Perspectivas macroeconómicas

El Gobierno ha hecho bien la tarea frente a la pandemia. 

Cuarnetena

Al comienzo, las cuarentenas fueron una medida lógica para aplanar la curva de contagios, pero deben revaluarse.

CEET

POR:
Portafolio
septiembre 24 de 2020 - 10:05 p. m.
2020-09-24

Desde hace varios años, Colombia tiene una serie de desafíos macroeconómicos, entre los que se destacan: (i) elevar el crecimiento potencial del 3,0% en el que estamos hoy a niveles cercanos al 4,0 y 4,5%; y (ii) superar los importantes faltantes, tanto externos, con persistentes déficits comerciales desde 2014, como fiscales, con una brecha estructural de al menos 2% del PIB, en un escenario previo a la pandemia.

Ahora, el panorama macroeconómico del país se ha visto fuertemente influenciado por la pandemia causada por el SARS-CoV-2. Si bien el año empezó con una dinámica positiva, respaldada por las cifras de comercio minorista y producción manufacturera, así como una moderada confianza de consumidores y productores (i.e. industria y comercio), las medidas de aislamiento generalizado que tomaron el Gobierno Nacional y, algunas más fuertes, por las administraciones locales, frenaron en seco la economía.

Es así como durante el mes de abril se llegó al peor registro en las cifras de comercio y producción (con variaciones anuales de -35,8% y -39,1%, respectivamente). Incluso, la demanda de energía, que es un indicador líder de la actividad económica agregada, se contrajo 10,7% anual.

En ese sentido, las cifras del PIB para el primer semestre del año mostraron una caída de 7,4% contra el mismo período del año anterior, con disminuciones superiores a los dos dígitos en los sectores de: construcción, actividades de recreación, comercio, transporte y turismo, industria y minería (por el lado de la oferta) y una marcada reducción de la demanda interna, explicada principalmente por la caída del consumo de los hogares (por el lado de la demanda).

Como resultado de lo anterior, el mercado laboral ha tenido un fuerte deterioro. La tasa de desempleo alcanzó niveles superiores al 20% en los últimos meses, lo que implica que se han destruido en promedio casi 4 millones de empleos durante marzo-julio, en su mayoría formales.

Pero, más grave aún, a causa de las difíciles condiciones del mercado laboral, los hogares han tenido una pérdida de ingresos cercana a los $21.6 billones (2% del PIB), lo equivalente a un mes entero de todos los salarios que se generan en el país.

Las ayudas del Gobierno Nacional, acompañadas por la reapertura (a partir de mayo) de varios sectores productivos, han tenido un impacto positivo. De hecho, el Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) mostró una recuperación en los meses de mayo y junio, aunque lamentablemente, se frenó en julio y, seguramente en agosto, debido a la imposición de cuarentenas estrictas localizadas en Bogotá D.C., que representa cerca de un cuarto de la producción nacional.

En ANIF hemos analizado el impacto de las cuarentenas en la mortalidad por SARS-CoV-2. Como esperábamos, nuestros ejercicios arrojaron que los aspectos relacionados con la capacidad de reacción de los sistemas de salud, y las características demográficas de la población son los factores que tienen mayor incidencia sobre la explicación en la variabilidad de la mortalidad por SARS-CoV-2 a nivel internacional.

En lo que se refiere al efecto del rigor o severidad de las cuarentenas, no hay una relación estadísticamente significativa que demuestre un vínculo consistente entre una y otra variable. De hecho, encontramos que cierres más estrictos no necesariamente conducen a resultados significativos en la reducción de las tasas de mortalidad.

Las cuarentenas, que al comienzo fueron una medida lógica para contener el virus, aplanar la curva de contagios y dar tiempo a los sistemas de salud para reaccionar ante la emergencia sanitaria, deben revaluarse.

A la luz de nueva evidencia y con el conocimiento que hemos adquirido, los aislamientos ya no resultan eficientes pues sus resultados no compensan los daños colaterales que ocasionan en términos de perdidas de ingresos de los hogares que, a su vez, se traducen en profundas afectaciones de su bienestar. Por consiguiente, sugerimos no volver a acudir a las cuarentas, a menos que se presente un rebrote que desborde al sistema de salud, un hecho que a estas alturas parece improbable.

Indudablemente, en el escenario post-pandemia se agravarán esas problemáticas estructurales del país. En el frente fiscal, la suspensión de la Regla Fiscal para 2020-2021, que se decretó dadas las mayores necesidades de gasto y la caída esperada en los ingresos tributarios, dio cabida a un déficit de 8,2% del PIB en el 2020 (vs la meta de 2.,% que se tenía al comienzo de 2020, es decir, cerca de $65 billones más de los valores previamente presupuestados).

Lo anterior implica un aumento significativo en el endeudamiento del Gobierno Central al 66% del PIB en 2020, partiendo de 50% de 2019.

Así las cosas, en ANIF estimamos que para 2020 la economía retrocederá un 5,8%. Reiteramos el llamado a que, en el inmediato plazo, se avance de manera decidida con la reactivación de todas las actividades económicas con el respeto de las normas de distanciamiento y autocuidado (excluyendo aquellas que generen aglomeraciones).

En el corto plazo, el Gobierno Nacional, en conjunto y coordinación con las administraciones locales, deberán impulsar la ejecución de obras de infraestructura pública (vías secundarias y terciarias, acueductos, parques, polideportivos, etc.) y programas de vivienda.

En el mediano plazo, se debe acelerar la ejecución de proyectos de infraestructura de mayor calado, como la finalización de las obras 4G y el comienzo de las 5G, así como la modernización y ampliación de aeropuertos y puertos y, por supuesto, la ejecución del Metro de Bogotá.

Finalmente, para llegar a una senda de recuperación del empleo en el largo plazo se deben adelantar reformas profundas, lejos de debates políticos apasionados, en tres frentes fundamentales: (i) tributario; (ii) laboral; (iii) pensional. Con ese escenario en mente, proyectamos que para 2021 la economía se recuperará y crecerá 4,2%.

Desde el punto de vista de política económica, el Gobierno Nacional ha hecho una buena tarea para enfrentar la pandemia. Como se mencionó anteriormente, se suspendió temporalmente la senda de deuda establecida en la Regla Fiscal para, en el corto plazo, incrementar el gasto y así tratar de reversar la pérdida de los ingresos de las empresas y hogares.

Sin duda ha sido la decisión correcta, pero para balancear las cuentas en el futuro (a partir del año 2022) ese mayor esfuerzo requerirá ingresos adicionales de importantes magnitudes.


Mauricio Santamaría
Presidente de Anif

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