La seducción del cine colombiano

Un sábado, hace un mes, cuando estrenaron Satanás, Gabriel y Mariana -muy a las 4 de la tarde- llamaron a reservar cuatro boletas en su teatro preferido, preocupados de que, con tanta publicidad y comentarios favorables, se llenara pronto, les tocara hacer fila y corrieran el riesgo de no encontrar buenos asientos. Cuando llegaron a la sala de cine se sorprendieron: no había gente. “¿No que es tan tesa la película, por qué no habrá gente?”, comentó ella extrañada. Sin embargo, el teatro se llenó rápidamente sin necesidad de tumultos. La mayoría de los asistentes había hecho lo mismo: asegurarse de tener las entradas con tiempo.(VER CUADRO)

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junio 30 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-06-30

Sí, los colombianos están viendo cine colombiano. Y las cifras lo demuestran: Bluff (de Felipe Martínez) y Satanás (de Andy Baiz), que se estrenaron este año, llevan una asistencia de 495 mil y 350 mil espectadores respectivamente. Las dos últimas en llegar a las pantallas el año pasado, Dios los junta y ellos se separan (Harold Trompetero) y Cartas al gordo (Dago García), lograron sentar en los teatros a 250 mil y a 450 mil personas respectivamente. La lista sigue, muchas de ellas con cifras similares y una que otra sorpresa como que los avatares que sufren Víctor Mallarino, Catalina Aristizábal y el argentino Federico Larusso en Bluff doblaron en taquilla a El vengador fantasma, protagonizada por Nicholas Cage. Algo parecido lograron el año pasado los soldados que se encontraron la guaca de dólares en las selvas colombianas en Soñar no cuesta nada (Rodrigo Triana) con 1’198.000 asistentes frente a los secretos revelados por el Código Da Vinci. Y ya lo había logrado Rosario Tijeras (cooproducción de Brasil, México, España, Francia y Colombia), en el 2005, que tuvo un total de 1’053.030 espectadores por encima incluso del niño mago de gafas redondas, Harry Potter y el cáliz de fuego, 586.600 espectadores. Aunque estas producciones no han superado a El taxista millonario y La estrategia del Caracol, que se robaron la atención de un millón y medio de espectadores, sí han sobrepasado la asistencia a los teatros de decenas de películas nacionales, que se mueven desde los 1.000 espectadores para arriba.De hecho, las cifras del sector señalan que de los 20,2 millones de espectadores del 2006, 2,8 millones fueron cautivados por las producciones nacionale s, un millón más que en el 2005.EL ‘BOOM’ DEL CINE Estas películas taquilleras, además hacen parte de una tanda de estrenos que antes no se veía. Porque no es frecuente ver que en un mismo año se estrenen seis u ocho largometrajes de manofactura colombiana y eso es lo que está pasando.Según registros que maneja la Dirección de Cinematografía, ese ha sido el promedio en los tres últimos años y se confirmará en este. Solo en el 2001 se presentaron cifras similares al llegar a siete estrenos y en 1998 a seis. Por lo demás, se veían un par al año.¿Qué pasó? ¿Por qué este auge? Hay varios factores.Según el productor de Satanás, Rodrigo Guerrero, “el colombiano siempre va a escoger el producto nacional sobre el extranjero si tiene con qué competir. Se ha visto en la televisión por ejemplo. El prime time está copado con novelas nacionales, que desplazaron a los enlatados gringos. En música también estamos oyendo a nuestros artistas y también estamos leyendo a nuestros escritores. Así está pasando con el cine. Estamos haciendo cosas buenas y entretenidas y el público las recibe bien”.También hay que darle crédito, y mucho, pero no todo, a la Ley de Cine y el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que se creó con ella, porque definitivamente han impulsado la industria (ver nota anexa).MEJOR HECHASOtro punto que ha ayudado a que los espectadores no le huyan a una producción nacional, sino que por el contrario la vean y salgan a recomendarla, es que la calidad técnica de su producción ha mejorado. “Ya se entiende lo que dice, el sonido ha mejorado”, es uno de los comentarios más frecuentes en estas últimas producciones.David Melo, de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura; el director y productor de cine Dago García, y el productor Roberto Guerrero coinciden en afirmar que se ha mejorado su factura gracias a la industria de la televisión y la publicidad. “Estas son fuertes y han alimentado al cine con buenos equipos de producción, buenos técnicos y buenos actores que ya son reconocidos internacionalmente por las telenovelas”, dice Guerrero.Hoy día también es más fácil acceder a nuevos aparatos y técnicas, que incluso no necesariamente son más costosas.Y al mismo tiempo, el personal se ha capacitado mejor. “Cuando crece el volumen de producción como ha sucedido recientemente, crece necesariamente la cualificación de las personas que trabajan en el medio. Los sonidistas y los fotógrafos, por ejemplo, trabajan constantemente en publicidad o televisión y eso se termina reflejando en el cine”, comenta Dago García.Los expertos también afirman que el hecho de que los jóvenes se están formando en escuelas, incluso en el exterior, igualmente ayuda a que al tiempo que aprenden la teoría, también adquieran experiencia por los trabajos que les toca realizar.“La universidad permite experimentar; en las coproducciones hay intercambio con personas de México, Francia, Italia , España que tienen una larga trayectoria y ahí se aprende mucho ”, agrega Melo.Esos jóvenes están llegando a refrescar la industria. 8 películas nacionales, en promedio, se están estrenando cada año desde el 2004. Antes eran dos. Hay talento empresarial y temáticas diversasEl panorama del cine nacional se ve vibrante, productivo y lleno de entusiasmo, lo que se ha traducido en películas que seducen al público y se vuelven éxitos en taquilla. Que la combinación resulte exitosa se debe a que una película se está asumiendo con una visión empresarial. Sin perder el romanticismo e idealismo del arte, los nuevos talentos llegan con una mentalidad pragmática: el cine es un negocio, una empresa, y hay que manejarlo con criterios gerenciales. De ahí que más que donantes y filántropos se buscan inversionistas. “Los jóvenes no tienen pudor no sienten culpa por hacer un negocio”, dice Dago García. Por eso, a la par que se piensa en la producción, se establecen criterios de mercadeo y promoción que también han ayudado a seducir al desconfiado público nacional frente a las producciones nacionales. Así el talento y la creatividad se están uniendo a equipos empresariales. OTROS TEMAS El ‘enamoramiento’ del público con el cine nacional también ha estado alimentado por una variedad en las temáticas. En el mercado ya se ofrece de todo: cine negro, de terror, de corte realista, la comedia popular, etc. “La mejor señal de la buena salud del cine es la diversidad que tenemos, a diferencia de periodos anteriores que era monotemático”, dice García. Para Rodrigo Guerrero, los nuevos directores y productores han aprendido que el cine es entretenimiento y no una bandera política. Invertir en cine puede resultar muy rentable Son cinco socios: dos cineastas, dos financieros y un mercadotecnista. Ellos conforman Dynamo, una empresa que cree que el cine es un buen negocio si se mira como un fondo de inversión de capital de riesgo. Así concibieron la forma de financiar la película Satanás, que costó entre uno y dos millones de dólares, una de las producciones nacionales más costosas, que gracias al Fondo de Desarrollo Cinematrográfico tenía un 40 por ciento para arrancar pero debía buscar el 60 por ciento restante. “Hicimos un modelo financiero con rentabilidades que dependían de diferentes escenarios: si a la película le iba muy bien, bien, promedio, mal y fracaso total, pero fijo tenían el 43 por ciento de retorno efectivo anual, gracias al monto que nos otorgó el Fondo”, cuenta Andrés Calderón, uno de los financistas de Dymano. Con el maletín bajo el brazo y una lista de candidatos que cumplían dos requisitos: tener plata (obvio) y sensibilidad por el arte. “De diez puertas que tocas, se abre una”, comenta. Y consiguieron 17 personas que invirtieron en el proyecto. La inversión mínima eran 50.000 dólares, “pero muchos metían hasta dos y tres veces más”. Quienes creyeron en la propuesta, recibieron en diciembre pasado su certificado de descuento tributario por 43 por ciento, por su inversión como capital de riesgo (gracias a la Ley de cine), que finalmente les quedó en 57 por ciento con la taquilla, según explica Calderón. Lo que sigue, las ventas internacionales, son solo utilidades. “El negocio es riesgoso pero cuando hay calidad, es muy bueno, y tiene que tener calidad para ser competitivo internacionalmente. El punto de equilibrio se logra en Colombia, las utilidades, por fuera”, agrega Calderón. Por eso decidieron consolidar su empresa como un fondo de inversiones en un portafolio de películas, no en un único proyecto. De ahí que también tienen una productora. Como necesitan proyectos (guiones), también crearon una incubadora de ‘ideas’, Y como hay que vender para ganar, está la empresa de mercadeo. Con estos conceptos empresariales, varias empreas están haciendo el cine que vemos. Ley y fondo rendidores La Ley de cine y el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que creó, tienen mucho que ver con el auge de películas nacionales en cartelera. El Fondo se nutre con aportes de los actores del sector: los exhibidores, productores y distribuidores aportan un 8.5 por ciento de sus ingresos netos por la exhibición depelículas extranjeras, y un 5 por ciento por las nacionales. De ese dinero, se utiliza un 70 po rciento para producción y un 30 por ciento para formación, distribución, exhibicones académicas y hasta para investigación para desarrollar la industria. Para acceder a esos dineros hay que participar en las convocatorias que otorgan ‘estímulos por concurso’ y a los ‘estímulos automáticos’. Hasta el momento, el Fondo ha recaudado 21.420 millones de pesos desde su creación y la deducción tributaria a las inversiones privadas y donaciones que han permitido inversiones por un monto de 7.170 millones. En promedio, cada año el Fondo recibe 6.000 millones de pesos. Con ese dinero, en el 2004, se entregaron estímulos para 60 proyectos de producción. Cifras similares se han dado en los dos años siguientes, para un total de 185. En los casi cuatro años del Fondo, también se han entregado 77 estímulos automáticos. La Ley permite deducciones tributarias a aquellos que inviertan o donen dinero para las producciones.

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