‘Tentativas del gobierno de atenuar el paro fueron contraproducentes’

Analista señala que por cuenta de varias de circunstancias mal manejadas, la convocatoria se ha convertido en una especie de memorial de agravios.

Paro

Más allá de si el paro tendrá la importancia anunciada, ha puesto en evidencia debilidades del gobierno en su manejo de la situación política y social del país.

César Melgarejo /El Tiempo

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noviembre 20 de 2019 - 04:08 p.m.
2019-11-20

Nadie es dueño del sentido que hay que dar a unos paros o unas marchas, ni siquiera sus organizadores. Las discusiones alrededor de su significado son parte del pulso político que se juega en ellos, y en eso estamos desde hace unas semanas. Aunque solo el jueves 21 de noviembre conoceremos la amplitud de la movilización (y eso que también hará parte de las polémicas con sus tradicionales intercambios de cifras y fotos acomodadas a lo que quiere mostrar cada cual), todo indica que el gobierno está perdiendo esta batalla, y que sus tentativas de atenuar el conflicto no fueron exitosas, sino francamente contraproducentes.

(Las manifestaciones de los invisibles y los olvidados). 

Este paro anunciado desde hace rato no tenía por qué ser más de lo que siempre suelen ser este tipo de eventos: unas protestas medio rutinarias que no alteran fundamentalmente la agenda del gobierno, ni de la sociedad en su conjunto. No obstante, un conjunto de circunstancias mal manejadas y de torpezas lo han convertido en el punto de convergencia de muchas insatisfacciones que se combinaron de forma inesperada para transformar la convocatoria en una especie de memorial de los agravios más diversos en contra del gobierno. 

Entre los elementos contextuales, está el ambiente enrarecido en América Latina por las protestas masivas que derrocaron a Evo Morales en Bolivia, y estuvieron a punto de hacer lo propio con Lenin Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile. En cada caso, se presentaron brotes de violencia que iban más allá de lo habitual en este tipo de manifestaciones, y el temor suscitado explica hasta cierto punto la reacción del gobierno que ha anunciado mano dura contra cualquier hecho de violencia que se pudiera producir en el paro, y ha insistido en los riesgos de infiltración del mismo.

Sin duda, la posibilidad de hechos de violencia esporádica existe como en cualquier protesta, pero cada país tiene elementos contextuales muy distintos, y no hay mayores razones para pensar que la situación colombiana es insurreccional. La insistencia del Presidente y de varios ministros en el tema ha sido tal que terminó suscitando una verdadera paranoia, con varios efectos adversos para ellos: galvanizar los sectores más combativos contra el gobierno que sienten que lo pueden acorralar, generar una desagradable sensación de estigmatización entre los más moderados que decidieron participar, e infundir miedo entre los que no apoyan el paro. De este modo, el gobierno toma el riesgo de hacer en la materia profecías autocumplidas.

('El Gobierno Duque ha exagerado el impacto del paro'). 

Por otra parte, el paro llega a pocas semanas del debate sobre la moción de censura al ministro de Defensa Guillermo Botero. A los cuestionamientos generales sobre la política de defensa, se sumaron las denuncias sobre el bombardeo en el cual murieron varios menores de edad, al parecer reclutados por grupos armados de narcotraficantes en el Caquetá. Más allá de los hechos, el gobierno quedó mal parado por las acusaciones de encubrimiento y por la falta de compasión con las víctimas que se notó en la forma en que el presidente defendió a su ministro. De esta forma, se sumó a las reivindicaciones sociales la insatisfacción difusa con la forma en que el gobierno maneja la política de seguridad y la implementación del acuerdo de paz.

Finalmente, la misma manera de responder a las reivindicaciones de los promotores del paro con una estrategia de denegación, acreditando la idea de que ellos estaban exagerando o incluso mintiendo, tampoco funcionó bien. Ahí, el gobierno tenía argumentos e insistió en que varios de los puntos presentados por las organizaciones sociales no tenían razón de ser porque rechazaban reformas que nunca se habían presentado. Sin embargo, ellas no tuvieron que buscar mucho para sacar a relucir declaraciones de ministros (en particular del ministro de hacienda) sobre reforma pensional, el modelo de gestión de las empresas públicas, o incluso un proyecto de ley que ya está radicado sobre reforma laboral, además de foros y reuniones con gremios que muestran que hay discusiones bastante avanzadas en estas materias. El presidente y la ministra de trabajo han tenido que salir a desmentir varios puntos, que sí bien no está en trámite en este momento, tampoco fueron invenciones de los organizadores del paro.

En otras palabras, lo que pudo ser una buena estrategia para atenuar la presión puso en evidencia cierta descoordinación y falta de control del gobierno sobre sus comunicaciones, dejando también la sospecha de que se conciertan políticas con los gremios que no son discutidas públicamente, e incluso que parece existir peleas dentro del gobierno sobre estos temas. Las mismas muestras de preocupación por el paro, con el presidente exponiéndose de manera constante en primera línea en los medios, difícilmente eran compatible con la idea de que aquí no pasaba nada.

Así, más allá de si el paro tendrá efectivamente la importancia anunciada, ha puesto en evidencia desde ya importantes debilidades e inconsistencias del gobierno en su manejo de la situación política y social del país.

Por Yann Basset. Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales
Universidad del Rosario.

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