‘Vanidad, mi pecado favorito’

Uno de los riesgos que asumen los líderes es el abuso de sus cualidades, pues éstas terminan por convertirse en debilidades; como pecado capital, el problema es la moderación. Este enfoque nos permite entender la encrucijada del presidente Uribe, ya que el abuso de su estilo explica el problema de sucesión que busca resolver con la reelección.

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febrero 26 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-02-26

La competencia de su estilo, definido por la habilidad de mando y la astucia política, le ha permitido desarticular la capacidad partidista, de coalición y oposición respectivamente, al punto de cometer dos errores que condenan la sobrevivencia de un líder moderno: 1) contra intuitivamente, aunque la realidad del país ha cambiado con su gestión, él no ha cambiado su estilo de liderazgo, tradicional y caudillista, hacia uno situacional, que se adapta a las circunstancias y es sensible al cambio de necesidades, y 2) ha dejado un vacío en el relevo, pues no reconoce sucesores aptos para manejar el futuro del país, por lo que su figura parece ‘absolutamente necesaria’ e irrevocable. El mayor problema que esto ha desencadenado es la personalización, no sólo del poder, sino de las diferencias que este debate ha confrontado, pues con frecuencia escuchamos declaraciones de tipo chauvinista, cuya soberbia lo han distanciado incluso de quienes fueran líderes de su coalición, como Gina Parody o Germán Vargas; la dureza de esta posición ha sido animada por las adulaciones de sus ‘militantes’ quienes en forma oportunista buscan amparo en el impulso electoral que él jalona. Su punto ciego es, entonces, someter la realidad a la vanidad, que lo unge como el héroe elegido que decide sacrificarse para salvar a un país en interdicción; aunque lo plantee como un dilema moral; Max Webber explica su convicción como un problema ético, ya que la vanidad induce a la irresponsabilidad. Definitivamente ha sido un debate innecesario e irresponsable, pensando en los efectos irreversibles sobre el capital social e institucional en el mediano plazo. El problema de su incertidumbre personal, respecto a su convicción y determinación –independiente de la conveniencia o no de la reforma constitucional, o de que todos somos conscientes de que él quiere–, ha restado transparencia y claridad al proceso electoral, en términos de garantías y alternativas, porque ha distorsionado las reglas y agentes de juego vigentes. En definitiva, sería conveniente reflexionar el significado y alcance del concepto de Seguridad Democrática que lo define a él, víctima de su propio invento, por adaptar el sistema a imagen y semejanza de una persona, y no de la mayoría, corre el riesgo de desvirtuar el término acabando por parecerse al modelo autoritario a perpetuidad que nadie desea y que son evidencia de una democracia inmadura. Los líderes ejemplares tienen la humildad de reconocer sus carencias, desarrollan sus debilidades y moderan sus fortalezas, para no incurrir en abuso. Presidente, recuerde que donde hay luz, hay sombra; no olvide que el camino al infierno está hecho de buenas intenciones.'' Los líderes ejemplares tienen la humildad de reconocer sus caren- cias, desarrollan sus debilidades y moderan sus fortalezas, para no incurrir en abuso.WILABR

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