El No TLC sería un fracaso para Colombia

El país debe apostarle a sacar adelante la negociación, para lo cual se requieren mayores esfuerzos del Gobierno y del sector privado para asumir una posición que defienda con realismo lo que se justifica defender pero que se concentre en el objetivo de abrir el mercado de Estados Unidos de manera definitiva y permanente”.

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noviembre 29 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-11-29

Todavía recuerdo cuando Robert Zoellick, representante Comercial del Ustr, visitó Colombia en agosto de 2003. En esa ocasión, en la reunión que sostuvo con el Presidente, sus ministros y el sector privado, fue muy realista al advertir que el proceso de negociación del Tratado de Libre Comercio que Colombia había solicitado a Estados Unidos desde la administración Pastrana, al igual que lo habían hecho Chile y los centroamericanos, no sería fácil porque involucraría no sólo las condiciones arancelarias de acceso al mercado de bienes, sino además, el acceso de servicios e inversiones y una serie de disciplinas orientadas a garantizar dicho acceso. No obstante, pareciera que al país se le olvidó que aun sabiendo lo compleja que sería la negociación, son muchos más los beneficios que nos ofrece la suscripción del Tratado de Libre Comercio, razón por la cual, tanto el Gobierno como el sector privado en su momento insistimos en comenzar la negociación antes del vencimiento de las preferencias unilaterales -Atpdea-. Primero que todo, porque Estados Unidos es nuestro socio comercial más importante, al cual exportamos en el 2004 6.500 millones de dólares, que representan el 40 pore ciento de las exportaciones totales de Colombia; y del cual importamos el 30 por ciento de nuestras importaciones. Segundo, porque un poco más de la mitad de las exportaciones colombianas que hoy se dirigen a Estados Unidos son beneficiarias de Atpdea, las preferencias unilaterales que nos otorgaron en 1991, que están próximas a vencerse en diciembre de 2006 y cuya prórroga no tiene posibilidad alguna en Estados Unidos, según indican congresistas y miembros de la administración americana. De hecho, las exportaciones de dos de los productos no tradicionales, las flores y los textiles y confecciones, dependen de las preferencias de Atpdea, pues el 100 por ciento de las flores y el 75 por ciento de los textiles y confecciones colombianas ingresan a Estados Unidos amparadas con las preferencias. Tercero, porque no hay duda de que sólo a través de un TLC que incluya compromisos de acceso, así como una institucionalidad y un marco jurídico sólido, podremos garantizar el acceso al mercado norteamericano de las exportaciones de bienes y servicios e inversiones, bajo unas reglas de juego estables y exigir su cumplimiento a través de un mecanismo de solución de controversias. Finalmente, porque los sectores exportadores de Colombia a Estados Unidos son grandes generadores de empleo. En la actualidad, se calculan más de medio millón de empleos generados por las exportaciones de Colombia a Estados Unidos. Lo anterior, sumado a que si Colombia no cuenta con condiciones preferenciales de acceso al mercado norteamericano, sería fácilmente desplazada por sus competidores -que en su mayoría cuentan con TLC suscritos con Estados Unidos, particularmente Chile, Centroamérica y México, por no mencionar Marruecos y Jordania-; justifica que estemos en medio de esta negociación pese a los riesgos que implica para algunos muy pocos sectores de la producción nacional. Por ello, lo importante es que no sólo el Gobierno, sino particularmente el sector privado entienda que no sería un mérito el fracaso de la negociación; sino que por el contrario, dicho fracaso tendría unos costos graves en las exportaciones colombianas y en los empleos que generan, así como implicaría el marginarnos por un tiempo indefinido (mientras se concluyan las negociaciones multilaterales de la OMC o las hemisféricas en el Alca) del mercado más dinámico y uno de los de mayor capacidad adquisitiva del mundo. En este momento el país debe apostarle a sacar adelante esta negociación, para lo cual se requieren esfuerzos mucho mayores de parte del Gobierno y del sector privado para asumir una posición que defienda con realismo lo que se justifica defender pero que se concentre en el objetivo de abrir el mercado de Estados Unidos de manera definitiva y permanente con unas reglas claras y un mecanismo de solución de controversias que nos proteja de cualquier decisión unilateral. Para ello, se requiere el mayor despliegue de la diplomacia colombiana que haga que Estados Unidos flexibilice lo que aún puede flexibilizar y destine para ello el equipo adicional que sea necesario, dando a Colombia, Ecuador y Perú el tratamiento de aliados estratégicos preferenciales no sólo por la importancia comercial de la negociación, sino por la lucha que estos tres países, junto con Bolivia, han librado contra el narcotráfico, siendo Colombia el país que ha asumido los mayores costos. Así mismo, merecemos este trato de aliados estratégicos por nuestra fortaleza institucional y nuestro compromiso con la democracia, pero entendemos que en una negociación comercial habrá costos y sectores que no puedan competir, para lo cual el Gobierno cuenta ya con todos los elementos de juicio que le permitan tomar las decisiones menos costosas, porque la más costosa de ellas, pensando en el largo plazo de país sería no tener Tratado de Libre Comercio. ¿Será que alguno se le mide a la responsabilidad de decir que enterró la posibilidad de tener un TLC con el mayor mercado del mundo?

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