Semana Santa en Tenerife, Magdalena

Dilmer Fandiño, lector de Cambio, escribe sobre esta población, su historia y la celebración de la Semana Mayor.

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marzo 31 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-03-31

Uno de los destinos que los colombianos no incluyen en su abanico de posibilidades durante la celebración católica de la semana santa es Tenerife, Magdalena, bien sea porque no conocen si quiera que existe o no tiene publicidad ni regional ni nacional.

Sin embargo, cada año llegan más personas de diferentes lugares tan distantes como Venezuela, Estados Unidos y Europa, atraídos por lo narrado por familiares o amigos y buses de Barranquilla, Cartagena, Valledupar y Bogotá. 

He tenido la gran oportunidad de apreciar las Semanas Santas de Popayán, Mompox, Santa Fe de Antioquia y Sevilla (España) y me atrevería a decir sin temor a equivocarme que en Colombia es una de las mejores rivalizando con Mompox. 

En la Semana Santa de Sevilla (España) hay procesiones las 24 horas al día los siete días con andas recubiertas de oro al mejor estilo rococó y con filarmónicas de talla mundial, donde se degusta ese sincretismo entre lo árabe, judío, gitano, ibérico y romano que las hacen sin lugar a dudas apoteósicas y despampanantes, pero demasiado solemnes y excesivamente ornamentadas, que a veces pareciera como una feria de lujo donde la gente aplaude y no la representación de la pasión y muerte de Jesús. 

Por el contrario, en el humilde pueblo de Tenerife la tradición se conserva intacta desde la época de su fundación por parte del capitán Enríquez (1543). Tenerife es una de las primeras poblaciones fundadas en el Nuevo Reino de Granada, en el sitio donde existía un poblado de nativos Chimila, con el cacique Tapegua a la cabeza. El rey de España le concedió el título de Villa de San Sebastián de Tenerife debido a su importancia durante el periodo colonial cuando el comercio de ultramar entre la metrópoli y los virreinatos de las indias se desarrollaba eminentemente por el río Magdalena y los puertos ribereños como Tenerife se constituyeron en piezas claves para la colonización europea. 

En su mayor periodo de auge conocido como la floresta, hubo conventos, molinos y acopio de maíz y fábricas de ladrillos, de tabaco y de hielo. En esta población Simón Bolívar libró la primera batalla en contra de los colonizadores españoles (los realistas) con ayuda de Hermógenes Maza y también vivió y murió una de las amantes de Simón Bolívar, la francesa Anne Lenoit, cuyos restos reposan en el cementerio del pueblo de arquitectura andaluza. Las únicas edificaciones coloniales que aun están en pie son el cementerio y el templo católico de estilo andaluz mudéjar, el cual es monumento nacional y se encuentra edificado en la cima de una colina desde donde se divisa el majestuoso río Magdalena y los Montes de María, y donde San Luis Beltrán quien fue párroco de Tenerife solía flagelarse. También existen ruinas de un túnel y de los cimientos de la Casa del Perdón, donde los colonizadores españoles les concedían indulto, perdón y olvido a los que se aferraban a sus vigas, argollas y cadenas durante la Inquisición. En el museo casa de la cultura se conservan algunos artículos de interés precolombinos y coloniales. Las coronas, custodias y demás artículos religiosos de oro y piedras preciosas prácticamente han sido saqueadas y desaparecidas, así como también pinturas y tallas en madera de artistas famosos del barroco. 

Lo que hace especialmente sui generis a las semanas santas de Tenerife es que se puede apreciar el mestizaje entre lo Chimila y español donde no hay filarmónicas sino bandas de pueblo con el sonido de bombos, platillos y clarinetes, las procesiones son marchadas siguiendo el ritmo de la música, lo que le da un cariz emotivo especial, incluso pareciera que estuviera uno asistiendo en realidad al entierro de una persona.

El sepulcro que representa el santo entierro con un cristo moreno tallado en madera es una impresionante joya del barroco colonial pesa dos toneladas y es el más grande sepulcro que he visto hasta ahora en Colombia. La procesión del viernes santo sale a las 7 de la noche y entra a las 7 de la mañana del día siguiente. Durante esta semana se respira un olor a incienso y no suenan campanas sino matracas. Los lugareños realizan representaciones teatrales de la pasión y crucifixión de Jesús. Debido a las cruentas y sangrientas batallas que libraron los criollos y nativos en contra de los colonizadores españoles, así como también la Guerra de los Mil Días, el pueblo fue incendiado y reducido a escombros. 

Con el auge constructor del cemento a mediados del siglo veinte, los pocos vestigios de las ruinas de construcciones coloniales fueron arrasados por los pobladores.  Otro paisaje cautivador es la ciénaga de Tapegua. Para llegar a Tenerife se debe llegar a Plato (Magdalena). 

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