La religión ecologista

La pasión ecológica pisa terrenos antes reservados a las creencias religiosas y al marxismo. A falta de textos sacros y Das Kapital, se aferra a verdades científicas con la misma confiada certitud. También adopta el lenguaje apocalíptico de los profetas y aprieta el mango de la Historia.

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diciembre 21 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-12-21

La isla de Bali acaba de ser escenario del aquelarre de los brujos del siglo XXI, que congregó en extraño ayuntamiento náufragos del anticapitalismo que no se resignan al fracaso colectivista y redentores de buena fe inmunes a la idea que el hombre sea una brizna en la inmensidad del universo. Los movilizó el informe del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) de la ONU y el mensaje mediático de inminente hecatombe. El hecho: la superficie de la Tierra se está calentando al parecer cada vez más rápidamente. La observación empírica lo corrobora. Ha ganado aproximadamente un grado centígrado durante la última centuria. La hipótesis (verdad ecológica): el calentamiento es consecuencia de la emisión de gas carbónico (CO2), un gas que, acumulado en la atmósfera terrestre, impide el escape del calor de radiación generado por el sol, produciendo el llamado efecto de invernadero. Conclusión: el hombre es responsable y en especial los países con acceso a energía abundante, pilar de mejor calidad de vida, que proviene de quemar combustibles fósiles y generar grandes cantidades de CO2. Hay que reducir su emisión a como dé lugar, sin que sea claro a quién corresponde pagar la cuenta y sobre todo, qué va a pasar con los pobres de este mundo sin más energía que la combustión de la leña o del excremento de bestias. Una minoría científica sostiene que las observaciones sobre las causas del calentamiento no son homogéneas. La superficie de la Tierra, por ejemplo, se enfrió entre 1940 y 1975, justamente cuando se iniciaba la mayor emisión de CO2. Arguye también que según el efecto de invernadero, la temperatura de los gases en el techo de la atmósfera debería ser superior a la de su superficie y ello no se está dando. Recuerda que en tiempo geológico ha habido grandes ciclos de enfriamiento y calentamiento, y en época más reciente se ha pasado de la Edad de Hielo al vergel que hallaron los vikingos en Groenlandia, la tierra verde. Empero, después de señalar que el vapor de agua condensado en nubes es un ingrediente más abundante que el CO2 y más determinante como techo de invernadero (en la Sabana de Bogotá su ausencia para retener el calor diurno durante el verano provoca heladas en las madrugadas) los argumentos se debilitan. Referencias a la mal comprendida actividad termonuclear en el disco solar, y a los campos electromagnéticos concomitantes como agentes de nubosidad, carecen de coherencia para explicaciones climáticas, quizá porque la meteorología es una ciencia joven de variables todavía ignotas. Armada de la opinión científica mayoritaria y segura de que el hombre es responsable de lo que sucede en el globo terráqueo, la estampida política decidió pasar a la acción. Se manifestó la peculiar arrogancia del género humano, que redescubrió hace tres siglos el imperio de la razón y hizo tránsito de minúsculo ingrediente en el casi invisible sistema solar a centro del universo. Soberbia heredada de la Ilustración, que adquirió título de certeza con los descubrimientos científicos de los siglos XIX y XX y alcanza para hacer, deshacer y, en particular, para predecir. A don Sancho Jimeno le hubiera parecido un exabrupto la laica religión ecológica, con sus sectarismos y sus herejes. En 1697, al encarar el asalto pirata contra Bocachica, lo sostenía la convicción de que sobre la tierra se hacía la voluntad del Altísimo. Ex ministro. Historiador Una minoría científica sostiene que las observaciones sobre las causas del calentamiento no son homogéneas”.EMIMEN

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