El velo se va corriendo

Del sinnúmero de escritores que a diario tratan la crisis del medio oriente, hay dos columnistas: Thomas Friedman y Christopher Hitchens, con quienes comparto muchos de sus análisis. Nos facilitan salirnos de la esquina donde la izquierda populista, el extremismo religioso y el antiamericanismo quieren arrinconarnos, y es que todo empieza y termina en el ‘imperialismo yanqui’.

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enero 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-01-31

La evolución de las acciones recientes confirma que el verdadero problema es anterior a la presencia de tropas americanas en la región, que los objetivos políticos y religiosos van mucho más allá de ‘expulsar al invasor’, que las tácticas del pasado se repiten y que sin una reacción del mundo islámico mediante un acuerdo de sus innumerables facciones, están condenados a vivir en el atraso con regímenes despóticos que mediante el terror mantengan el orden, como se ha hecho desde antes de la llegada del profeta. La violencia ya no es selectiva. En Irak mueren por igual estudiantes universitarios, civiles, activistas de derechos humanos, soldados o empleados de contratistas. Todo por el enfrentamiento entre sunnis y chiítas, cuya agresividad ya supera la inicial contra las ‘fuerzas de ocupación’. En el Líbano se asesina un primer ministro respaldado por los saudíes, o al líder de los Maronitas, o al director del Partido Comunista, y hoy se trata por la fuerza de imponer en el gabinete una mayoría religiosa para garantizar un Estado teocrático, promoviendo la guerra civil que devastó al país hace 20 años. En Palestina la violencia se reorienta hacia los dos grupos enfrentados por el poder en este joven Estado. Todo esto conduce a crear el caos. Como el que se generó en Afganistán a principios de los noventa y permitió la llegada del Mullah Omar y los talibanes para que impusieran su orden. O en el Líbano cuando la invasión siria fue aceptada ya que: “cualquier cosa era preferible a la anarquía”. Han transcurrido cinco años después de la caída del régimen talibán en Afganistán, y ya el país está plagado de bandas y caudillos tribales que actúan a su antojo promoviendo el mismo caos. A la espera están los talibanes. Tres años y medio de la caída del régimen de Saddam. Irán aumenta el apoyo al terrorismo y ya dio el paso de ofrecer ayudas económicas y contener el sectarismo religioso con lo cual se perfila como el componedor de la crisis, quedándose con el país. Siria, cuya retirada estratégica del Líbano lleva sólo año y medio, espera y apoya a la subversión. Su momento llegará en un país cuya independencia y autodeterminación nunca ha reconocido, como parte de ‘la Gran Siria. Todos tienen, Al-Qaeda incluída, un común denominador: prefieren ver a esos país destruidos antes que gobernados por civiles y sistemas democráticos donde el infiel occidental esté de alguna manera presente. El mundo islámico protesta masivamente por unas caricaturas que ridiculizan al Profeta. Sin embargo, calla frente a la barbarie religiosa y étnica de sus pueblos. Es que son así. Por eso es que con la visión de occidente algunos, ingenuamente, sugieren una especie de Luther King islámico que por medios pacíficos contenga la barbarie. Mientras tanto, el reporte Baker-Hamilton, recomienda el diálogo, que dentro de este ambiente parecería que lo que busca es encontrar a quién rendirse. En Palestina la violencia se reorienta hacia los dos grupos enfrentados por el poder en este joven Estado”.

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