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Finanzas

Reflexiones sobre el empleo formal e informal

Alejandro Gaviria, recién nombrado decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, presentó en el foro sobre el empleo que llevó a cabo nuestro diario hace un par de semanas, unos análisis y unas recomendaciones que enriquecen la necesaria discusión que debe darse sobre este crucial asunto. (En nuestra página web -www.portafolio.com.co se pueden consultar la presentación de Gaviria y un documento preliminar complementario -“Evolución reciente del mercado laboral y alternativas de política”). Queremos destacar y comentar algunas de sus principales conclusiones:

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junio 01 de 2006 - 05:00 a. m.
2006-06-01

* Ha habido recientemente un acelerado proceso de crecimiento en el empleo juvenil (la tasa de ocupación de los jóvenes pasó de 67,5 por ciento en el 2003 a 76,3 por ciento en el 2004). * El porcentaje de cotizantes a salud es mayor que el de cotizantes a pensiones, pero ambos (indicadores del grado de formalización del mercado laboral) muestran una dinámica similar -estabilidad entre el 2001 y el 2003, y un aumento rápido y sostenido durante el período 2004-2005. * Los trabajadores calificados tienen una probabilidad hasta 35 puntos mayor de tener un empleo formal que los no calificados; preocupa que se siga ampliando la brecha entre trabajadores calificados y no calificados en materia de formalización. * Las cifras demuestran una disminución de dos puntos porcentuales en los niveles globales de subempleo entre el 2001 y el 2005. (Pero creció en términos relativos para los trabajadores jóvenes, y la brecha entre hombres y mujeres aumentó -en detrimento de ellas). Como bien lo resume el autor, “el análisis de las cifras permite concluir que en los últimos años se ha dado en el mercado laboral un crecimiento y algunos cambios positivos”. Sin embargo, dado que el desempleo sigue perjudicando a 2,4 millones de colombianos, y que todavía aproximadamente la mitad de los trabajadores del país son informales, hay que explorar nuevas fórmulas para que progrese el mercado laboral. Gaviria propone, entre otras, las siguientes medidas que nos parecen adecuadas después de haber analizado sus argumentos: regresar al esquema vigente antes de 1984, que contemplaba un salario mínimo más bajo en las zonas rurales que en las urbanas. Su justificación radica en los siguientes hechos: la tasa de cumplimiento real del salario mínimo en el campo es inferior a la de las ciudades, hay diferencias de productividad en las dos zonas, y en la rural el costo de vida es más bajo. Además, defiende el investigador la tesis de que los aumentos futuros del salario mínimo deberían ser moderados, que no superen el aumento de productividad más la inflación esperada. Su sustento, que no conocíamos, es sólido: el salario mínimo en Colombia es el segundo más alto de Latinoamérica, cuando se compara con el ingreso medio de todos los trabajadores del país, lo cual hace que la tasa de incumplimiento en su pago sea la segunda más alta de la región. Alzas superiores a las planteadas por el economista probablemente perjudicarían la creación de nuevos empleos formales, estimularían el incumplimiento del pago del mínimo en los formales actuales, y desmotivarían el tránsito hacia la observancia de la norma en los casos presentes de incumplimiento. Con respecto a los impuestos parafiscales (aportes de las nóminas a las cajas de compensación, al ICBF y al Sena), Gaviria propone -entre otras cosas- algo sensato: mejorar la focalización de los servicios de las cajas de compensación, mediante la disminución gradual de los límites para el subsidio familiar hasta alcanzar un salario mínimo, y además la obligación de extender más servicios a la población no afiliada -una decisión que mucho beneficiaría a los ciudadanos menos favorecidos. Por último, queremos destacar una buena sugerencia realista y práctica de Gaviria: para mejorar la bajísima cobertura en materia de pensiones (de apenas 10 por ciento), se debería facilitar la ampliación de la base de cotizantes permitiendo que los trabajadores informales coticen de acuerdo a sus posibilidades financieras. Ahora que se está discutiendo la agenda del segundo mandato de Uribe, vale la pena discutir éstas y otras ideas que aporten al mejoramiento del mercado laboral, una clara prioridad de los colombianos -especialmente de los más necesitados. " Vale la pena discutir nuevas fórmulas para mejorar las condiciones del mercado laboral”.

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