Sobre el TLC

Nunca dejará de sorprender la capacidad de ciertos abogados para cuantificar resultados que los economistas locales y extranjeros llevan años intentando confirmar. En un, por decir lo menos, discutible fallo, el Tribunal Administrativo dice que el Presidente debe abstenerse de firmar el TLC por ser “lesivo de los derechos colectivos”. Justifican tal decisión con cinco puntos entre los cuales están los temas relacionados con la importación de máquinas o partes remanufacturadas, así como la importación de bienes usados. Afirman, además, los magistrados que la medida busca proteger “los derechos de los productores y los consumidores”.

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febrero 28 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-02-28

Se puede estar a favor o en contra del TLC, por razones ideológicas o económicas, pero no puede ser que con una visión parcial de un problema global se pretenda negarle al país la posibilidad de acceder al mercado más grande del mundo. El éxito del TLC no va a radicar en lograr vender más mermelada, palmitos o aceite de palma a la Florida o California. El éxito del TLC está en el largo plazo. Un TLC otorga estabilidad jurídica creíble a las empresas norteamericanas (o de cualquier otra parte) que buscan localizar plantas en países de menores costos con el fin de vender sus productos en dicho mercado. Un TLC permitirá que empresas como Intel decidan invertir en Colombia y no en Costa Rica. En otras palabras, el TLC debe buscar atraer inversión extranjera, no para satisfacer el minúsculo mercado colombiano, sino para exportar nuevos bienes y servicios al dinámico mercado estadounidense. Es loable argumentar que el objetivo último del fallo sea proteger empresarios y consumidores. La realidad, según lo veo, es que el fallo protege sólo a los empresarios. Aún cuando afortunadamente algunos sectores empresariales del país se han dado cuenta de la importancia de afrontar la competencia, otros pretenden seguir escondidos detrás de ‘fallos’ para justificar sus altos costos y por ende sus altos precios. ¿Por qué pagamos acá más por celulares, electrodomésticos, repuestos de carros que en los Estados Unidos? La respuesta es simple, no hay competencia. En economía está demostrado que una de las principales virtudes de los acuerdos de libre comercio, más allá de fomentar la competencia, vía menores precios, es aumentar la variedad de productos. Esta misma literatura reconoce que ciertos bienes y/o servicios van a dejar de producirse, pero más importante aún, los consumidores en términos globales van a poder acceder a una mayor oferta de bienes y servicios. Eso, en términos generales aumenta el bienestar de la sociedad y por ende justifica la firma de tratados comerciales con países que nos pueden ofrecer este tipo de alternativas. Por ejemplo, hay evidencia que sugiere que las ganancias monetarias de la liberalización comercial de los noventa en el sector de carros provinieron principalmente del incremento en la variedad de modelos y no de la baja en los precios de los mismos. El TLC no debe frenarse con argumentos basados en leyes. La discusión debe ser técnica, aún reconociendo que se llega un punto en que la economía política toma el mando. Por ejemplo, el fallo cita “la Guía práctica para la ejecución de la ley Antimonopolio para una Economía en Transmisión” como justificación para entender “la amenaza sobre los derechos de los consumidores”. No conozco estudios donde se demuestre que el resultado de la liberalización comercial sea lograr una mayor concentración de la industria. Pero aunque los hubiese, habría que discutir lo que la literatura de la organización industrial viene estudiando hace 30 años: una cosa es concentrar y otra cartelizar (en el sentido económico) una industria. ¡Como consumidor me siento desprotegido!

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