Polo dejaría de comprar en Colombia

Varias reuniones realizadas en los últimos días en Medellín, con la participación de confeccionistas que exportan a Estados Unidos, han confirmado el grado de alarma en que se encuentra el sector.(VER GRAFICO)

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junio 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-29

El motivo no es de poca monta: ayer una empresa de Estados Unidos que compra a confeccionistas colombianos, planteó la necesidad de definir garantías para que a partir del primero de enero del 2007, cuando termine la vigencia de las preferencias arancelarias otorgadas a través de la Ley Atpdea, no haya modificación en los precios. Se trata de Polo, uno de los principales compradores de prendas E.U., que en estos momentos está definiendo los pedidos en Colombia para la temporada de primavera, que comienza en enero y termina en marzo del 2007. Pero no es la única. También se supo que GAP, otra de las grandes marcas de ropa de Estados Unidos, estaría evaluando con su proveedor en Colombia qué opciones tendría si a partir del primero de enero de 2007 no hay preferencias arancelarias y no hay Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Las reuniones de los confeccionistas han permitido establecer que son varias las empresas que están anunciando que podrían buscar proveedores en Centroamérica ante la incertidumbre que existe por la vigencia de las preferencias arancelarias para Colombia. El presidente de Industrias El Cid, Guillermo Valencia, confirmó que existe mucha preocupación entre los empresarios antioqueños que venden a E.U. “porque varios compradores dicen que si para el 31 de diciembre del 2006 se han terminado las preferencias y no tenemos vigente un TLC, ellos no podrían seguir comprando en Colombia por el costo adicional que representaría el pago del arancel”. Hace unos días, la Cámara Textil-Confección de la Andi señaló que el costo de quedarse un semestre sin preferencias arancelarias para E.U. le podría representar a los empresarios colombianos unos 50 millones de dólares. Valencia explicó que una reciente visita a Estados Unidos, para analizar la situación, le permitió confirmar que existe entre los compradores la convicción de que el producto colombiano es muy bueno, de alta calidad y muy apreciado. Pero en el momento en que tengan que escoger entre compañías Centroamericanas, con las que existe un acuerdo comercial que implica el no pago de aranceles, y las de otros países que no cuentan con estas exenciones, la elección es obvia. Los aranceles para vender productos de la confección en Estados Unidos son en promedio del 17 por ciento, un sobreprecio que no están dispuestos a pagar los importadores norteamericanos y que eventualmente no podrían asumir los productores colombianos. El presidente de Analdex, Javier Díaz Molina, señaló que al sector le preocupa “que se generalice esta situación” ante las demoras que registra el cierre definitivo de la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Díaz hizo un llamado al Gobierno para que se acelere el proceso de cierre de los textos, que todavía están pendientes de una negociación en cuatro productos: carne, arroz, azúcar y trozos de pollo. Para el presidente de Analdex, la prioridad en estos momentos es lograr que el Congreso de Estados Unidos apruebe una ley que prorrogue los beneficios arancelarios para Colombia hasta el momento en que entre en vigencia el tratado comercial. Sin embargo, reconoció que este tema está ‘en el congelador’ mientras no se destraben las negociaciones de cierre con Colombia. Aunque ya hace dos semanas un congresista estadounidense, el representante a la Cámara por Nueva York Charles Rangel, radicó un proyecto para prorrogar las preferencias arancelarias, esta iniciativa no ha sido considerada hasta el momento. Los funcionarios de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, Ustr por sus siglas en inglés, han dicho a los abogados y representantes de confeccionistas colombianos en Estados Unidos que es poco probable que se estudie una prórroga para las preferencias arancelarias de Colombia sin que esté listo el TLC. Otra opción que tendrían los exportadores colombianos -pero que consideran menos atractiva- sería la definición de la retroactividad para los productos que se benefician actualmente del Atpdea. Esto implicaría que despacharían sus productos y pagarían los aranceles a partir del primero de enero del 2007, los cuales serían devueltos una vez entre en vigencia el TLC. Estos temas han puesto una nueva presión a los negociadores colombianos, que han estimado que esta semana o a más tardar la próxima, podrían estar definiendo los asuntos pendientes del cierre. El Gobierno ha dicho que los puntos que todavía no se han podido definir, cerrarán cuando estén totalmente listos y dejen satisfechas a las partes (ver nota anexa). La demora en el cierre del TLC de Colombia coincide precisamente con el período de cierre de pedidos para la temporada de primavera, que realizan hasta mediados de julio las principales compañías de confecciones de Estados Unidos. Un empresario antioqueño, que prefirió omitir su nombre, señaló que el tiempo se agota para los confeccionistas colombianos, pues en este preciso momento se realiza el proceso de costeo y definición de precios para el primer trimestre del 2007. “Desde hace varias semanas les venimos diciendo a nuestros clientes en Estados Unidos que ahora sí se cierra el TLC, que espere la siguiente semana, sin que nada se haya concretado”, afirmó. A esto se suma el hecho de que empresarios de México y algunos países de Centroamérica que ya tienen en vigencia el TLC con Estados Unidos han comenzado a presentar sus propuestas a las grandes importadoras de ropa que actualmente compran en Colombia. “Ellos tienen información muy precisa de las demoras en la aprobación del TLC de Colombia y están aprovechando esa circunstancia para quitarnos los clientes”, sostuvo el empresario. GOBIERNO NO DEBE ATAJAR LA DEVALUACION Como señales equivocadas calificó el presidente de Analdex, Javier Díaz Molina, los anuncios hechos en los últimos días por el gobierno para ‘atajar’ la devaluación del peso que se registra desde marzo pasado. Para el dirigente gremial, en estos momentos la tasa de cambio sigue estando en niveles inferiores a los alcanzados en marzo del 2003, cuando alcanzó los 2.900 pesos, lo que implica que todavía hay espacio para un ajuste. Díaz Molina habló ayer durante un seminario de Analdex sobre coberturas cambiarias y dijo que el sector exportador espera que al cierre del 2006 el dólar se ubique en 2.700 pesos. Sostuvo que acciones del gobierno para evitar el aumento en la tasa de cambio sólo generarían más dificultades para la economía y dejaría al sector exportador en un escenario muy negativo, luego de dos años de soportar un agudo proceso de revaluación de la moneda. 50 millones de dólares les costaría a los confeccionistas colombianos el pago de los aranceles de sus productos para ingresar a E.U. durante un semestre si no se renueva Atpdea. Carne es el tema más espinoso para cerrar el TLC En un verdadero ‘sándwich’ se encuentran en estos momentos los negociadores colombianos del TLC con Estados Unidos. Por un lado, están recibiendo las presiones de los confeccionistas y productores industriales, que buscan que el Gobierno “tome decisiones” y cierre de una vez por todas la negociación. Pero por el otro lado están los productores del agro, que en varias ocasiones han dicho que han tenido que pagar ‘los platos rotos de la negociación’ y quieren resistir hasta el último momento lo que consideran los ‘embates’ de los negociadores de Estados Unidos que quieren seguir obteniendo beneficios en el tratado, aún después de haberse cerrado oficialmente el 27 de febrero. Por eso, mientras los industriales presionan al Gobierno para un cierre rápido, sectores del arroz, azúcar, carne y pollo presionan porque el cierre no se dé ‘a toda costa’ sino cuando resulte benéfico para todos. En lo que casi todos coinciden es en el hecho de que Estados Unidos tiene en estos momentos tres productos ‘rehenes’ para lograr unas concesiones por parte de Colombia que irían aún más allá de lo que las reglamentaciones de organismos internacionales de sanidad recomiendan. El tema de la carne, sin estar en el texto de la negociación, se ha convertido en el más espinoso pues los negociadores de Estados Unidos insisten en lograr que Colombia acceda a la importación de carne de bovinos con edades superiores a los 30 meses. De acuerdo con la Organización Internacional de Epizootias, una de las recomendaciones para evitar la propagación de la enfermedad de las ‘vacas locas’ es que la carne que se exporte provenga de animales con edad inferior a los 30 meses. A pesar de que los técnicos colombianos han argumentado técnicamente esta exigencia, los negociadores estadounidenses buscan sentar un precedente que les abra los mercados internacionales mucho más grandes en países como Corea y Japón, entre otros. "El gobierno colombiano insiste en que el cierre se dará cuando las partes se sientan satisfechas con lo negociado y no antes”.

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