Venezuela sí es el mercado

Para la Real Academia Española la diplomacia, en su acepción coloquial, es “habilidad, sagacidad y disimulo”.

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julio 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-07-30

Obviamente no aplica esta definición para las relaciones ‘diplomáticas’ entre los gobiernos de Colombia y Venezuela, que optaron desde años atrás –sin habilidad, sagacidad ni disimulo– por los enfrentamientos verbales a través de los medios de comunicación. Creo que con nuestro nuevo Gobierno, y particularmente con la Canciller, el futuro de las relaciones binacionales será mejor, y los Embajadores en Bogotá y Caracas podrán cumplir con sus naturales funciones, y las notas diplomáticas sustituir a los grandes titulares de prensa. Sólo perdedores ha dejado este prolongado conflicto: las exportaciones colombianas, los habitantes de la frontera, los consumidores venezolanos, y por supuesto, las empresas colombianas y sus trabajadores. No obstante, según algunos, no debemos preocuparnos, pues ya sustituimos el mercado vecino por otros, y gracias a ello –dicen los mismos– logramos aumentar nuestras ventas externas este año; en otras palabras: dejemos las cosas como están, ya que no necesitamos a Venezuela. La verdad es que la diversificación de mercados no es real, y mucho menos lo es la sustitución de nuestras ventas al mercado venezolano por exportaciones nuevas hacia otros países. En el 2009, únicamente Reino Unido, China, Italia, Canadá y Puerto Rico aumentaron sus compras de productos colombianos, y no propiamente de los que hemos dejado de vender a los venezolanos, mientras nuestros demás compradores las disminuyeron, y sustancialmente en términos de porcentaje: Chile (26%), Brasil (11%), Alemania (43%), España (23%), México (13%) y Perú (8%), para mencionar unos pocos entre los más importantes. Diversificación de mercados y sustitución del venezolano son temas que ahora se publicitan aún más con el argumento de que sin esos dos grandes logros, la enorme caída de nuestras ventas a Venezuela (71,4% en cinco meses) debió haber producido un colapso exportador nacional. Pues no es así. Las exportaciones no tradicionales no se desplomaron como debió ocurrir, porque hubo aumentos muy importantes en los despachos de oro, flores, productos metálicos y plásticos hacia Estados Unidos y de vehículos a Ecuador, y no porque estemos vendiendo más en México, Chile o Argentina, por ejemplo. Se ha recuperado el mercado ecuatoriano y han aumentado notablemente, eso sí, las ventas a Brasil, aunque dudo que de productos de tradición exportadora hacia Venezuela. ¿Estamos perdiendo el mercado venezolano? ¿Hay de verdad un embargo comercial en contra de Colombia en el vecino país? Veamos. El año anterior nuestras exportaciones disminuyeron 34% respecto al año 2008, pero buena parte de ese menor volumen de despachos correspondió a la desaparición de exportaciones ficticias para especulación cambiaria en tres principales sectores: confecciones, calzado y carne. La cifra alcanzada en el 2009 de más de 4.000 millones de dólares es más aproximada a la realidad exportadora nacional respecto a ese mercado, que la de 6.000 millones supuestamente vendidos un año atrás. El porcentaje de reducción en lo que va de este año debe ser inferior por la misma razón anterior, aunque poco interesa cuál sea finalmente, pues la tendencia no evitará que al culminar el año regresemos a un volumen similar a los que se registraban siete u ocho años atrás. Ahora bien, no son las empresas colombianas las únicas afectadas ni se está presentando una discriminación comercial exclusiva contra Colombia, aunque sería absurdo de mi parte no reconocer que hay evidentes y perjudiciales limitaciones a las importaciones de muchos de nuestros productos en el vecino país, además de actitudes gubernamentales contrarias a nuestra libertad exportadora. Pero lo cierto es que las importaciones venezolanas en general han disminuido –28% en cinco meses– sin importar procedencia, y expertos de ese país estiman una reducción del 40% para fin de año. Frente al 2009, Perú y EE. UU. rebajaron sus exportaciones 43% y 10% respectivamente, mientras Brasil fue el único gran ganador entre los proveedores aumentando ligeramente sus ventas, y con dos renglones principales con los que resultó ser un efectivo sustituto de exportaciones colombianas: ganado y azúcar. Esta contracción en las compras externas venezolanas se debe al sistema cambiario dual que se instauró a principios del 2010, a la reducción de las divisas autorizadas por Cadivi, al cierre del mercado permuta, y a las limitaciones que tienen los empresarios para acceder al Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), nuevo esquema cambiario controlado por el Banco Central de Venezuela. Como se puede observar, los venezolanos y empresas extranjeras establecidas en ese país tienen enormes problemas para realizar sus compras en el exterior, incluyendo las de productos por los cuales pueden optar por divisas preferenciales de 2,6, y 4,3 bolívares fuertes por dólar –Cadivi, encargada de suministrar las divisas, tiene, por ejemplo, una deuda de más de2.000 millones de dólares con las ensambladoras de vehículos en ese país, y no cuenta con los recursos para atenderla–. Quienes no tienen acceso a dólares preferenciales deben adquirirlos en el mercado paralelo, donde la cotización parte de la base del precio en el aeropuerto de Maiquetía de 7,5 bolívares fuertes. Otra tasa de cambio es la que fija el Sitme de 5,3 bolívares por dólar, limitada a cierto tipo de empresas, al monto y a la periodicidad. Si este párrafo no lo entendió usted muy bien, es por la complejidad del sistema de pagos para importaciones existente en el hermano país. Imagínese entonces lo que puede ocurrir en la práctica con un importador, y consecuentemente con el resultado anual de las importaciones totales venezolanas. Estamos de acuerdo con el propósito nacional de diversificar los mercados de exportación para Colombia, pero la diversificación no debe entenderse por sustitución de un mercado como el venezolano, que ha sido la base para el crecimiento de nuestras ventas externas en los últimos años, y el destino natural de los productos no tradicionalmente exportadores y de los renglones industriales, que al fin y al cabo son los que generan empleo. Tenemos nuevo Gobierno, y este ya ha definido como prioridad el restablecimiento de las relaciones cordiales con el hermano país. No debemos olvidar que en abril del próximo año desaparecen las ventajas arancelarias que aún nos otorga Venezuela después de retirarse de la Comunidad Andina. ¿Será posible que ese país regrese a la CAN, o que podamos tener un tratado de libre comercio bilateral? Por el poco tiempo que queda, un trabajo para la recuperación del mercado venezolano debe ser tarea prioritaria del Ministerio de Comercio, de la cancillería y de nuestra embajada en Caracas. Finalmente, hay que decir que así se solucionen los conflictos que han caracterizado las relaciones entre los dos gobiernos, el nuevo camino no estará libre de obstáculos mientras Venezuela siga gobernada por el presidente Chávez. Por eso, hay que intentar que las nuevas relaciones comerciales queden de alguna manera ‘blindadas’ a través de mecanismos de autorización de importaciones y de divisas diferentes de los que actualmente operan en el vecino país. Así como las importaciones desde países del Alba realizadas a través de su moneda virtual, el sucre, tendrán una consideración especial por parte de Cadivi, igual podríamos proponer un mecanismo similar para beneficio de los países andinos. Recuperar el mercado venezolano debe ser la prioridad, y no sustituirlo como tercamente insisten algunos. HELGON

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