Valores en culturas empresariales

Si se tratara de escoger las tres dimensiones más importantes de una cultura empresarial, para desarrollar organizaciones perdurables y exitosas, me atrevería a formular y defender la tesis de basarla en valores, conocimiento y desempeño, articulados en el orden planteado y desde luego alineados consistentemente. En otras palabras, ¿Qué podría significar un buen desempeño, si no se basara en un buen conocimiento del negocio, y dentro de un marco de valores? ¿Sería ese desempeño sostenible? ¿O qué podría pensarse de aquella actividad que soportada en el conocimiento y un buen desempeño, violenta los valores? ¿Sería perdurable, algo que destruye a la sociedad?

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octubre 31 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-10-31

¿O qué pensar de culturas con valores y gran conocimiento que no alcanzan un desempeño aceptable, porque no logran hacer polo a tierra con los mismos? ¿Conduciría ello al éxito? Cuando leo artículos sobre empresas en investigación, tal como las más de cien firmas de Estados Unidos sobre las que se sospecha han defraudado recientemente a sus clientes con opciones bursátiles, o cuando empresas que se jactaron de talento, conocimiento y desempeño, fracasan estruendosamente, tales como Enron, y Arthur Andersen, por mencionar sólo algunas , concluyo que la causa última, ha estado en la ausencia de valores empresariales. Lo que sucede, entre otras razones, es que al no ser los valores, objeto de presiones comerciales de certificación, como lo son los procesos en los denominados ISOs, ni al haber nada que exija incluirlos en las prioridades, como sucede con tantos proyectos y herramientas de gestión, se relegan, olvidando su trascendental importancia. La realidad, por supuesto, es que los valores no se certifican, ni hay o habrá nunca firma alguna que llegue a hacerlo. Los valores, se estudian, cultivan, inculcan y finalmente se promueven con acciones, ejemplos, y sobre todo con la convicción de que las ejecutorias de una empresa, dan permanente testimonio de los mismos. Los valores no se enuncian, se respiran. Se manifiestan en adecuados comportamientos de servicio con el público, en respeto y defensa de los intereses de la empresa, de sus accionistas, de los empleados y de la comunidad que rodea a la misma, y se reflejan en la credibilidad de todos los indicadores del negocio. Qué bueno que algún día, pudiésemos, como en el Japón, hablar de sindicatos que ofrecen y no que piden, de empleados que reconocen a la empresa como su ámbito para la realización de su profesión y oficio y no de seres resentidos, de empresas que son fuente de conocimiento y desarrollo integral para los mismos y no de simples empleadores. Todo ello es posible si identificamos y compartimos valores con nuestros empleados y los llevamos a que se interioricen y arraiguen hasta manifestarse en las actividades propias del diario vivir de las empresas. El tema de los valores, para algunos, quizás pasado de moda, para otros, tal vez sólo pasado por alto, es y será el más importante y esencial de los tres componentes de la tesis. Entre otras razones porque a través del planteamiento de auténticos valores, se llega a la necesidad del conocimiento y a la importancia del desempeño, en tanto que viceversa no necesariamente se llega a ello. La expresión por excelencia de unos valores, es la ética empresarial, la que Adela Cortina, con su profundo conocimiento del tema, plasma en la más sencilla de las expresiones; “la ética empresarial no es otra cosa que aquello donde reposa la confianza y credibilidad de nuestra empresa”. ¿Acaso generar confianza y credibilidad no es lo más valioso de un negocio? Consultor Gerencial "Los valores no se enuncian, se respiran. Se manifiestan en adecuados comportamientos de servicio con el público”.

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