Un sabor agridulce

La jornada electoral fue intensa, pero las sorpresas resultaron ser pocas. Así podrían resumirse los resultados de la votación de ayer, cuando más de 30 millones de colombianos fueron convocados a las urnas con el fin de escoger, tanto a sus respectivos alcaldes y gobernadores, como a los integrantes de concejos municipales y asambleas departamentales.

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octubre 31 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-10-31

En general, los favoritos triunfaron, si bien no siempre con el margen que anticipaban las encuestas. De tal manera, Gustavo Petro ganó en Bogotá, al igual que Aníbal Gaviria en Medellín, Rodrigo Guerrero en Cali y Elsa Noguera en Barranquilla. En lo que hace a gobernaciones, Álvaro Cruz salió victorioso en Cundinamarca, lo mismo que Sergio Fajardo en Antioquia y José Antonio Segebre en Atlántico. Falta, por supuesto, que finalicen los escrutinios con el fin de tener un panorama más completo sobre el realinderamiento de las principales fuerzas políticas, pero desde ahora es posible adelantar algunas conclusiones. Así, el Partido de la U fue quizás el principal damnificado, pues salió maltrecho no sólo en las capitales más grandes, sino en áreas en donde se creía que tenía un amplio dominio. Los resultados desfavorables golpean en particular al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien a pesar de acompañar a decenas de aspirantes y mantener altos índices de popularidad, volvió a comprobar que los votos no son endosables. Tampoco le fue bien al Polo Democrático, cuya supervivencia futura queda en entredicho tras la debacle que sufrió en Bogotá. En cambio, la izquierda conquista un nuevo espacio por cuenta del triunfo de los progresistas, que ahora impulsarán una agenda nacional, tal como lo afirmó Gustavo Petro en su discurso de victoria. Al mismo tiempo, colectividades como el liberalismo y Cambio Radical se pueden dar por bien servidas, no sólo por haber ganado terreno, sino porque ponen las bases para una eventual unión que podría incluir un retorno del presidente Juan Manuel Santos a las huestes de la bandera roja. Si bien es muy temprano para hacer cábalas con miras a las elecciones del 2014, el balance de ayer va a ser definitivo para entender que el panorama político en Colombia está cambiando en forma radical y que es posible que en el seno de la coalición cercana a la Casa de Nariño no sigan todos los que ahora la integran. Pero más allá de esas cábalas, ahora comienza una nueva etapa para los ganadores. Esta consiste en prepararse para asumir el mando con la llegada del nuevo año, no con la amplitud que tiene el que hace promesas para ser elegido, sino con las restricciones que enfrenta el gobernante. Lo anterior quiere decir que es indispensable entender los vericuetos de la contratación y el manejo presupuestal, con el fin de evitar baches en la gestión local o regional. En esta oportunidad, además, la transición coincide con una transformación clave, como es la entrada en vigor del nuevo régimen de regalías. Este no sólo amplía el abanico para incluir a la totalidad de los municipios y departamentos del país, sino que establece nuevos requisitos y categorías para la gestión de recursos, que van a ser muy superiores a los administrados en el pasado. La capacidad de impulsar proyectos más ambiciosos viene acompañada de la necesidad de contar con un manejo más profesional en alcaldías y gobernaciones. Lamentablemente, en este campo no hay mucho espacio para el optimismo. Una vez más, la campaña que acaba de terminar estuvo manchada por denuncias relacionadas con alianzas que generan más dudas que certezas. En particular, el fantasma de las bandas criminales y de los carteles de contratistas volvió a estar presente, lo cual hace pensar que los organismos de control tendrán que esforzarse para cerrarle los boquetes a la corrupción y castigar a los funcionarios venales. Los peligros no son los mismos en todas partes, pero todo indica que la transformación en las costumbres que los ciudadanos de bien desean tampoco tuvo lugar en esta oportunidad. Por tal motivo, los comicios dejan un sabor agridulce, así haya que mantener la esperanza de que esta vez los elegidos harán las cosas bien y trabajarán para que sus electores se vean beneficiados de una labor que, ante todo, debería ser profesional y honesta. Ricardo Ávila Pinto ricavi@portafolio.coHELGON

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