Sector agropecuario: a producir se dijo

Sector agropecuario: a producir se dijo

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junio 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-06-30

Los precios de los alimentos se dispararon en el mundo y no se ven en el horizonte cambios radicales frente a lo que hoy es una realidad.

Los expertos mundiales en el tema plantean que el único remedio real de largo plazo ante esta situación es el incremento en la producción agrícola. Y hacen un llamado a los países industrializados para que fortalezcan su apoyo a la investigación, innovación y extensión agrícola de manera que transformen la agricultura de las pequeñas parcelas.

Pero, además, solicitan a los jefes de Estado de los países en desarrollo, que empiecen a asignar partidas cercanas al 10 por ciento de sus presupuestos nacionales a la agricultura. Insisten, también, en que los alimentos caros son en realidad un problema de pobreza y por ello creen en la necesidad del apoyo a los campesinos pobres del mundo.

Afirman que no solo se logra un gran crecimiento del agro, sino que, más importante aún, se tiene un impacto mayor en la reducción de la pobreza. El llamado al fortalecimiento de la agricultura es el único resultado que se considera importante de la cumbre mundial de la FAO. Es decir, sobre esto no hay dudas en el mundo.

El otro componente importante de las recomendaciones de los expertos es el mejoramiento de las políticas dirigidas a los biocombustibles. Los gobiernos, afirma el Ifpri, deben revocar los subsidios a los biocombustibles y los requerimientos para que usen ciertos porcentajes de etanol en la gasolina.

Al mismo tiempo, existe la necesidad de apoyar el desarrollo de tecnologías bioenergéticas que no se basen en productos alimenticios. Estiman que medidas de esta naturaleza pueden reducir los precios mundiales del maíz en cerca del 20 por ciento y en consecuencia, también disminuir los del trigo en cerca del 10 por ciento.

Otro tema es el manejo del comercio de alimentos. De nuevo el Ifpri señala, que sus investigaciones demuestran que la eliminación de restricciones a las exportaciones estabilizaría las fluctuaciones en los precios de los granos, reduciría los niveles de precios en cerca del 30 por ciento y aumentaría la eficiencia de la producción agrícola. Y anuncia que el mundo insistirá en este tema.

Para no entrar en polémicas inútiles, este artículo se limitará a la primera recomendación de los expertos mundiales traducida en 'A producir se dijo'. Pero ¿qué tan fácil es hacerlo con la visión que predomina en el Ministerio de Agricultura y con las políticas actuales? Y más importante aún, ¿qué cambios radicales se requieren para lograr no solo reducir importaciones de alimentos caros, sino aumentar las exportaciones y abrir esta ventana de oportunidad tanto a grandes empresarios agrícolas como al campesinado pobre de Colombia?

Estos análisis son fundamentales porque la brecha rural-urbana, lejos de reducirse, ha aumentado durante los últimos años, lo cual muestra claramente que la bonanza económica benefició mucho más a las ciudades que al campo.

Además, los 21 millones de colombianos pobres, no merecen que se agudice más su deficiente alimentación. No se trata solo de Seguridad Alimentaria, sino de Soberanía Alimentaria, conceptos que dejaron de ser obsoletos para ubicarse en la primera línea de las agendas de los países ricos y pobres.

Es fundamental reconocer que Colombia sí figura entre los países que corren peligro frente a la crisis de alimentos. No estamos blindados, como afirma el Ministro, y esto lo dicen los expertos mundiales y no los opositores del Gobierno. En el continente el único ganador claro es Argentina, exportador neto de alimentos; le sigue Brasil, pero Centroamérica y el área Andina son perdedores moderados por su carácter de importadores de comida y por sus débiles políticas agrícolas.

En este Gobierno, según cifras oficiales, las importaciones de alimentos han aumentado en cantidad un 38 por ciento y en valor, prácticamente se han duplicado.

Además, el período de bonanza económica que ya empieza a mostrar desfallecimiento, no fue bueno para lo agrícola. Los datos son los datos y estos demuestran que se perdió una oportunidad de reactivar un sector que siempre ha sido una especie de 'cenicienta' de la política económica en Colombia. Frente a tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto de entre el 4 y el 7,6 por ciento (2003-2007), el sector agropecuario solo creció entre el 1,83 y el 3,18 por ciento.

A su vez, la política social que debería tener al sector rural como su gran prioridad, en muy pocas ocasiones se le ha dado la importancia que se merece.

Es lamentable que el Contrato Social Rural que se impulsó en 1996, y que recibió un gran apoyo de todo el Gobierno y de los campesinos que aún lo recuerdan, no se haya consolidado como política de Estado. Este desinterés por la calidad de vida del campesinado se demuestra fácilmente.

No cambia la triste realidad, más analfabetismo en el campo que en la ciudad, (17,5 por ciento vs. 7 por ciento), peor promedio educativo (4,6 años de escolaridad); inexistente seguridad social y mala salud. Peor aún, el comportamiento del mercado laboral del campo, que deja mucho que desear.

El Gobierno solo muestra el descenso en los niveles de desempleo, pero no cuenta que la participación laboral ha bajado dramáticamente, del 59,6 por ciento en el 2003 a 53,1 por ciento en el 2007; la ocupación se ha reducido del 52,3 por ciento en el 2003 al 48,6 por ciento en el 2008, y el subempleo, el verdadero problema del trabajo rural, aumenta del 34,1 por ciento al 35,6 por ciento en el mismo período (Dane).

Pero sin duda la peor crisis humanitaria del campo con serias repercusiones en la producción agrícola es el desplazamiento que no cesa y tampoco se resuelve.

El promedio de desplazados en el período 2001-2007 se aproxima a las 289.000 personas por año, según datos oficiales, y se estima que el costo puede ser, en términos de producción agropecuaria, cercano a tres puntos del PIB del sector.

¿Sí podremos responder?

Difícil reactivar y acelerar la producción nacional de alimentos en las circunstancias actuales.

Se requerirían cambios radicales en las tendencias de variables clave, así como un viraje en las políticas para el sector, y no se ve al Gobierno ni siquiera reconociendo el reto.

Primero, lo que ha venido creciendo son los cultivos permanentes, y los transitorios, que son los alimentos, reducen el área sembrada.

La participación de los transitorios en el total de siembras ha disminuido del 39,2 por ciento en 2004 hasta un 35,2 por ciento en 2007, mientras que la participación de los permanentes ha aumentado en el mismo período: 60,8 por ciento en 2004 hasta 64,8 por ciento en 2007. Peor aún, en los permanentes solo caen alimentos como yuca, azúcar de consumo y panela. Los datos de inflación corroboran la situación de la oferta alimentaria.

Pero hay más problemas de fondo. No hay mercado de tierras; las buenas están en manos de testaferros de narcos y 'paras', para quienes los precios no son un estímulo, porque la tierra es poder.

Poco interés ha demostrado este Gobierno en quitárselas, y como no facilita que los pobres tengan acceso a este factor de producción, tampoco hay tierras para el campesinado que perdió casi 4 millones de hectáreas.

El crédito se ha concentrado en grandes productores que no son los que producen los alimentos. Pero lo más serio es la consecuencia de la errada política de subsidios, que en vez de dirigirse a aumentar productividad ha congelado y pospuesto la necesaria transformación productiva.

Una nueva política agropecuaria debe incluir tierra, investigación y extensión agrícola dirigida a apoyar a los pequeños productores, como lo recomiendan los expertos mundiales.

Nada de esto está sucediendo y además el crédito y los subsidios del Estado van en contravía de esta recomendación. Se suma a este panorama una débil institucionalidad y una falta de conciencia sobre la crisis alimentaria.

Una nueva política agropecuaria exige casi replantear lo que se ha hecho hasta el momento.

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