El predicamento de Bush

La historia puede ser más benigna con los presidentes que los periodistas y los votantes. Igual que Truman Johnson y Richard Nixon antes que él, George Bush ha visto sus porcentajes de aprobación disminuir bajo el peso de una guerra impopular. Pero los dos presidentes anteriores lucen mejor hoy, de lo que fueron mientras estaban en el poder. ¿Será posible que, algún día, lo mismo de relativa favorabilidad, le ocurra al señor Bush? El veredicto de la historia dependerá de los primeros seis años de su presidencia, pero también en los últimos dos años, lo que indique el desempeño será crucial. Hay por tanto expectativa que en las 100 últimas semanas de su presidencia, él pueda subir en las encuestas, especialmente en los temas de política doméstica.

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marzo 30 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-03-30

La educación es el área en donde se puede progresar más rápidamente. Uno de los éxitos de Bush fue la expedición de la ley que “no deja ningún niño atrasado”, que requiere que las escuelas deben hacerles ‘examen’ más frecuentemente a los alumnos y publicar los resultados. Esta ley ha ayudado a mejorar la alfabetización básica, pero trabajaría mejor si fuera más rigurosa. Un galardón pero más difícil de lograr es el tema de la inmigración, que comprende más seguridad en la frontera, un programa de ‘trabajador-invitado’ y un camino a la nacionalización para los 12 millones de inmigrantes ilegales que están ya en Estados Unidos, es un tema muy sensible y humano. Los demócratas casi estaban de acuerdo con los republicanos, pero el plan falló por la oposición de los republicanos en la Cámara Baja, quienes ahora han perdido la mayoría en este órgano. Si Bush le hace buena fuerza y logra que sus copartidarios accedan a por lo menos conseguir un 50 por ciento de ellos, la ley pasaría aprobada. En cuanto al tema de medio ambiente, el señor Bush ha querido ponerle límites a las emisiones de carbón, pero las voces de la industria prevalecieron. O sea, el presidente ahora acepta que los humanos están contribuyendo a hacer más caliente la atmósfera. Todos los aspirantes presidenciales, republicanos y demócratas, favorecen alguna manera de ponerle límites a las emisiones de carbón (CO2). Asumiendo una ley sobre lo comentado arriba, de seguro los demócratas querrán aprobar una ley más fuerte, en cuyo caso el señor Bush encara una difícil escogencia: o la veta, o tiene que aceptar (ya como expresidente) una ley mucho más dura después de 2008. Y ¿qué decir de lo social? En Medicare, que es el programa de salud para los viejos, un serio progreso parece imposible: los partidos están muy alejados y el progreso parece intratable. Pero reformar el programa de seguros de la salud para extender el cubrimiento a más niños parece plausible. En cuanto a la seguridad social, que es el ‘tercer carril’ de la política norteamericana, todos saben que si se logra un compromiso, éste sería basado en alguna combinación de recortes de los beneficios (como lo prefiere Bush), y más altos ingresos (la solución demócrata), con tal vez los nuevos ingresos provenientes del aumento en la pensión y la obligación de ahorrar más (obligadamente). Ningún lado cede un milímetro, pero la intervención del pragmático Hank Paulson, quien de banquero pasó a secretario del Tesoro es un buen signo. Ingeniero químico "El veredicto de la historia dependerá de los primeros seis años de su presidencia”.

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