La visión de los valientes

La visión de los valientes

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septiembre 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-09-30

Estados Unidos ha sido un ejemplo de visión de largo plazo, en el que las grandes obras de infraestructura son concebidas pensando en su impacto futuro, acorde con las tendencias sociales. Aún así, y a pesar de su condición de primera economía del mundo, se cree que más del 50 por ciento de los colegios públicos cuenta con instalaciones inadecuadas, y aproximadamente el 25 por ciento de los puentes se han tornado obsoletos y con serias deficiencias operacionales. Para algunos expertos de la Sociedad Americana de Ingenieros, se requiere invertir, dentro del próximo lustro, más del 10 por ciento del PIB norteamericano en modernizar y mejorar las condiciones de seguridad de la infraestructura física. A estas preocupaciones naturales se le agregan las crecientes proyecciones de tráfico aéreo, el cual aumentará en un 25 por ciento durante la próxima década y la continua expansión del tráfico vehicular, en el cual, anualmente, los estadounidenses gastan más de 3.500 millones de horas. En pocas palabras, infraestructura obsoleta y mayor demanda es caldo de cultivo para problemas estructurales. Ante la inminente necesidad de renovar la infraestructura estratégica norteamericana, Felix Rohatyn publicó en el 2009 un libro extraordinario, ‘Bold Endevors’, que examina cómo la visión testaruda de varios presidentes logró transformar para siempre el destino político, económico y social del país. La lista de decisiones de coraje, muchas veces en contra de la resistencia de los interese políticos del Congreso, inicia con la determinación de Thomas Jefferson, para negociar con Francia la adquisición del territorio de Luisiana, en 1803. La voluntad del Jefe de Estado para ampliar las fronteras nacionales y expandirse hacia el oeste le permitió a James Monroe, como negociador, finiquitar un tratado que cambiaría para siempre la historia económica estadounidense, duplicando el territorio de la creciente potencia. El espíritu inquebrantable de Abraham Lincoln para estimular la construcción del ferrocarril intercontinental, aun a pesar de la Guerra Civil, con la firma, el 20 de junio de 1862, del Pacific Railroad Act, abrió las puertas para la integración económica entre las dos costas, y creó las condiciones para la cimentación de ciudades y centros logísticos que aceleraron el crecimiento económico. Entre las obras destacadas se enumeran también los centros rurales de educación vocacional; la agenda nacional de adquisición de vivienda digna, estimulada por Andrew Jhonson; la controversial construcción del Canal de Panamá, del cual hoy 70 por ciento de las rutas operantes tiene como punto de origen o destino un puerto norteamericano; la Agencia de Electrificación Rural creada por Franklin Delano Roosevelt; y el Plan de autopistas interestatales liderado por Eisenhower. Con estos ejemplos de visión y liderazgo, Rohatyn plantea la necesidad de construir consensos sobre las obras que transformarán a EE. UU. en este siglo. El ejemplo de Bold Endevors también es aplicable a la realidad latinoamericana. De cara a una década, donde la región está proyectada para crecer con dinamismo, es necesario que el Ejecutivo y el Poder Legislativo se pongan de acuerdo en las obras que los países requieren para transformar su destino. No hacerlo o retrasarlo por intereses locales es un pecado que pagarán las próximas generaciones. De cara a una década, donde la región está proyectada para crecer con dinamismo, es necesario que el Ejecutivo y el Poder Legislativo se pongan de acuerdo en las obras que los países requieren para transformar su destino. IVAN DUQUE MÁRQUEZ Consejero Principal por Colombia y Perú ante el BID ivanduquemarquez@gmail.comANDRUI

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