Sobra petróleo, pero...

El petróleo sobra. Hay evidencia inequívoca del crecimiento de inventarios que en cualquier otro negocio provocaría una baja de precios. Más aún, la demanda, el pilar que sostiene precios crecientes, comienza a resentirse, en parte, como mandan los textos de economía, a causa de que se han doblado en dos años. Pero el valor del barril de crudo no disminuye, aumenta.

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abril 28 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-04-28

La demanda mundial media de petróleo se situará este año en 85 millones de barriles diarios. Un millón más que el año pasado. Crecerá el 1,2 por ciento, bien por debajo del crecimiento de la economía, que con una China todavía desbocada y E.U. mostrando solidez aumentará cerca del 4 por ciento. Este trimestre la producción de crudo excederá la demanda en un millón de barriles. Poco más o menos lo mismo que ha venido sucediendo en los últimos seis meses. Los inventarios en poder de los refinadores son los más altos del último cuatrienio. Igual puede decirse de la reserva estratégica de los países desarrollados que excede los 1.500 millones de barriles. Empero, la confianza en los suministros de mañana, y pasado mañana, sigue por el suelo y se refleja en los precios del Nymex, el transparente mercado de futuros de petróleo. La geopolítica es rey. Las externalidades, como dirían los economistas, no la oferta y la demanda, determinan el precio. En efecto, el percibido valor futuro del crudo arrastra los precios del físicamente transado hoy. En consecuencia, el petróleo de ahora, así haya inventarios de sobra, se vende al precio de mañana. Las explicaciones del fenómeno por las incertidumbres, los sobresaltos y las tensiones de un mundo convulsionado son conocidas. También se ha insistido correctamente que esos factores los exacerba la ausencia de capacidad excedente que sirva de colchón. La fortaleza del crecimiento económico de los últimos años, sumada a la baja inversión en la búsqueda de nuevos yacimientos, o la explotación de existentes, durante el colapso de los precios 1998-2000, se ha comido el margen de maniobra de la Opep y en particular de la Arabia Saudita. En caso de un sacudón catastrófico que interrumpa una fuente importante de suministro, no hay como substituirla. En los últimos tiempos, la capacidad sobrante ha vuelto a crecer. Se sitúa en un par de millones de barriles (más que todo sauditas) que siguen siendo un colchón insuficiente. Además, el mercado es conciente que al nivel de 85 millones de barriles diarios de consumo hay que pedalear mucho para remplazar la natural declinación anual de la producción. Es cierto que a 70 dólares por barril se busca mucho más crudo y resultan muchos más barriles económicamente explotables que a 35 dólares. Y también es verdad que se tienden a consumir menos barriles per cápita, pero el efecto combinado de ambos factores no ha traído tranquilidad. Sólo la aparición de un colchón de producción amplio y creciente lo hará. Hay quienes juegan a que ya el mundo se acostumbró a los 60 dólares por barril, y que quizá se familiarice fácilmente con los 100 dólares. Y ese elemento de especulación es lo nuevo en el mercado de petróleo, que si bien le ha aportado diafanidad, ha conjurado la aparición de barriles de papel. El Nymex tiene poco tiempo, pero ya es factor determinante del precio futuro del barril llevado en andas por una avalancha de especuladores que a duras penas saben que en su estado primario los hidrocarburos líquidos tienden a ser negros y espesos. Estimulada por plutonio enriquecido en Irán, furiosos refugiados de Biafra en Nigeria y los Chaveces y Al Quedas que en el mundo son, la liquidez del universo, enardecida por los bajos intereses, se ha volcado a apostarle a una futura escasez, quizá más imaginada que real. No es propiamente una delgada burbuja que se alimenta a sí misma, con el aporte de flujos de capital siempre en aumento. Esta tiene paredes gruesas, porque se sustenta en factores geopolíticos tangibles. La desinflaría una combinación de recesión e intereses altos. Ninguna de las dos cosas se vislumbra en el horizonte inmediato. Don Sancho Jimeno se resigna. Como estuvo conforme en 1697, cuando sabía que tratar de impedir el acceso de la armada pirata por la canal de Bocachica en nada iba a cambiar la suerte de Cartagena. El, sin embargo, se sacrificó hasta los límites del valor. Otras fuerzas malignas, sobre las cuales no tenía control, entregarían la plaza. Ex ministro. Historiador

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