Simplificar, ampliar y reducir

Tiene razón el presidente Uribe cuando afirma que hay que conjugar tres verbos en lo que tiene que ver con la estructura tributaria colombiana. Hay que simplificar el régimen -hoy en día es una confusa colcha de retazos, hay que ampliar el número de contribuyentes -la cobertura del IVA es de las más bajas de América Latina, y hay que reducir la tarifa del impuesto de renta -la nacional es una de las más altas del mundo, perjudicando notoriamente la competitividad de nuestra economía.

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noviembre 30 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-11-30

Lo ideal sería hacer esas tres cruciales tareas en una sola gestión -en la llamada reforma estructural. Pero el Gobierno ha decidido adelantar una de sus partes, la rebaja de impuesto de renta. Es indispensable entonces que no demore ni haga a medias las otras dos. En cuanto a la reducción del impuesto de renta, hemos siempre apoyado esa iniciativa porque la carga tributaria nominal para las empresas en Colombia es indudablemente excesiva. Pero respaldamos esa intención de estimular el desarrollo empresarial nacional -que además ayuda a formalizar la economía al reducir el incentivo a la evasión, siempre y cuando se taponen las venas rotas de las abundantes exenciones y deducciones que están desangrando al fisco nacional. El proyecto oficial justifica en parte esta disminución del imporrenta por la desaparición en el 2007 de la deducción del 30 por ciento de ese gravamen para las empresas que inviertan en activos fijos. Esta es una contraprestación necesaria, pero no suficiente. En el futuro, el Gobierno debería ser muy drástico en la eliminación de muchas gabelas tributarias adicionales -originadas no solo en esta administración sino en anteriores. Porque está muy bien que los empresarios colombianos tengan un nivel de impuestos similar al que pagan sus rivales de otras naciones, pero no haría sentido económico ni social que por el camino de las exenciones y las deducciones terminen pagando tasas efectivas de tributación excesivamente bajas. La teoría indica que con tasas impositivas competitivas el recaudo podría aumentar, porque impuestos razonables estimulan la creación y el crecimiento de las empresas, por lo cual los ingresos tributarios del país tenderían a crecer con el paso del tiempo. Pero mientras la teoría se convierte en realidad, hay que tener mucho cuidado con que un menor recaudo tributario -por la baja del imporrenta- no agrave la ya delicada situación de las finanzas públicas. Por lo tanto, el Gobierno tiene que hacer un gran esfuerzo -ahora sí de verdad- de austeridad en el gasto y/o de lucha contra la evasión. De lo contrario, el déficit fiscal aumentaría su saldo en rojo, que tendría que ser cubierto por deuda interna o externa. Cosa que sería nociva para la salud de la macroeconomía porque en materia de endeudamiento en pesos y en dólares las cuentas públicas no resisten incremento alguno. Está ya en manos del Congreso de la República, con mensaje de urgencia, este proyecto tributario del Gobierno. Pero a pesar de que se origina en la administración Uribe, no debería evaluarse como una prioridad política de su gestión, sino como un paso indispensable para mejorar la probabilidad de ritmos superiores de crecimiento de la economía. Dinámica que debe acelerarse para poder sacar de la pobreza y de la miseria a la mitad de los colombianos que hoy reciben el equivalente a menos de dos dólares diarios de ingreso. Por lo tanto, esta iniciativa no debe verse como una medida a favor de ricos empresarios sino como un mecanismo de generación futura de tributos para el fisco, dineros con los que se podrá pagar la abultada deuda social de Colombia. "Un menor impuesto de renta sería un estímulo para la creación y el desarrollo acelerado de las empresas, lo cual aportará recursos al fisco para pagar la deuda social".

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