El regreso de Leonardo Da Vinci

Lo primero que vale la pena registrar es la creciente influencia de los avances tecnológicos en la evolución de las compañías. Como lo afirma la autora del artículo, Graciela González Biondo, “la tecnología, como facilitadora primero y activa protagonista después, hace tiempo que viene impulsando revolución tras revolución en las organizaciones, los mercados, las sociedades y las políticas de gobierno”. Sin embargo, en nuestro país la lenta, parcial y elitista asimilación de los progresos tecnológicos ha hecho que en general las firmas nacionales hayan perdido terreno frente a sus rivales del extranjero. Es decir, la tecnología, en vez de ser una herramienta para cerrar la brecha competitiva, ha sido factor de debilitamiento relativo. Son muy contadas las excepciones a esta falla.

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enero 04 de 2006 - 05:00 a. m.
2006-01-04

Destacamos del artículo la idea central de Daniel Pink, un periodista que habla del nacimiento de una nueva era -la conceptual. Según el autor de A whole new mind, hay una revolución del hemisferio derecho del cerebro. Dice Pink: “si hasta ahora los trabajadores del conocimiento fueron lógicos y precisos protagonistas de la era de la información, amantes de la alta tecnología y respetuosos de la tradición de las escuelas de negocios -convencidos de que la palabra éxito se deletreaba MBA- llegó el momento de llevar a un segundo plano la racionalidad pura y analítica, para concentrarse en el contexto y la expresión emocional”. En nuestro medio, por machismo y debilidad en la formación humanista, se subestima el poder de la inteligencia emocional y se exageran las virtudes del pensar y actuar como ingenieros tradicionales. En otro frente, el de la creación y gestión de marcas poderosas, estamos de acuerdo con la tesis de Kevin Roberts -presidente ejecutivo de la famosa agencia de publicidad Saatchi & Saatchi. En su libro Lovemarks, el gurú del mercadeo sostiene que el idealismo del amor es el nuevo realismo de los negocios, y que infundiendo respeto e inspirando amor, los negocios pueden mover el mundo. Para Roberts el gusto y la admiración por una marca no son suficientes, es indispensable ir más allá -lograr que las amen. Sobre este mismo tema de las marcas los suecos Kjell Norstrom y Jonas Ridderstarle argumentan que la clave está en diferenciarse. Sostienen que los consumidores se alejan de lo repetido, lo monótono, que no quieren una vida estandarizada y que hay que “dejarles de cantar melodías que ya todos saben”. En Colombia hay empresas que gerencian muy bien sus marcas (por ejemplo Alpina, Carvajal, Nacional de Chocolates), pero para la inmensa mayoría este asunto es irrelevante. Lo cual preocupa, porque en un mundo cada vez más globalizado las grandes marcas internacionales terminarán devorando a las marcas locales frágiles. Pero más allá de estas reflexiones específicas, nos parece importante resaltar la principal conclusión del repaso del “estado del arte” en materia de las innovaciones gerenciales de la docena de expertos reseñados en el escrito. En palabras de la autora de la investigación, hay una nueva era que es multidisciplinaria y más “suave” que “dura” , en la que el hombre recupera, después de tanta especialización, el valor del saber al estilo Leonardo Da Vinci, en el que las nuevas ideas se multiplican, se combinan, se comparten, se enriquecen con teorías provenientes de diversas ciencias (sicología, antropolgía, sociología, economía, ciencias políticas, biología, filosofía, física y nanotecnología), con aplicaciones cruzadas y mediante experimentos prácticos.Y que, como manifiesta Howard Gardner, la inteligencia es múltiple -intelectual, emocional, social y espiritual. “Hoy en día el campo de estudio de un experto en alta gerencia va más allá de las fronteras de las disciplinas tradicionales”.

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