La salida de la ‘fracasonomía’

Colombia ha mostrado un notable avance en materia económica, social e institucional en las últimas décadas.

Fracaso

60% de las firmas tienen dificultades para encontrar trabajadores adecuados.

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Portafolio
octubre 01 de 2018 - 02:42 p.m.
2018-10-01

Cuentan que Albert Hirscham acuñó la expresión ‘fracasomanía’ inspirado durante su estancia en Colombia en años cincuenta. El término hace referencia a la incapacidad que este economista vio en Latinoamérica de reconocer los avances en políticas públicas, destacando lo que salió mal y la tendencia a destruir todo lo hecho previamente.

Colombia ha mostrado un notable avance en materia económica, social e institucional en las últimas décadas, alcanzando el rango de ingreso medio-alto desde 2008, reduciendo la tasa de pobreza a la mitad e impulsando una clase media a la que pertenecen casi cuatro de cada diez colombianos.

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Por ello, hoy puede afrontar con garantías los nuevos retos del desarrollo, construyendo sobre los avances, e innovando en políticas macroeconómicas, sociales e institucionales. Este no es el momento de desanimarse ni desfallecer, y caer en la fracasomania.

La economía colombiana se ha desacelerado, como casi todas en Latinoamérica. Aun así, está creciendo casi al 3%, y las proyecciones a medio plazo confirman que lo seguirá haciendo por encima del promedio regional. La clase media es desde 2014 más numerosa que la población en situación de pobreza, que se ha reducido sustancialmente. Y, sin duda, Colombia ha fortalecido las instituciones y su nexo con empresas y ciudadanos, con avances en regulación, gestión de los recursos públicos y gobierno corporativo de las empresas públicas. El país además completó el maratón de entrada en la Ocde, prueba solo completada en Latinoamérica por Chile y México.

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Ello provee a políticos, empresas y a la sociedad de más información y foros de diálogos con colegas de otros 36 países sobre buenas prácticas en empleo, educación, impuestos, salud, comercio o tecnología, entre otros.

Con este mayor nivel de desarrollo vienen, para bien, nuevos retos, en ocasiones tanto o más complejos técnica, social y políticamente. Y también nuevas capacidades para afrontarlos.

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En esta fase de 'desarrollo en transición' que caracteriza a las economías de ingreso medio-alto como Colombia, destacan tres retos a superar: la trampa del ingreso medio, la trampa de la vulnerabilidad social y la trampa institucional.

TRAMPA DEL INGRESO MEDIO

La salida de la trampa del ingreso medio, reto compartido por la mayoría de países de Latinoamérica, exige políticas de segunda generación que impulsen la productividad, diversificando la estructura productiva y elevando el valor añadido. Hoy un trabajador de Colombia es cuatro veces menos productivo que uno de EE. UU., una diferencia que ha aumentado por décadas.

Según el análisis del Centro de Desarrollo de la Ocde, las prioridades son reforzar las instituciones, invertir en educación y competencias laborales, desarrollar los mercados financieros y robustecer la política fiscal.

En ellas, Colombia podría inspirarse en las experiencias positivas de otros países como Australia, Canadá, Chile o Irlanda, algunos de los cuales, por cierto, también tienen materias primas.

TRAMPA DE LA VULNERABILIDAD

Al mismo tiempo debe superar la trampa de la vulnerabilidad social, reduciendo la pobreza y consolidando su clase media. La clave, también para reactivar la productividad, es reducir la informalidad.

Seis de cada diez trabajadores colombianos, incluida la clase media, son informales, por lo que son vulnerables si pierden el empleo, si enferman o se jubilan. Para ello se requieren avances en los ámbitos laboral, pensional y tributario.

Específicamente, Colombia se beneficiaría de un sistema tributario menos complejo, que recaude lo suficiente, y que sea más eficiente y equitativo. La lucha contra la informalidad pasa por incentivar la formalización, aligerando aún más las cargas sobre el empleo formal en especial sobre los nuevos emprendimientos, e invertir en habilidades laborales, dado que hoy más del 60% de las empresas colombianas tienen dificultades para encontrar los trabajadores adecuados.

TRAMPA DE LA INSTITUCIONALIDAD

Afrontar la trampa de la institucionalidad exige avanzar hacia un Gobierno más eficiente, capaz, abierto y con visión de futuro.

Hay margen para reforzar el músculo tributario, luchando contra evasión y revisando los gastos tributarios en una economía que recauda un 20% del PIB (menos que la Ocde, 34%, y que Latinoamérica, 23%).

Pero cómo se recauda y cómo se gasta es incluso más importante, por lo que se debe fortalecer el impacto redistributivo de la política fiscal (que apenas reduce la elevada desigualdad, también entre regiones), aumentar la transparencia del gasto, e impulsar las infraestructuras.

CAMBIO DIGITAL

Todas estas iniciativas se deben articular dentro de una política innovadora de desarrollo productivo con un componente central de transformación digital. Las tecnologías de la información abren la posibilidad a aquellos que sepan aprovecharlas - con mejores instituciones, capital humano y finanzas - de acelerar el ritmo y alcanzar buenas prácticas hoy solo observadas en países líderes.

Para ello, entre otros objetivos, hay que cerrar bien las brechas de acceso a la economía digital, universalizando las conexiones de banda ancha efectiva (que hoy apenas alcanzan la mitad del total de 30 millones de conexiones a internet según el Ministerio de la TIC), especialmente con los colombianos de menos ingresos, las empresas de menor tamaño y todas las agencias gubernamentales, en línea con los principios Going Digital de la Ocde.

Como narra El Tiempo, el lanzamiento del primer número de Portafolio - al que felicitamos en su 25 cumpleaños - estaba previsto para el 6 de septiembre de 1993. Los futboleros en Colombia lo recuerdan sin duda como uno de los días más felices, después del 5 a 0 a Argentina. ¿Cuántos pensaban en la víspera que eso era posible? De hecho, a pesar de la gran plantilla y de la buena trayectoria clasificatoria hacia el Mundial, ¿cuántos colombianos pensaban antes del partido que se iba a perder el partido Adaptándolo a la economía de Colombia de los próximos 25 años, no hay que esperar otra goleada, pero desde luego, se puede y se debe aspirar a más.

Hay que superar de una vez por todas la fracasomanía aun presente en el país, sobre la base de un optimismo razonable y activo. Colombia “debería ser más rica de lo que es”, dijo el premio Nobel de Economía Angus Deaton recientemente. Estoy convencido de que lo será, si se actúa y se lo cree más.

Ángel Melguizo
Director para Latinoamérica, Centro de Desarrollo de la Ocde

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