La plaga de peleas en firmas familiares

Las disputas suelen destruir el valor para accionistas de fuera.

Negocio familiar

Son varios los ejemplos que se pueden encontrar a lo largo de la historia empresarial internacional, en el que compañías familiares exitosas se han convertido en un campo de batalla.

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POR:
Andrew Hill
agosto 24 de 2019 - 10:14 a.m.
2019-08-24

“Todas las familias felices se parecen; cada familia infeliz es infeliz a su manera”. Las líneas de apertura de León Tolstói en ‘Ana Karenina’ se aplican igualmente a las empresas familiares, y no es de extrañar.

(Lea: Pautas para que progresen las empresas familiares)

Cuando agregas las volátiles variables de las empresas a los múltiples desajustes de la mayoría de las familias el resultado es una potente combinación.

(Lea: Juntas diversas, clave para supervivencia de las empresas familiares)

Para una obra de ficción sería difícil igualar, por ejemplo, la saga de los Redstone y de sus compañías de medios Viacom y CBS. Tenemos al patriarca Sumner - una vez un todopoderoso magnate, actualmente un frágil hombre de 96 años - cuya voluntad de aferrarse al poder fue literalmente forjada en fuego después de que sobreviviera el incendio infernal de un hotel al colgarse de una ventana mientras las llamas consumían su piel.

(Lea: ‘Herederos de las empresas familiares deben formarse’)

Y luego está Shari, su hija - a menudo ignorada y menospreciada - cuya influencia sobre las compañías ha experimentado grandes altibajos en consonancia con la relación con su anciano padre, y con las propias relaciones de Sumner con sus cuidadores y con sus novias.

La semana pasada, Shari prevaleció, cuando CBS y Viacom acordaron con su antiguo plan de fusionar las empresas, separadas por Sumner hace 14 años.

Desde el rey Lear, la lucha intrafamiliar ha sido el componente perfecto para las grandes obras teatrales y aún más para las columnas periodísticas. Si existe un paralelo ficticio contemporáneo, puede ser ‘Succession’ (Sucesión), la serie de HBO sobre el magnate de medios Logan Roy, la cual acaba de comenzar su segunda temporada (en parte inspirada por la discordia de los Redstone).

En el primer episodio del programa, Roy, de 80 años, termina sus planes de sucesión al anunciarles a sus hijos: “He cambiado de opinión: me quedo como director ejecutivo y jefe de la empresa”.

Las propias declaraciones de Redstone eclipsan incluso esa sorpresiva declaración. Cuando él tenía 91 años, le dijo al ‘Hollywood Reporter’ que no hablaría sobre la sucesión porque “yo no voy a morir”.

Una de mis disputas familiares favoritas de la vida real es la larga batalla entre Gina Rinehart, la magnate minera australiana, y algunos de sus hijos por un fideicomiso familiar.

Cuando llegó a la corte en 2012, ella sostuvo que el colapso del fideicomiso pudiera ser lo mejor para sus hijos “en cuanto al desarrollo personal” porque los obligaría a reconsiderar “sus estilos de vida y actitudes de vacaciones”. Eso resonará con cualquier padre que haya tenido que cerrar el ‘Banco de Mamá y Papá’ a los retiros adicionales.

El cautivante espectáculo Murdoch, el cual seguramente entrará pronto en su última temporada, también sigue atrayendo a los espectadores, con el padre, Rupert, barajando y reorganizando las cartas de sucesión mientras el destino y las finanzas de su descendencia son precarios.

Como muchas de esas familias, los Murdoch tuvieron que recurrir a terapia grupal en un esfuerzo por desenredar sus complicados intereses personales, financieros y corporativos.

Numerosas empresas familiares duraderas han sobrevivido brutales batallas de sucesión y han asegurado la armonía cultural y el equilibrio a largo plazo.

En otra compañía de medios estadounidense, Comcast, el fundador Ralph Roberts logró una armoniosa entrega de la empresa a su hijo Brian. “El anciano Roberts nunca cuestionó a su hijo. Y el joven nunca dejó de consultar con su padre. Él realmente quería que su padre viniera a trabajar todos los días”, escribió Joe Nocera sobre el amigable proceso de sucesión en The New York Times en 2007.

Yo he argumentado anteriormente que la ambición impulsada por duras críticas de algunos miembros de la familia puede, ocasionalmente, proporcionarle un fuerte, aunque inestable, impulso al avance de los intereses personales y corporativos. Pero las luchas internas casi siempre destruyen el valor desde la perspectiva de los accionistas externos y, a menudo, destruyen el alma de los participantes.

CBS y Viacom representan un buen ejemplo. La misión de Shari Redstone fue ayudada por el declive y por la caída del excesivamente poderoso director ejecutivo de CBS, Les Moonves. Pero, al discutir sobre el futuro, los Redstone, en algún entonces reyes del contenido, desperdiciaron tiempo y, lo que es más dañino, desaprovecharon oportunidades. Mientras tanto, los rivales se consolidaron ante el rápido cambio digital, incluyendo Fox controlada por los Murdoch, la cual se fusionó con Disney este año.

La mitología es otra fuente de división familiar, principalmente en el caso de hijos empeñados en quitarles el poder a sus padres. (Las hijas del rey Pelias lo cortaron en pedazos y lo cocinaron, pero habían sido engañadas para que pensaran que un hervor rápido rejuvenecería al viejo gobernante, lo cual no es un plan de sucesión recomendado).

Sin embargo, la historia de Shari Redstone es solamente la mas reciente de lo que será una nueva serie en la que las hijas, en lugar de los hijos, se enfrentarán a sus padres. Esto les ofrece algunas lecciones a quienes estén preparados para ignorar la advertencia de Tolstói de no generalizar sobre el mal funcionamiento de las familias.

Hay que mantener un perfil bajo; encontrar gerentes de confianza que puedan administrar los negocios bajo tu supervisión; y ser paciente. La muerte y la enfermedad abatirán incluso al líder más resistente y tenaz de cualquier dinastía.

Por último, no esperes que el final de una disputa ponga fin a todas las contiendas futuras. En los anales de las empresas familiares, a diferencia de lo que sucede en la ficción, es raro que todos vivan felices para siempre.

Andrew Hill

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