En vos confío

Una de cada cuatro personas en los Estados Unidos no tiene nadie a quién confiarle o con quién compartir sus preocupaciones. Y si un habitante de ese país tenía, en 1985 y en promedio, tres amigos en quiénes confiar, casi dos décadas después difícilmente le quedan dos. Con esos datos, una investigación realizada por la American Sociological Review alimenta la idea de que la urbanización es la vida en un edificio de extraños. Y cae como una patada cuando el Tercer Foro Urbano Mundial de la ONU nos confirma que las megaciudades son el destino prioritario de la humanidad.

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junio 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-30

No parece ser cierto ese panorama de soledad en una multitud que vive conectada a sus celulares y enchufada a sus correos electrónicos. Pues, bien, los autores citan al trabajo y a esa dependencia de los encuentros por la vía Internet como causantes de un detrimento en la cercanía personal. La comunidad, los vecinos y muchas veces la misma familia han quedado relegados en esa vorágine de individuos acoplados a un MP3, aislados en su propia burbuja. ¿Pero qué es la vida de una persona del siglo XXI sin las relaciones, redes, vínculos, contactos, ojalá fijados por el pegante mágico de la confianza? Camilo Herrera Mora, en su trabajo “La dinámica del Capital Social en Colombia” señala: “Fukuyama (1995) encontró una relación directa entre los países que presentan una mayor Confianza Interpersonal y su Desarrollo Socioeconómico, conceptuando que en la medida en que confiemos más en los demás, las relaciones económicas serán más simples y los costos de transacción se transferirán a las utilidades individuales”. Hace poco, la Fundación BBVA adelantó un Estudio Internacional sobre Capital Social -relaciones, confianza, cercanía- con 20.000 personas de 13 países. Hubo consenso en que el ser humano es un animal egoísta y actúa fundamentalmente para su propio beneficio. La familia y la Cruz Roja son las instituciones personales y públicas en las que más se confía. Dinamarca, el Reino Unido, y aunque parezca paradójico, los Estados Unidos encabezan la lista de países donde la gente cree que sí se puede confiar en los demás y contrastan su opinión con el nadaísmo de los turcos, mexicanos y chilenos, estos dos últimos, los únicos latinos en la colada. “La confianza y las redes sociales son dos componentes esenciales de ese capital social -reseña Portafolio-. La confianza es un recurso intangible. En una sociedad donde existe confianza, se reducen los costes asociados con la negociación y formación de acuerdos. Las redes son la materialización de la confianza…” Cuando las personas son cercadas cada vez con más sevicia, sobre todo en Colombia, por cepos como la edad, el género y el desempleo, se erige como posible salvavidas el Capital Social que hayan podido construir. Pregunten a los mayores de 40 años, por ejemplo, cuántos han podido conseguir trabajo enviando hojas de vida y cuántos por la intervención oportuna de un buen amigo, relacionado o conocido, que confía, reconoce méritos y da un empujoncito. La clave: confianza y redes sociales, bautizadas aquí con el ferretero apelativo de ‘La palanca’. En el reciente Foro Mundial sobre Negociación, Robert Cialdini comentó las respuestas que dieron personas de diferentes nacionalidades a una pregunta elemental: ¿en qué condiciones ayudaría a otra? En Estados Unidos contestaron que antes de hacerlo establecerían si esa persona los ha ayudado recientemente. En otras latitudes le ayudarían si es una persona de mayor jerarquía. En Alemania precisaron: ¿las normas oficiales y el manual establecen que le debo ayudar a esa persona? Los latinos respondieron que ayudarían, sin duda, si esa persona era cercana a sus amigos. Aunque se hable de la meritocracia como un proceso selectivo descontaminado de afectos y cercanías, la composición de gobiernos y esferas de poder demuestran lo contrario: se trabaja con aquellos en los que se tiene confianza. Los amigos. Capital Social que aquí seguimos llamando ‘rosca’, por la única razón de no pertenecer a ella. Periodista "Los Estados Unidos encabezan la lista de países donde la gente cree que sí se puede confiar en los demás”.

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