Retos educativos: preescolar, tecnológicos y la calidad

En lo corrido de la administración del presidente Álvaro Uribe se han logrado importantes aumentos en los niveles de cobertura en educación primaria, secundaria y superior.

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agosto 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-08-30

En las dos primeras ya nos aproximamos a una cobertura universal y en la superior se ha incrementado de 24,4 por ciento en el 2002 a 35,5 por ciento en el 2009. No obstante, los retos hacia el futuro aún son inmensos.

Hay un gran atraso en la educación preescolar y todavía mantenemos el esquema subóptimo de las madres comunitarias del Icbf (en el área educativa). Esto no desarrolla suficientemente la capacidad de aprendizaje de los niños y su posterior desempeño en el sistema escolar.

El 85 por ciento de la capacidad de aprendizaje de los niños se define en los dos primeros años de vida. De una parte, por la nutrición y la salud en la primera infancia, donde programas como los del Icbf, Familias en Acción y algunos locales, como 'Bogotá sin Hambre', son esquemas que impactan positivamente -en el término de una generación- la capacidad de la sociedad para desarrollarse de una forma intelectual y creativamente más ricas, en un marco de mayor equidad. Sin embargo, esto es insuficiente. El proceso de socialización y estímulos cognitivos que los niños deben recibir a edad temprana en un preescolar, en un mundo donde la mujer está crecientemente participando en el mercado laboral, se vuelve fundamental.

En la región tenemos un buen ejemplo. En Chile, como parte integral de la política anticíclica, están inaugurando doce preescolares semanales, con un ambicioso programa de construcción, adecuación y de asignación de planta de profesores. Con ello, el cuidado de los niños mejora, se hace más profesional, se motiva el niño hacia el aprendizaje y la creatividad y se facilita la plena participación de la mujer en el mercado laboral.

Otro desafío es el de la educación técnica y tecnológica, donde toda la carga ha recaído en cabeza del Sena, y donde el Ministerio de Educación en forma tímida ha promovido una oferta privada en esta área con muchas deficiencias en la calidad. Allí, las necesidades son inmensas y es una de las fórmulas para reducir el desempleo proveniente de la falta de pertinencia de la educación superior.

El Sena está haciendo una gran labor aumentando el número de cupos y la empleabilidad de sus graduados, pero no puede ni conviene que recaiga sobre esta entidad toda la responsabilidad. No obstante, la participación de los técnicos y tecnólogos en la educación superior tan solo asciende a 33,7 por ciento en el 2009, cuando, aun con un importante incremento desde el 2002, se ubicaba en 19,5 por ciento. En países desarrollados y emergentes esta última cifra no baja de 50 por ciento. Esto no significa que tenemos muchos universitarios, es que son muy pocos los técnicos y tecnólogos que estamos formando.

En Estados Unidos, el presidente Obama decidió dedicar muchos más recursos a los llamados community colleges, que son lo que aquí llamaríamos los institutos tecnológicos, con dos propósitos. De una parte, mantener el sistema educativo como el medio por excelencia para oportunidades a todos, y por ende, promover la movibilidad social. Por otra, facilitar la reconversión de la fuerza laboral de sectores en franco declive en ese país, como el automotriz, hacia otros sectores con énfasis en los servicios modernos.

Finalmente, el gran reto que enfrentan todos los países en el campo de la educación una vez logran adecuados niveles de cobertura es el de la calidad. Todos los países desarrollados han enfrentado el problema, algunos con mayor éxito, como Finlandia y los países asiáticos, y otros con un estruendoso fracaso, como Estados Unidos. Aquí el problema no es de dinero, sino de cómo se enfoca el gasto. El problema no es pasar de una buena a una excelente infraestructura o de tener más computadores por niño o menos estudiantes por profesor.

Lo anterior tiene que complementarse con la motivación y capacitación del profesorado y la evaluación permanente de cada alumno, a cada cierre anual, del avance en la adquisición de competencias. No son exámenes de conocimientos, sino de su aplicación a situaciones de la vida diaria de acuerdo con la edad de los estudiantes.

Naturalmente, los estudiantes de los buenos profesores son normalmente los que logran los mejores resultados en estas pruebas. Lo más difícil es atar la remuneración o las oportunidades laborales a estos resultados, pues los sindicatos de profesores se niegan a este tipo de evaluación. Aunque, donde se logra la aplicación del esquema, se facilita los refuerzos a los profesores y estudiantes para evitar que se reproduzca la falta de motivación o el rezago permanente de algunos estudiantes.

La educación debe ser el vehículo para nivelar el acceso a las oportunidades para todos los ciudadanos. Por eso, es angustiante que por mala calidad educativa de algunos colegios perpetúen las condiciones de pobreza de importantes segmentos de nuestra sociedad.

Pero más preocupante aún, es que la mala calidad de nuestro sistema educativo se convierta en el mayor inhibidor del desarrollo económico y social, mientras muchos otros países nos dejan atrás. El emprendimiento, la innovación y la productividad en un país van a estar estrechamente relacionados con la calidad del sistema educativo. Nuestros resultados en las pruebas Pisa nos muestran que esta debe ser una de las prioridades de cualquier nuevo gobierno en el 2010.

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