hacer debates que obliguen al uribismo a concentrar su atención en las ideas y en las ejecutorias en vez de seguir absorto en la repartición burocrática y en la política al menudeo. Es el momento ideal para que las fuerzas de oposición organicen sus planteamientos y enciendan polémicas constructivas. En cuanto a la administración Uribe, es indispensable que a la mayor brevedad concrete su plan de gobierno para los próximos cuatro años. Porque lo cierto es que en la campaña de reelección del Presidente no se presentaron con claridad y profundidad propuestas trascendentales para incrementar el bienestar nacional. Uribe ganó las elecciones, justificadamente, por la confianza que despierta en la mayoría de los colombianos, que en las elecciones pasadas le extendieron un cheque en blanco. Pero nadie sabe a ciencia cierta, ni siquiera los más altos funcionarios del gobierno, qué es lo que se va a hacer en el próximo cuatrienio. Es obvio que habrá un poco -o mucho- más de lo mismo, pero no se conoce qué ajustes habrá (es el caso de la política social, el gran lunar del primer período de Uribe), ni se sabe que novedades se presentarán (por ejemplo en cuestiones de seguridad democrática, en donde hay necesidad de cambios porque la actual política y estrategia parecen estar agotándose). Así pues, no más politiquería, que los líderes nacionales -de todas las tendencias- ejerzan con responsabilidad sus obligaciones. "Ya es hora de dejar atrás las vanidades personales y los egoísmos, para darle paso a la discusión inteligente y con altura de las soluciones a los problemas nacionales”.

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