Una propuesta poco razonada

Es Horacio Serpa un hombre políticamente hábil. En una de sus últimas entrevistas televisadas, don Horacio habla de la conveniencia de doblar el salario mínimo en los próximos cuatro años. No lo propone taxativamente… es demasiado listo para lanzar tan peregrina idea. Lo que hace es esgrimir una 'hipótesis', que en caso de tener aceptación le permitiría asumir paternidad inmediata, pero en caso de no llegar a cuajar, escurrirse silenciosamente.

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noviembre 30 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-11-30

La poco razonada 'hipótesis' de don Horacio de doblar el salario mínimo con la finalidad de que los trabajadores incrementen el consumo y de esta manera impulsar la economía, podría tener asidero en una economía totalmente cerrada -con un Emisor de bolsillo, en la cual el mandatario de turno pusiera a funcionar la maquinita de hacer billetes a su libre albedrío. En una economía abierta, con un Banco Central independiente, la 'hipótesis' de Serpa es un solemne disparate, porque aumentar el salario mínimo por encima de la inflación esperada, sin que haya un correspondiente aumento en productividad, sólo conduce a la inflación y al desempleo. Serpa, como buena parte de los sindicalistas y la totalidad de los populistas, no entiende que los salarios, a la postre, no los paga ni el empresario ni el Estado. Quien realmente los paga es el consumidor y el contribuyente. El empresario y el Estado no pasan de ser simples intermediarios. Cuando a una empresa se le impone un costo laboral que no puede pasar al consumidor, sencillamente tiene que cerrar. Y si al Estado le imponen salarios que no puede financiar con nuevos tributos, tiene que acudir a irresponsables emisiones que sólo conducen a procesos inflacionarios. El pretender que los asalariados van a revitalizar las ventas consumiendo productos nacionales en una economía abierta es un craso error. Lo que menos requiere el país, como lo afirma Javier Fernández Riva, es estimular la demanda agregada mediante aumento de los salarios. El problema no es falta de demanda, es competir con las importaciones y que los exportadores logren sobrevivir la aguda revaluación. Fuera de eso, Serpa utiliza cifras sin mayor análisis. Afirma que en Brasil el salario mínimo creció en términos reales un 27 por ciento entre 1994 y el 2000. Haciendo un simple ejercicio, lo que esto implica es que el crecimiento del salario en Brasil fue del 4 por ciento anual durante estos seis años. Lo que Serpa propone para Colombia de doblar el salario mínimo en cuatro años implica un crecimiento anual del 20 por ciento, o sea una cifra cinco veces superior a la del Brasil. ¿Algo tan poco razonado como descabellado, o no?

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