Vivir como el Dalai Lama

En una montaña de la India, al fondo de una carretera con árboles en ambos costados y jardines llenos de flores, vive el décimocuarto Dalai Lama.

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abril 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-04-29

Hasta allí viajó el colombiano Mauricio Roa, psicoterapeuta y fundador del Centro Budista Yamantaka en Bogotá, para pedirle que visitara Colombia. De eso hace cinco años. Al llegar a Dharamsala, el sitio donde el Dalai reside, sintió ansiedad y nervios de encontrarse con una persona de esa ‘talla’ espiritual. “Le llevaba como ofrendas varias bufandas blancas de seda y una carta con la invitación. No me salían las palabras de la emoción, solo atiné a decirle que cuando vendría y me dijo: ‘Pronto’, con un gesto de tranquilidad que sólo pueden dar la sabiduría y la espiritualidad”. Falta poco para que ese ‘pronto’ se cumpla, pues la máxima figura para los budistas y el segundo líder espiritual del mundo (tanto como el Papa) estará en Bogotá el 10, 11 y 12 de mayo, con su mensaje. Su Santidad, como se le conoce entre los budistas, nació el 6 de julio de 1935, en una familia de campesinos en Takster, al noroeste del Tibet, y recibió el nombre de Tenzin Gyantzo. A los dos años de edad, fue reconocido como la reencarnación de su predecesor, el Dalai Lama décimotercero, que al morir dejó indicios de cómo iba a volver a renacer. “Durante dos años, el gobierno tibetano se dedicó a buscarlo, le hizo pruebas a varios niños candidatos. Ellos debían responder correctamente a ciertas preguntas. Solo cuando estos monjes estuvieron seguros de que concordaba con sus visiones, empezaron a educarlo, a los 6 años, para su vida futura”, dice Mauricio Roa. El Dalai Lama fue entronizado en 1940. En 1950, a los 16 años de edad, y teniendo todavía que enfrentar nueve años más de intensa educación religiosa, tuvo que asumir el poder político cuando la China invadió al Tíbet. En marzo de 1959, durante el levantamiento nacional del pueblo tibetano en contra de la ocupación militar china, empezó su exilio. Desde entonces ha vivido a los pies de los Himalayas, el asiento del Gobierno Tibetano en exilio, una democracia desde 1963. LAS ENSEÑANZAS El budismo más que una religión es una filosofía con unos principios que facilitan vivir sin importar si se es católico, hindú y hasta ateo, sostiene la médica bioenergética Elsa Lucía Arango. Y lo que el Dalai Lama propone, según esta practicante del budismo, es que en la medida en la que se tiene conciencia de sí mismo, a través de la meditación, el hombre crea su infelicidad a través de pensamientos negativos, o puede meditar sobre la compasión, la alegría y el perdón, y al no tener resentimientos puede mejorar su calidad de vida y la de los demás. “Muchas enfermedades se generan por los sentimientos negativos, que uno decide o no guardar en el corazón y puede deshacerse de ellos a través del perdón. Y la meditación, precisamente, permite silenciar la mente y conectarse con la esencia básica del ser humano que es la bondad. Cuando uno se dedica al servicio, la vida adquiere un sentido que se conoce como iluminación. Antes hay que liberarse de los deseos que atan para poder crecer y ayudar a los demás”, concluye. TÍBET, EL TECHO DEL MUNDO ENTRE MONTAÑAS. Tres de las fronteras del Tíbet son algunas de las montañas más altas del mundo: las Karakorams y Ladakh al occidente, la Chang Tang hacia el Norte, y los Himalayas, de 2.400 kilómetros, al sur. No es sorprendente que se le llame el Techo del Mundo: su altura promedio es de 4.500 metros. Desde su capital Lhasa, hay más de 1.200 kilómetros hasta la frontera con China. Los tibetanos se opusieron a cualquier influencia externa; su país era conocido como la Tierra Prohibida. En la época del nacimiento del Dalai Lama, 1935, el Tíbet era una sociedad feudal -sistema que él quiso cambiar- y la mitad de la población era nómada. La mayoría de las tierras pertenecían a los grandes monasterios y a la nobleza. Pero lo claro es que una sola cosa unía a sus habitantes antes de la invasión china a sus territorios: la religión budista. Luego de ella, el Dalai Lama fundó, 53 asentamientos agrícolas, con vivienda para los refugiados en la India.El budismo en pocas palabras Bhagavat: epíteto de Buda. Buda: cualquier ser que ha hecho manifiesto el potencial absoluto de su mente, en especial el Buda Shakyamuni. Designa el principio mismo de la iluminación. Dalai Lama: es la manifestación del Buda de la Compasión, quien escogió renacer para servir a la humanidad. Dalai Lama significa océano de sabiduría. Los tibetanos se refieren a él como Yeshe Norbu, ‘la gema que concede todos los deseos’ o ‘la presencia’. Dharamsala: es la tierra donde vive el Dalai Lama. Cuenta con instituciones culturales y educativas y sirve de ‘capital del exilio’ de 130 mil refugiados tibetanos que viven en la India. Dharma: conjunto de las enseñanzas budistas, ‘el Camino’. Estado de serenidad: estado de concentración en el que ha cesado toda actividad conceptual. Adquirir estabilidad en la quietud mental es imprescindible para desarrollar las experiencias meditativas y la visión superior. Estado intermedio: el período que transcurre entre el momento de la muerte y la concepción en una siguiente reencarnación. Nunca es superior a 49 días. Iluminación: purificación y perfección. Término equivalente al estado de Buda, el que ha llegado a la iluminación. Nirvana: estado de paz que resulta de la cesación de la ignorancia y las emociones turbadoras. Fuente: Centro Budista Yamantala

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