Ronda de la OMC se juega su futuro

Las negociaciones comerciales para liberalizar el comercio mundial y permitir el acceso de los países menos desarrollados a los grandes flujos tienen esta semana una verdadera prueba de fuego.

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junio 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-30

Los 149 países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), divididos y distantes, se enfrentan desde ayer a unas negociaciones cruciales para la Ronda de Doha, ya que deberán decidir las cifras y fórmulas para aplicar rebajas arancelarias a las importaciones de bienes agrícolas e industriales. Considerada como la reunión de la ‘última oportunidad’ para el futuro del comercio mundial y del mismo proceso de la Ronda de Doha, ha sido convocada por el director general de la OMC, Pascal Lamy, a fin de intentar sacar esas negociaciones del punto muerto. A Ginebra asisten más de 60 ministros de Comercio, que se reunirán hasta el domingo en la sede de la OMC, con el objetivo de fijar las fórmulas y cifras que les permitan calcular el nivel de rebajas arancelarias. Los países negocian, desde hace casi cinco años la Ronda del Desarrollo de Doha, que busca profundizar en la liberalización de los intercambios comerciales en agricultura, industria y servicios, y que los principales beneficiarios sean los países en desarrollo. Pero sus posiciones siguen distantes, según los mismos negociadores. El presidente del comité de Agricultura, el embajador neozelandés Crawford Falconer, dijo que haría falta un milagro, pero más que nada decisiones y compromisos políticos por parte de los países. Falconer y el presidente del comité negociador de acceso a mercado para bienes industriales (Nama), el embajador canadiense Don Stephenson, presentaron la semana pasada sus proyectos de modalidades, en los que persisten los elementos de desacuerdo, en especial el de agricultura, con un total de 760 decisiones abiertas, con lo que lograr consenso parece difícil. Si las intensivas negociaciones de esta semana fracasaran, también lo haría el mismo sistema multilateral, han señalado en varias ocasiones los diferentes actores. Hace unos días, el director general de la OMC, Pascal Lamy, recordó a todos los países que tienen por delante unas negociaciones que además de ser cruciales, son “una oportunidad, de esas que no se presentan más que una vez por generación, para corregir los desequilibrios en el comercio multilateral. Les pido que no la dejemos escapar”. Los países en desarrollo, liderados por el Grupo de los Veinte (G-20), que coordina Brasil, ponen toda su presión en obtener de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE) una mayor reducción de los subsidios internos a la agricultura y más acceso a sus mercados agrícolas, respectivamente. Washington y Bruselas, con el apoyo de los países más ricos e industrializados (G-10), que incluyen a Suiza y Japón, entre otros, piden más acceso a los mercados industriales de las economías emergentes, algo que éstas no están dispuestas sin lograr sus peticiones. La urgencia de cerrar las negociaciones, entre esta semana y fines de julio, cuando habrá otra maratón negociadora sobre servicios, se debe a que los países tienen que disponer del tiempo necesario para completar, antes de fin de año, el proceso de verificación técnica de miles de líneas arancelarias de cada uno de los sectores. Además, otro problema en el horizonte afecta a E.U., ya que la autorización ('fast track' o Autoridad de Promoción Comercial) que el Congreso da a la Casa Blanca para negociar acuerdos de comercio internacionales sin pronunciarse más que a favor o en contra, acaba en junio de 2007. Por otra parte, diferentes organizaciones no gubernamentales han dirigido duras críticas al proceso negociador, al considerar que excluyen de sus beneficios a la mayoría de la población del mundo. Un centenar de ONG se dirigieron esta semana a los 149 países de la OMC para pedirles que rechacen lo que ya anticipan como un mal acuerdo para las economías en desarrollo y que cambien el rumbo del proceso, por otro más abierto e incluyente.

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