Sorpresas y preguntas

A finales de la semana pasada, el Dane dio a conocer los resultados para la industria y el comercio durante el 2010. Aunque ya han pasado más de ocho semanas desde cuando el calendario cambió de año, vale la pena darle una mirada a los resultados en los cuales se encuentra más de una sorpresa y, al mismo tiempo, varios interrogantes. La razón es que pocos sectores determinan tanto la marcha de la economía –y sirven de termómetro– como los dos mencionados.

POR:
febrero 28 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-02-28

En tal sentido, las lecturas a primera vista son positivas. Ambas actividades registraron cifras en negro, después de un 2009 deficitario, en el cual se sintieron en el país los vientos huracanados que soplaron durante la crisis internacional. Esa tormenta quedó atrás, afortunadamente, pero la recuperación no fue igual en uno y otro ramo. De tal manera, el comercio experimentó un llamativo salto de 12,8 por ciento, con un desempeño particularmente notable en el último trimestre del año pasado. En comparación con el nivel correspondiente a diciembre del 2006, las ventas reales crecieron 33 por ciento, lo cual quiere decir que el sector está en el mejor momento de su historia. Esa evolución hace pensar que la demanda interna se ha fortalecido y que muy seguramente esté sucediendo en Colombia algo que también se ve en otros sitios de América Latina, en donde la clase media está expandiéndose. Buena parte de lo sucedido tuvo que ver con las ventas de vehículos que llegaron a un nuevo récord de unidades entregadas al subir 48 por ciento, pero si estas se excluyen, el incremento en las demás áreas fue de un respetable 8 por ciento. Eso quiere decir que también les fue bien a segmentos como el los equipos de informática, los electrodomésticos, la ferretería, el calzado y las prendas de vestir. En contraste, los farmacéuticos y los licores y cigarrillos registraron contracciones, algo que podría llevar a concluir que la población es más sana, aunque muy seguramente la explicación es más compleja. Debido a todo lo anterior, el empleo subió 2,1 por ciento, una proporción que es inferior a la de las ventas, pero que contrasta con la reducción del 2009. Además, es destacable que el personal permanente creció 7,9 por ciento, mientras que el temporal y el tercerizado disminuyó, lo que hace pensar en una mejora de la calidad del empleo y de las expectativas de los empresarios del comercio. Esa fotografía, lamentablemente, es mucho más opaca en lo que tiene que ver con la industria. A pesar de un avance del 4,7 por ciento en el año, las ventas apenas mejoraron 3,8 por ciento y el personal ocupado bajó 1,1 por ciento. Como si eso fuera poco, el aumento en la producción real desde el 2006 es apenas de 5 por ciento, y frente al máximo histórico del 2007 existe, de hecho, una reducción de casi 3 por ciento. Semejante desempeño es inquietante, pues muestra un avance muy lento del ramo manufacturero. Si a eso se le agrega que en el lapso anotado otros sectores como la minería tuvieron un muy buen desempeño, es fácil llegar a la conclusión de que la base productiva del país se está desplazando hacia actividades menos intensivas en mano de obra y en valor agregado. Parte de lo sucedido tiene que ver con la pérdida del mercado venezolano, que era un gran comprador de todo tipo de artículos. Así, mientras las ventas internas subieron 5,1 por ciento, las externas cayeron en 1,7 por ciento. A lo anterior hay que agregarle la competencia internacional que se nota en el alza de las exportaciones, sobre todo de bienes de consumo. Esa es una de las razones por la cual la tasa de cambio está dentro de los dolores de cabeza de los industriales quienes, por cierto, aplaudieron la decisión del Banco de la República de extender su programa de compra de divisas hasta junio. En consecuencia, el balance es agridulce. A pesar de que el regreso al crecimiento es muy bueno, los contrastes entre la suerte del comercio y la industria son malos, en una perspectiva de largo plazo. Dentro de los muchos desafíos que tiene Colombia hacia el futuro, uno es el de mantener una base productiva diversificada y eso sólo se consigue si todos ganan en tamaño y participación, algo que, por lo visto, no es el caso. "A pesar de que, según las cifras del 2010, el regreso al crecimiento sectorial es muy bueno, los contrastes entre la suerte del comercio y la industria son malos, en una perspectiva de largo plazo".ADRVEG

Siga bajando para encontrar más contenido