La semilla pirata, el gran cuello de botella del agro

Solo entre el 20% y 30% de los cultivos de arroz usó el año pasado variedades certificadas, según el gerente de Acosemillas, Leonardo Ariza

Leonardo Ariza, gerente de la Asociación Colombiana de Semillas (Acosemillas)

Leonardo Ariza, gerente de la Asociación Colombiana de Semillas (Acosemillas), asegura que varias empresas formales de este sector han salido del mercado.

Édmer Tovar/Portafolio

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Portafolio
octubre 01 de 2018 - 09:21 p.m.
2018-10-01

La Asociación Colombiana de Semillas (Acosemillas) lleva 48 años luchando para que los agricultores del país adquieran la cultura de sembrar variedades certificadas. Sin embargo, los productores siguen usando el denominado grano de costal, sin la certificación de las autoridades dispuestas para hacer cumplir las normas sobre este tema.

Es más, con el fin de generar cultura de formalidad entre los jóvenes, Acosemillas tiene una cátedra en la U. Nacional a la que asisten más de 800 estudiantes con quienes se aclaran conceptos sobre la biotecnología.

Leonardo Ariza, gerente del gremio que representa a las multinacionales, la industria nacional y los comercializadores de semillas, habló con Portafolio.

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El debate sobre las semillas es permanente. ¿Qué es lo que está pasando?

Lo que está pasando en Colombia es que hay mucha desinformación y desconocimiento de los ciudadanos e incluso de algunos profesionales, sobre este tema y termina generando ruidos y perjudicando a la industria productora de semillas, a la agricultura y al país. Hay muchos mitos y leyendas alrededor de las semillas que no tienen un soporte científico y distorsionan la realidad del mercado.

¿Qué opinión tienen de los transgénicos?


Los organismos genéticamente modificados son el resultado de investigaciones avanzadas desde hace más de 20 años y que hacen un gran aporte a la agricultura mundial y a la producción de alimentos. Colombia ha aprobado la siembra de semillas de maíz, soya, algodón y clavel azul.

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¿Y eso ha contribuido a mejorar la productividad?

Claro que sí. El mejor ejemplo es el del algodón, cuyo producto estaba prácticamente desaparecido, pero ha vuelto a sembrarse en el Valle del Cauca, mediante un proyecto desarrollado por Bayer. Con la semilla transgénica se logró la resistencia al algodón rosado.

En el caso del maíz se ha trabajado en el combate de los lepidópteros, que afectan la mazorca. También se han desarrollado semillas cuyas plantas son resistentes a malezas, lo que ayuda a reducir la aplicación de matamalezas.

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¿Qué decirles a quienes rechazan los transgénicos?

Tenemos que decirles que no es cierto lo que se dice de estos productos. Nadie ha podido demostrar que haya impacto sobre los seres humanos.

Los organismos genéticamente modificados son inocuos y cumplen con todos los protocolos exigidos por los organismos internacionales de salud.

Se dice que en Colombia hay serios problemas de piratería ¿de qué magnitud es ese problema?

Este es un punto neurálgico para la industria de semillas y para los obtentores. Este es un problema muy grave.

Hace 15 años teníamos más de 10 empresas colombianas productoras de semillas de arroz, pero hoy solo quedan cuatro, incluyendo el gremio Fedearroz. En este cultivo se está usando de manera intensiva la denominada semilla de costal, es decir, la que nos es certificada por las autoridades sanitarias.

Ese problema ha venido creciendo. En el 2017 solo se comercializaron 37.000 toneladas de semilla certificada de arroz, frente a un área sembrada que requirió de más de 100.000 toneladas, es decir que la piratería en este cultivo es de entre el 70 y el 80%.

¿Eso qué implicaciones tiene?

Que los productores están arriesgando sus cultivos porque la productividad es inferior y pierden competitividad. La calidad del producto obtenido con semilla pirata es muy baja y el consumidor se ve afectado y preferiría el grano importado. A ello se suma el riesgo fitosanitario y a la contaminación con malezas. Eso lleva a los productores a tener pérdidas y a poner en riesgo su inversión.

¿Qué están haciendo para combatir este flagelo?

Estamos trabajando en la generación de conciencia sobre los problemas que genera el uso de semilla de costal. Pero es indiscutible que requerimos el apoyo del Gobierno y de los entes de control. También necesitamos que las aseguradoras exijan semilla certificada.

¿Qué hacer para que el arroz colombiano sea más competitivo?

Hay que tecnificar la producción, usar las semillas requeridas y convertirse en un negocio formal que genere confianza en la calidad genética, fisiológica y de cocina.

¿Hacia dónde vamos en materia de investigación en semillas, en general?

Nuestras empresas están trabajando con nuevas tecnologías como los transgénicos y con una tendencia nueva que es la de la técnica revolucionaria que consiste en la edición de genomas. Eso acortará el tiempo para hacer la ingeniería genética que nos lleve al mejoramiento. Con esta nueva técnica no es necesaria la modificación genética. Lo que se hace es editar o recortar los genes de una misma planta que se quieren eliminar por sus efectos nocivos sobre el cultivo.

En este caso no se habla de transgenes sino de edición de genes, es decir que lo que se hace es una corrección de genes.

¿Ya está aprobada en Colombia?

Sí, ya está aprobada. La expedición de la norma es reciente pero ya entramos en esa etapa. En el mundo ya hay avances, y en Colombia hay entidades trabajando en este tema. El Ciat está investigando en yuca y arroz. También lo están haciendo los centros de investigación en café y caña de azúcar.

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