Los productos más lujosos del salón internacional de la alta relojería

La tradicional feria de Basilea, la más grande de su género, vio con pesar cómo las marcas del grupo

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enero 31 de 2011 - 10:38 p.m.
2011-01-31

Hace más de 20 años un reducido grupo de marcas de relojes finos decidió trasladar a la ciudad de Ginebra su exposición anual de novedades. La tradicional feria de Basilea, la más grande de su género en el mundo, vio con pesar cómo las marcas del grupo Richemont, lideradas por Cartier, montaban ‘rancho aparte’ para demostrar, primero, su independencia y fortaleza, pero también como señal de protesta por los elevados costos e incómodas instalaciones en Basilea.

Así, con moderado optimismo pero con mucha confianza, otras marcas independientes se le unieron y surgió el Sihh, el Salón Internacional de la Alta Relojería (Salon International de la Haute Horlogerie, sus siglas en Francés).
La semana pasada concluyo su 21ª edición, en la cual primaron el entusiasmo y el éxito. Atrás quedaron las dudas y escepticismo, pues hace dos años, se cambió la fecha del show para el mes de enero, apartándose aún más de Basilea, que siempre se lleva a cabo a comienzos de la primavera. El cambio se debió principalmente a razones de logística en Ginebra, ya que por las mismas fechas se llevaba a cabo otro importante evento en el Palexpo, el espectacular recinto ferial ubicado a pocos pasos del aeropuerto internacional de Genève. Así, con mucha crítica por ser enero un mes complicado para la mayoría de los visitantes, ya que se celebra el año nuevo chino, es temporada de alto tráfico en el Caribe y época de vacaciones en el resto del mundo, los organizadores una vez más se salieron con la suya. Inicialmente, en el 2009 la asistencia en medio del invierno fue precaria, pero ya el año pasado se observó más asistencia y este año se desbordaron todas las expectativas y el Sihh definitivamente despegó.

Es una feria exclusiva y ‘cerrada’, a la cual sólo se puede asistir por invitación especial previa y está claramente dirigida a la élite de la industria. Los compradores, joyeros y relojeros de altísimo nivel de todo el mundo, deben ser representantes de al menos una de las marcas que allí se presentan.

Cada invitado es recibido en el aeropuerto de Ginebra de manera personalizada y por una persona que habla su idioma de origen y es acompañado hasta una elegante limosina o un cómodo microbús Mercedes Benz que lo guiará hasta el hotel asignado.

Prácticamente toda la capacidad hotelera de alto nivel de la ciudad es tomada por el Sihh. Hoteles de cuatro estrellas o más son alquilados en su totalidad para los invitados que tienen derecho a, por lo menos, dos noches gratis, incluido el desayuno. Así, hoteles de la categoría del Four Seasons Hotel Des Bergues, el Hotel de la Paix, el D’Angleterre, el Beau-Rivage, el Kempinski y hasta el Mandarin Oriental Hotel du Rhône son destinados a los huéspedes del Salón.

Cada veinte minutos hay un servicio de microbus o de limosina para que transporte a los invitados hasta y desde el Palexpo y puedan cumplir con las citas que han sido cuidadosamente arregladas para que visiten los stands de sus marcas.

Este año, diecinueve casas de la alta relojería se hicieron presentes. Casi todas ellas fueron del Grupo Richemont, como Cartier, Vacheron Constantin, Piaget, Mont Blanc, Dunhill, IWC, Jaeger le Coultre, Baume & Mercier, Panerai, Ralph Laurent etc. y varias independientes como Audemars Piguet, Girard Perregaux, Parmigiani y Richard Mille lanzaron sus más recientes creaciones de alta gama.

Las instalaciones normalmente desapacibles y frías de un recinto ferial son convertidas cada año y por cuatro días en un palacio del lujo, para que los distinguidos participantes e invitados especiales se sientan como en su casa. Numerosos restaurantes y bares sirven desde temprano desayunos con Croissant frescos y jugo de naranja recién exprimido, champaña a ríos y cuidadosamente elaborados menús que incluyen platos como carpaccio de salmón, ensaladas, sushi, deliciosas sopas etc., que desde luego son acompañados de fabulosos vinos y todo tipo de lujos. Obviamente todo es gratis, abundante y de óptima calidad.

Las marcas que exhiben en el Sihh pagan una importante suma de dinero para que sus clientes e invitados disfruten al máximo de la visita. Una vez se acredita en la recepción a cada cliente, con fotografía e identificación personal, se atraviesa un sofisticado aparato de seguridad donde los visitantes, a manera de aeropuerto, son revisados para poder garantizar su seguridad y la de los multimillonarios valores expuestos por las marcas exhibidas.

Cada empresa tiene un stand en el que se exhiben en sus vitrinas exteriores, de manera uniforme pero muy elegante, todos los productos que se consideran de mayor apetencia para su selecto público. Interiormente cada marca decora su stand de manera especial y exclusiva. El lujo es evidente en los candelabros de cristal, en la escenografía, la madera o los finos tapetes persas con los que cada quien decide ambientar su espacio. Cada mercado tiene su mánager que atiende personalmente y con citas cronometradas a sus clientes. La puntualidad es esencial y la cordialidad y la elegancia son lo que impera.

Compradores de Colombia se hicieron presentes, como cada año, y se espera que las mejores joyerías del país presenten estas impresionantes maravillas relojeras en el transcurso de este año.

RICARDO KLING / Especial para PORTAFOLIO

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