Ni TLC, ni Atpdea: un escenario posible

Hoy es el TLC. Peluqueros, políticos, sacerdotes, actores, estudiantes, empleadas de servicio, guerrilleros y similares, hablan de este tema con locuacidad y conocimiento, y siguen las noticias sobre el curso de las negociaciones que nos llevarán finalmente a una alianza con el más importante país del mundo. El entusiasmo es casi general, pues no faltan los ‘apátridas’ que escriben o hablan en contra del Tratado, ignorando el enriquecimiento futuro de nuestro pueblo por las inversiones que llegarán al país, a la cantidad de nuevos empleos, y al volumen impresionante de exportaciones que llenarán barcos y aviones hacia los E.U. Es lo que nos dicen quienes saben del tema y lo promueven.

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octubre 31 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-10-31

Pero en los últimos días, son menos las sonrisas y más los ceños fruncidos, y menos optimistas los titulares. Además de que el proceso negociador se encuentra en un ‘punto muerto’ por dificultades para avanzar en algunos temas concretos, se retiran de la mesa negociadores criollos, discuten algunos ministros, y los gremios ya no saben qué decir; protestan los indígenas, las centrales obreras, los pequeños cultivadores de trigo, los actores y actrices, los laboratorios farmacéuticos, Robledo y Petro. Las instrucciones presidenciales (Uribe, Palacio y Toledo) son claras: "apretar el acelerador", para que logremos el TLC en noviembre, y no tengamos que esperar el primer trimestre 2006 a los negociadores estadounidenses, quienes viajan ahora a otro tipo de negociaciones en la OMC. Pero... ¿tendremos TLC? Después de la firma, debe producirse la ratificación por parte del Senado y de la Cámara de los Estados Unidos. Muy probablemente los demócratas se mantendrán unidos en contra de esta decisión, como ya lo hicieron frente al TLC con Centroamérica y República Dominicana (Cafta-RD por sus siglas en inglés), y entre los republicanos, es probable también, que 25 de sus miembros, del llamado Cinturón del algodón, acompañen a los primeros en esta decisión. No sobra decir que el Cafta-RD fue aprobado, antes del Katrina y con mayor popularidad y manejo político del presidente Bush, por sólo dos votos a favor (217 contra 215). Y si no hay TLC, ¿se prorrogará el Atpdea, cuyo vencimiento será el 31 de diciembre del 2006? Difícil predecirlo.Si no tenemos TLC o Atpdea, sufrirán nuestras exportaciones, pero no tanto como se nos dice. Los principales productos de exportación hacia Estados Unidos no se afectarían por estar sus importaciones totalmente liberadas en ese país, o porque el impuesto existente no es muy sensible respecto al precio final del producto, como ocurre con el petróleo (un derecho específico en centavos de dólar por barril). Entre enero y agosto de 2005, de un total exportado por Colombia a Estados Unidos de 5.540 millones de dólares, el 60 por ciento le correspondió a cuatro renglones, que sin TLC o Atpdea, seguirán participando activamente en ese mercado: petróleo, carbón, aceites de petróleo, y café. Cemento, banano, oro, ferroníquel, tubería, langostinos, artes gráficas, entre muchos otros de más bajo volumen exportador, no están gravados con impuestos y por lo tanto no dependen de un TLC o de la Ley de preferencias andinas. No ocurre lo mismo con las confecciones, el sector que más perdería sin beneficios arancelarios en Estados Unidos. Sin éstos, los importadores tendrían que cancelar, tomando el volumen de nuestras exportaciones de 527 millones de dólares del año 2004, una cifra superior a 110 millones de dólares en impuestos, que obviamente le restan competitividad al producto colombiano, o mejor a la mano de obra colombiana, pues el mayor porcentaje de los despachos le corresponde a programas de ensamble. Sufrirán también los floricultores, especialmente aquellos que no distribuyen directamente sus productos en ese mercado. Productos cerámicos, joyería, calzado, cigarrillos, azúcares y confitería, láminas y otros artículos plásticos, y artículos de aluminio para el hogar y la construcción, son renglones que igualmente pierden posibilidades en el mercado de E.U. sin beneficios arancelarios, aunque quizás con estrategias diferenciadoras en cuanto a distribución o segmentación más adecuada del mercado puedan competir sin franquicias aduaneras. El valor total de los impuestos de todos los productos mencionados, obviamente a cargo de los importadores, superaría los 150 millones de dólares, cifra muy inferior a los 500 millones de dólares que dejaríamos de recaudar por las importaciones de los productos provenientes de E.U. con el amparo del TLC. Como negocio, podría ser mejor no firmar el TLC. Pero la realidad es otra: nuestras empresas necesitan los beneficios arancelarios, con el Tratado o sin él, con el Atpdea, o con otro mecanismo preferencial. Tremenda responsabilidad la de nuestro nuevo embajador en Washington.Entre enero-agosto de 2005, de un total exportado por Colombia a E.U. de 5.540 millones de dólares, el 60 por ciento le correspondió a cuatro renglones, que sin TLC o Atpdea, seguirán participando activamente en ese mercado: petróleo, carbón, aceites de petróleo, y café. Cemento, banano, oro, ferroníquel, tubería, langostinos, artes gráficas, entre otros, no están gravados con impuestos y por lo tanto no dependen de un TLC.Consultor empresarialJorge Alberto Velásquez. Si no tenemos el Tratado de Libre Comercio o las Preferencias Arancelarias, sufrirán nuestras exportaciones, pero no tanto como muchos dicen.

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