Entre el TLC y la lengua

Los Macacos que dominan el debate nacional nos dieron un respiro esta semana para poder seguir el desarrollo de dos temas: la telenovela del TLC y el IV Congreso Internacional de la Lengua Española.

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marzo 30 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-03-30

En el momento de escribir esta columna aún no se conoce el final del culebrón del TLC, pero lo que se sabe no es como para celebrar. Los líderes del partido demócrata han fijado sus condiciones para dar trámite al acuerdo en el Congreso estadounidense: ya no sólo piden cambios en los asuntos laborales -lo que todo el mundo esperaba-, sino además en temas de medio ambiente y propiedad intelectual. Por su parte, la Casa Blanca y el Gobierno colombiano han afirmado que la propuesta demócrata constituye una buena noticia. ¿Buena noticia? No vamos a dedicarle mucho tiempo a un tema que aún no está resuelto, pero tanto entusiasmo es cuestionable. Mientras más cosas haya que modificarle al acuerdo, es más probable que el debate se complique. Los demócratas incluso han dicho que extenderían las preferencias del Atpdea por dos años más, lo que sugiere que el trámite del TLC podría prolongarse hasta después de las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos. ¿Será que en ese momento Alvaro Uribe aún tendrá sus volubles mayorías parlamentarias para ratificar el acuerdo en Colombia? Como si eso fuera poco, la noción de que somos un caso especial para Washington está cambiando de matices: Colombia era un caso especial (bueno) para los republicanos por ser aliados de Bush; para los demócratas somos un caso especial (malo) por la ‘parapolítica’. ¿Cuál es la buena noticia? Y mientras unos malinterpretaban los avances del TLC, otros discutían las perspectivas de nuestro idioma. El IV Congreso de la Lengua Española sirvió para que más de 1.200 académicos, escritores y colados debatieran asuntos como la situación del castellano como elemento de integración regional. Lo que no discutieron fue su papel como elemento de discriminación en nuestro país. Y es que así como el español une a más de 400 personas en el mundo, en Colombia también sirve para separarnos. Es alarmante la fobia que se ha desarrollado en ciertos círculos hacia palabras como ‘colocar’, ‘escuchar’ o ‘cabello’. Cada vez más personas señalan con sorna a quienes usan esas palabras, argumentando que lo correcto es usar ‘poner’, ‘oír’ o ‘pelo’. Hay que aclarar que si bien las primeras palabras no son sinónimas de las segundas en todos los casos, sí se pueden usar indistintamente en varios contextos. A pesar de ello, la cacería de brujas es implacable: basta que alguien diga ‘colocar un vaso’, ‘escuchar música’ o ‘peinarse el cabello’, expresiones correctas desde el punto de vista idiomático, para que muchos se tapen la cara con indignación. Si esas expresiones son correctas, ¿por qué muchos las descalifican sin compasión? Porque no están haciendo una evaluación idiomática sino un acto de discriminación. Para nadie es un secreto que ‘colocar’, ‘escuchar’ y ‘cabello’ son palabras que se abrieron paso desde abajo en la pirámide social, al menos en el caso de Bogotá, y eso es lo que indispone a los cazadores de brujas: censuran el modo de hablar de los demás, no necesariamente porque sea incorrecto sino porque es distinto a la manera como hablan ellos. La próxima vez que usted, amable lector, oiga las palabras ‘colocar’, ‘escuchar’ o ‘cabello’, evalúe si están bien usadas según el contexto antes de torcer la boca y mirar para otro lado. Un interrogante final: ¿es más inculto quien usa palabras infrecuentes pero correctas, o quien limita su propio vocabulario por celo de clase social? Investigador Asociado de Fedesarrollo "Así como el español une a más de 400 personas en el mundo, en Colombia también sirve para separarnos”.

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