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Economía

17 ago 2020 - 8:00 p. m.

Mitigar la pobreza, la otra cara de la recuperación económica

Estiman que la monetaria subiría 15,8 pps y la extrema 8,8 pps. Según expertos, preocupa la nutrición, la salud y la educación.

Pobreza

La desnutrición, sobre todo en niños, es una de las dimensiones que más preocupa por su efecto en el largo plazo.

CEET

POR:
María Camila González Olarte

El viernes pasado se confirmó lo que se temía, que por cuenta de la pandemia la contracción de la economía en el segundo trimestre fue la peor desde que se tienen registros.

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Ante ese panorama, además de la preocupación por la actividad productiva y comercial, y la destrucción de empleos, hay otra alarma que se prende, y es la pérdida de los avances en la lucha contra la pobreza, que va en aumento.

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Expertos y estudios plantean que los más vulnerables deben ser la otra cara de la recuperación.

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Jairo Núñez, investigador de Fedesarrollo y quien ha seguido de cerca el impacto en la pobreza, explica que si bien los desafíos de desigualdad y pobreza no son nuevos, la crisis los está volviendo más urgentes.

De hecho, en días pasados, este diario describió un estudio que hizo Núñez, en el cual se proyectaba que la pobreza monetaria, que estaba en 26,9% en 2018 -último dato disponible-, podría aumentar 11 puntos porcentuales, teniendo en cuenta las dinámicas del mercado laboral y la pérdida de ingresos.

Sin embargo, Núñez le dijo a Portafolio que la estimación del impacto de este indicador subió 15,8 puntos porcentuales (42,7%), es decir, 4,8 pps más que la antigua proyección. Eso nos dejaría en los mismos niveles que se vieron en 2008, 12 años perdidos en la lucha contra ese problema.

“En la primera estimación habíamos visto que abril fue el peor mes para el mercado laboral, pero en mayo siguieron cayendo los salarios. Otra cosa que tuvo que ver es que cuando hicimos el pronóstico no habíamos previsto que iba a haber más cuarentenas generalizadas en ciudades como Bogotá”, explicó el investigador.

Asimismo, en el documento anterior Núñez decía que la pobreza extrema, que es de 7,4%, subiría 5,9 puntos porcentuales. La nueva estimación apunta que el alza sería de 8,8 pps, más del doble del valor inicial. Eso nos dejaría en una situación similar a la observada en 2003.

Eso sí, el documento de Fedesarrollo estima que con las ayudas del Gobierno para los más vulnerables, como Ingreso Solidario, Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor y la devolución del IVA, la pobreza podría bajar de 42,7% a 38%, una amortiguación del 30% de los efectos de la crisis.

En cuanto a la pobreza extrema, la reducción de los efectos sería de 56%.
La facultad de economía de la Universidad de los Andes también hizo unas estimaciones del impacto de la pobreza, en las que perderíamos 20 años en la lucha contra ese mal.

Andrés Álvarez, profesor asociado a dicha facultad, explica que las estimaciones de ese departamento se redujeron porque tuvieron en cuenta las ayudas del Gobierno, pero siguen por encima de los 10 años perdidos en los avances de pobreza.

Las estimaciones de Fedesarrollo y la Universidad de los Andes no distan mucho de lo que prevé la Cepal, que dijo recientemente que en un escenario extremo la tasa de pobreza para 2020 en Colombia llegaría a niveles del 32,5%, teniendo en cuenta el dato más reciente de 2018.

LAS ALARMAS

Además de los efectos sobre pobreza monetaria y extrema, el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) también se vería golpeado. De acuerdo con el economista Roberto Angulo, socio fundador de la firma Inclusión, ocho de las 15 variables que estudia el IPM se afectarían en el corto plazo.

Para Angulo, solo la decisión de cerrar los colegios afecta cuatro variables: inasistencia escolar, pues no todos los niños tienen acceso a medios virtuales; el rezago escolar, el logro educativo y, en algunos casos, el trabajo infantil.

Por otro lado, “la destrucción de empleos formales e informales golpea otro bloque de variables: desempleo de larga duración, aumenta la informalidad y compromete el aseguramiento en salud en el corto plazo vía la afiliación al sistema de salud”, detalla.

La otra amenaza es la salud pues, según Angulo, las personas que tienen necesidades distintas a las de la covid-19 pueden estar aplazando sus tratamientos y recurrir al uso de canales informales como la farmacia, la automedicación, remedios caseros o curanderos.

El otro factor preocupante es la desnutrición. De acuerdo con Núñez, para el caso de la primera infancia podría ser un problema estructural a mediano y largo plazo. “Si a un niño no se le alimenta adecuadamente en sus primeros cinco años de vida, no tendría un buen desarrollo, lo que podría afectar su desempeño en el largo plazo. Si no se hace nada ya con estos niños, se convertirá en un gran problema más adelante”.

Ante esta situación, los tres economistas coinciden en que las medidas que tome el Gobierno deberían estar focalizadas en grupos como las mujeres, sobre todo las cabeza de hogar, además de jóvenes e informales, que son los más afectados por la pandemia.

Núñez propone que ayudas como las de Ingreso Solidario y el Programa de Apoyo al Empleo Formal se dupliquen o se incrementen, con un sesgo a las mujeres y jóvenes.

Por su parte, Angulo dice que se podría pensar en un programa de Jóvenes en acción “reforzado”, en el que se amplíe el programa a personas de hasta 30 años que no tengan formación profesional y en el que haya también un foco importante en las mujeres, sobre todo las cabeza de hogar.

Finalmente, Álvarez rescata la posibilidad de un ingreso básico garantizado, que esté complementado con una declaración universal de renta y un aumento de la base gravable para, por un lado, tener un mayor recaudo y, por otro, visualizar la desigualdad y llegarle con ayudas.

María Camila González Olarte
En Twitter: @CamilaGolarte

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