Economía

Las trampas empresariales que aceleran el cambio climático

En su informe de diciembre, Greenpeace denuncia a diez compañías españolas que hacen fraude al Acuerdo de París.

Contaminación

La estrategia de detener el cambio climático se frustra cuando las empresas mienten sobre lo que realmente hacen.

AFP

POR:
Gloria Helena Rey
diciembre 23 de 2020 - 09:00 p. m.
2020-12-23

Greenpeace menciona ‘con nombres y apellidos’ a 10 tramposas empresas españolas que públicamente dicen hacer todo para combatir el cambio climático y lograr emisiones cero de carbono para 2050 pero que, en realidad, no hacen absolutamente nada al respecto.

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“Están haciendo trampas al Acuerdo de París, jugando con el lenguaje y la comunicación mientras siguen sin asumir que la transición ecológica implica cambios en los modelos de negocio, en las cadenas de valor, en las pautas de consumo o en el comportamiento empresarial”, confirma a Portafolio Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España.

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Empresas españolas de los sectores financiero, aéreo, de energía y electricidad, agroalimentario, gestión de residuos y deportes como los bancos BBVA y Santander, Campofrío, el Grupo Coren, Iberia, Rapsol, Ecoembes, Naturgy, el Real Madrid y Endesa están incumpliendo con lo pactado en el Acuerdo de París por no introducir los cambios necesarios para frenar la emisión de gases de efectos invernadero, según el informe de Greenpeace “Haciendo Trampas al Clima. Resistencias y malas prácticas del sector empresarial ante el reto de la descarbonización”.

El Acuerdo de París, que fue aprobado y respaldado por 197 países el 22 de abril de 2016 dentro del marco de la Convención de Naciones Unidas sobre cambio climático y que el 12 de diciembre cumplió 5 años de implementado, establece medidas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

El aumento de la emisión de esos gases elevará la temperatura media de la tierra de 02 grados centígrados por decenio, reducirá la superficie de los glaciares y aumentará el nivel del agua en los mares y los océanos, provocando la inundación de los humedales y la contaminación de los acuíferos, afectará la fauna y la flora y ocasionará la pérdida del hábitat de peces, pájaros, plantas y muchas otras especies, según expertos.

Las empresas españolas denunciadas se están haciendo pasar como defensoras del medio ambiente ante la opinión pública y desplegando “una retórica grandilocuente llena de buenismo empresarial y medidas que suenan a ‘eco’ pero que no están sustentadas en acciones y cambios concretos. Se resisten a reducir sus emisiones brutas, pero diseñan argucias y falsas soluciones que al final son palos en la rueda de la gobernanza climática mundial”, sostiene Soto.

Además, están promoviendo “campañas engañosas bajo el eslogan de ‘cero emisiones netas en 2050’, que solo buscan mantener su modus operandi, el actual modelo económico, las mismas cadenas de valor, su mismo enriquecimiento y los mismos patrones de transporte, consumo y derroche de recursos”, afirma el informe de Greenpeace.

“A través de un análisis pormenorizado de los discursos, las memorias de sostenibilidad y los compromisos de reducción de emisiones en estas diez grandes empresas españolas, Greenpeace detecto, también, siete trampas y falsas soluciones sin base científica a través de las cuales las empresas quieren mimetizarse con el mainstream de la transición ecológica y el compromiso con el Acuerdo de París o los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, denuncia Soto.

La mayoría de las grandes y medianas empresas españolas se han comprometido con los objetivos del Acuerdo de París y con los de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas pero muchas de ellas no quieren ni saber de “cambios estructurales, de modelo, de revisión de cadenas de valor, de abandonar los combustibles fósiles, de des carbonizar su cartera de préstamos e inversión o sobre cómo nos desplazamos o nos abastecemos de energía”, afirma Greenpeace en el informe.

Portafolio escribió a varias de las empresas denunciadas para obtener una reacción pero no obtuvo respuesta.

Greenpeace dice que seguirá haciendo denuncias al respecto pero Soto aseguró a Portafolio, que, de momento, no hay ninguna firma colombiana en la mira de los ambientalistas.

LAS TRAMPAS

A continuación, Soto enumera y precisa las trampas de las empresas españolas contra el cambio climático:

1. El ejercicio del llamado ‘buenismo’ corporativo, en el que se firman, suscriben y adhieren a pactos, principios y estándares voluntarios sin medir los progresos ni cambiar las prácticas empresariales.

2. La apelación a la neutralidad tecnológica, teoría según la cual todas las tecnologías sirven para luchar contra el cambio climático y deben ser tratadas en igualdad de condiciones en la regulación y en el reparto de fondos económicos, sin criterios discriminatorios, incluso aquellas que son importantes fuentes de gases de efecto invernadero.

3. El uso y abuso de los términos eco, bio y verde en productos y servicios, con objeto de confundir al consumidor. Esta publicidad engañosa en materia de emisiones o de cambio climático supone el incumplimiento de las normas de Autocontrol en lo referente a la publicidad.

4. Trucar la contabilidad de emisiones de CO2 o falsear la huella de carbono, eludiendo contabilizar las emisiones procedentes de toda la cadena de valor o de la cartera de inversiones y préstamos en el caso de las entidades financieras.

5. Comprar energía con certificado verde como forma de compensar las emisiones en vez de abordar reducciones directas de sus emisiones o de su demanda real de combustibles fósiles.

6. Plantar árboles para intentar “compensar” las emisiones, pese a la controversia científica sobre la capacidad de muchas regiones de albergar más árboles o los cambios que se están produciendo en los bosques a causa del cambio climático, que está mermando su capacidad de influir positivamente sobre el ciclo del carbono.

7. Posponer la descarbonización en espera del desarrollo de la captura y almacenamiento de carbono, una tecnología que no estaría disponible de manera comercial antes de 2040.

No es la primera vez que Greenpeace denuncia empresas por sus agresiones ambientales. Denunció a Nestlé, por la deforestación de los bosques en Indonesia y Mapfre, por su apoyo a los megaproyectos hidrológicos en la Amazonia.

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