Síntomas de debilidad

A pesar de las múltiples diferencias y de las controversias que surgen a diario entre los voceros de los diferentes partidos políticos sobre una amplia gama de temas, hay algo en lo que todos dan la impresión de estar de acuerdo. Se trata de la convicción, lo mismo a la izquierda, que al centro y que a la derecha, de que deben afrontar las elecciones regionales y locales de octubre, con base en alianzas y coaliciones.

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enero 31 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-01-31

Las declaraciones del jefe del liberalismo, el ex candidato presidencial Rafael Pardo, en ese sentido, aunque despertaron algunas críticas, no difieren de expresiones de otros líderes partidistas que apuntan en la misma dirección. Un buen ejemplo es la postura del ex presidente Álvaro Uribe, quien ha dejado en claro, lo mismo en público que en privado, que el nombre que más le gusta como aspirante a la Alcaldía de Bogotá, es el del ex alcalde Enrique Peñalosa. Y Uribe lo ha hecho a sabiendas de que Peñalosa hace parte del Partido Verde, muy alejado de las posturas del ex mandatario, y de que este ha anunciado que va a someterse a una consulta interna de esa colectividad para convertirse, si tiene suerte, en su candidato oficial. Los ejemplos de alianzas y coaliciones abundan. En Antioquia, liberales y verdes buscan apoyarse mutuamente, respaldando al ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, del Partido Verde, para la Gobernación, y al ex gobernador de Antioquia, el liberal Aníbal Gaviria, para la Alcaldía. En Barranquilla, casi todos los grupos, así como amplios sectores cívicos y de opinión, apoyan el nombre de Elsa Noguera, con la idea de que le dé continuidad a la obra del actual mandatario, Alejandro Char. En el Valle, Santander, Nariño, y otras ciudades y departamentos, ocurren casos similares. Y eso no está mal. Las alianzas y las coaliciones hacen parte de la política y, además, si se trata de buscar amplios respaldos para buenos nombres, nada hay que cuestionarle a esas prácticas. Sin embargo, vale la pena plantearse algunas preguntas sobre lo que esa conducta, que todos aceptan y practican, significa como síntoma sobre la debilidad de los partidos. En la mayoría de las democracias del mundo, las coaliciones o alianzas surgen más bien por vía de excepción, y en pocos países se convierten en regla. En Colombia, al menos en lo que tiene que ver con las elecciones regionales y locales, no hay duda de que se han convertido en una costumbre. Impresiona que ni el Partido de la U, el de mayor representación en el Congreso, ni los que le siguen en ese ranking, como son el conservatismo, el liberalismo, Cambio Radical o el Polo Democrático, estén en capacidad de presentar un candidato exclusivo de sus entrañas para las principales alcaldías o gobernaciones. Ni siquiera los verdes, fenómeno político de las elecciones presidenciales del año pasado y empeñados en diferenciarse, parecen en capacidad de actuar solos, y aunque en el caso de Bogotá, para poner el ejemplo más evidente, buscarán un aspirante por vía de consulta popular, han dicho que no descartan coaliciones e incluso, como ha trascendido, han tratado de incluir a aspirantes como Gina Parody, quien hasta ahora no ha militado en esa colectividad. La cuestión es que, con esa debilidad de los partidos políticos, la búsqueda de alianzas o coaliciones no surge entonces como resultado del hallazgo de propósitos comunes ni de coincidencias programáticas. Es más bien consecuencia de necesidades electorales, donde los cálculos de votación se priorizan sobre las ideas y las definiciones en materia de propuestas a los electores. No es claro qué piensa La U sobre la crisis de Bogotá, ni lo que plantea el liberalismo, ni el programa de Cambio Radical o el conservatismo para la capital. Y semejante situación es la misma en casi todo el resto del país. Eso no es bueno, pero, al menos en lo que se refiere a las próximas elecciones, no tiene solución. Aún así, sería útil que los partidos reflexionaran sobre el significado de esa situación para que, ojalá, un día cada bandera pueda presentar sus propios candidatos y diferenciarse de las demás colectividades por sus programas. Por ahora, los votantes tendrán que conformarse, escoger los mejores nombres y esperar que, en materia de programas, una vez elegidos los ganadores, hagan lo mejor puedan. "Cuando empieza a calentarse el ambiente con miras a las elec- ciones de octubre, llama la atención la búsqueda de alianzas políticas que no salen de propósitos comunes ni de coincidencias programáticas”.ADRVEG

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