Trump vs. Greta: un ‘cara a cara’ sobre el calentamiento global

El cambio climático fue el centro de las intervenciones de ayer en Davos, Suiza.

Davos

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y Greta Thunberg, ambientalista sueca. Bloomberg

Bloomberg y EFE

POR:
Ricardo Ávila Pinto
enero 21 de 2020 - 10:00 p.m.
2020-01-21

No deja de ser una aparente contradicción que las dos personas que despertaron más miradas de los asistentes, durante el primer día de sesiones del Foro Económico Mundial (FEM), se ubiquen en esquinas opuestas del pensamiento. Alrededor de esa confrontación y de cómo se defina, girarán las políticas de desarrollo en los años por venir, al igual que el comportamiento del sector privado.

(Lea: Esta forma de capitalismo no es sostenible: fundador de Foro de Davos)

El tema no es otro que el cambio climático y los antagonistas en la víspera fueron Donald Trump y Greta Thunberg. El primero, al ser presidente de Estados Unidos, nunca pasa desapercibido por cuenta de su poder, que se expresa en una numerosa comitiva y un asfixiante esquema de seguridad.

(Lea: ‘Capitalismo de las partes interesadas’, en el Foro Económico Mundial)

La segunda cumplió 17 años el pasado 3 de enero y su salto a la fama es reciente. Muchos tomaron nota cuando en la edición del año pasado les dijo a los líderes reunidos en los Alpes suizos que “su casa se está quemando”.


Que una adolescente nacida en Suecia les cante la tabla a los poderosos podría parecer apenas una curiosidad. Sin embargo, hay elementos que llevan a pensar que en esta ocasión las cosas son distintas y que las palabras pronunciadas no caen en el vacío.

Para comenzar, está el mapa de riesgos que elabora el FEM con base en una serie de encuestas que les hace a los capitanes de las principales compañías. Por primera vez en el informe, que se dio a conocer días atrás, los cinco principales temores son de tipo ambiental: variaciones extremas del clima; fracaso en la lucha para prevenir el calentamiento global; desastres naturales; pérdidas de diversidad; y desastres ecológicos ocasionados por la mano del hombre.

Adicionalmente, están los pronunciamientos de varias firmas emblemáticas. El más llamativo de todos lo hizo Larry Fink, cabeza de BlackRock, un conglomerado de fondos que maneja activos por más de siete billones (trillones, en inglés) de dólares. De acuerdo con el ejecutivo, se examinará de manera crítica a aquellas sociedades que no entreguen información detallada sobre los riesgos que les representa el aumento previsto de las temperaturas en el planeta.

Sin mencionarlo de manera expresa, el mensaje subyacente es que puede haber menos dinero para aquellas empresas que sean señaladas de cruzarse de brazos –o incluso pescar en río revuelto– ante la perspectiva de que el termómetro suba más de 1,5 grados de aquí al 2050, el límite establecido por los acuerdos de París de mediados de la década pasada.

Cada vez suenan con más fuerza las alarmas de los científicos que insisten en que el aumento en el nivel del mar y la profundización de los picos de lluvias y sequías, alterarán la vida de múltiples sociedades. Aparte del peligro que esa proyección representa para centenares de especies, está la elevada probabilidad de que millones de personas puedan perecer debido a un menor rendimiento de las cosechas o a tormentas e inundaciones, entre otros males.

La presión del público, especialmente en las naciones más desarrolladas, se siente en las juntas directivas y lleva a que varios tomen la iniciativa. Compañías como Microsoft se comprometieron a tener una emisión negativa de dióxido de carbono para el 2030, un ejemplo que seguramente seguirán otros gigantes de la industria o los servicios.

Uno de los segmentos hacia el que más dardos se dirigen es el del sector financiero. La conocida organización Greenpeace denunció en Davos que desde el 2015 los bancos internacionales le prestaron 1,4 billones de dólares a proyectos del ramo de los hidrocarburos, que se dedica a la extracción de combustibles fósiles.

Si bien la sindicación ocasionó el rechazo de algunas de las cabezas de las entidades más conocidas, quienes saben de estas cosas señalan que aquí puede haber un riesgo reputacional.

“El escrutinio que va a recibir cualquier iniciativa que demande inversiones por cientos de millones de dólares va a ser mucho mayor”, dijo Rajiv Shah, presidente de la Fundación Rockefeller. Varios expertos consultados dijeron que el dinero no se va a acabar, pero será más difícil de conseguir.

A pesar de que hay una transición en marcha y las energías alternativas aumentan su participación en la generación de electricidad, los activistas consideran que eso no es suficiente. Greta Thunberg lo dijo sin ambages ayer: “Seamos claros. No necesitamos una economía baja en carbono. No necesitamos emisiones más bajas. Nuestras emisiones (de gases de efecto invernadero) tienen que detenerse si queremos tener una posibilidad de permanecer por debajo de la meta de los 1,5 grados”.

¿Qué quiere decir eso? Según la joven sueca “detener inmediatamente todas las inversiones en la exploración y extracción de combustibles fósiles (…), acabar los subsidios y (…) desinvertir”.

Donald Trump no se quedó callado. En su discurso, ante un auditorio que comenzó a llenarse dos horas antes de que hablara, el mandatario estadounidense les pidió a los delegados “rechazar a los perennes profetas del desastre y sus predicciones del apocalipsis”.

El tono del inquilino de la Casa Blanca fue triunfal, no solo en ese aspecto. Acostumbrado a los superlativos, el magnate pintó un panorama rosa. Cuando habló de China, afirmó que la relación bilateral es la mejor de la historia.

Sin embargo, los analistas consideran que aquí puede haberse dado un punto de inflexión. Las cosas no cambiarán de la noche a la mañana, pero tanto los políticos como quienes están en el mundo de los negocios entienden cada vez más que la sostenibilidad no puede ser un concepto abstracto.

A ese respecto, Colombia, que viene con una buena historia para contar en materia de generación de energías limpias y que tendrá una mayor visibilidad hoy y mañana, puede aprovechar el escenario (ver nota anexa). En ese y en otros campos existen espacios para llenar, sobre todo por cuenta de la relativa ausencia de una región latinoamericana, que antes hacía gala de una mayor visibilidad en la cita anual que lleva a los poderosos del mundo a los Alpes suizos.


LOS DOS DÍAS DE DUQUE​

Hubo una época no muy lejana en la cual América Latina hacía presencia importante en Davos. Aparte de la visita de un buen número de sus presidentes y sus comitivas, que intervenían en paneles y reuniones privadas, eventos como la ‘Noche mexicana’, con sus margaritas y mariachis que entretenían a los trasnochadores, desaparecieron de la agenda.

Andrés Manuel López Obrador se precia de no salir del territorio mexicano; al brasileño Jair Bolsonaro no le fue bien el año pasado; Alberto Fernández optó por quedarse en Buenos Aires; y Sebastián Piñera sigue con líos internos en Chile. Solo el ecuatoriano Lenín Moreno cruzó el Atlántico, pero ayer canceló su aparición en un foro incluido en la agenda.

Eso le sirve a la visita de Iván Duque, que comienza hoy y termina mañana. En algo más de 36 horas, el mandatario tendrá una agitada agenda que comprende múltiples citas con inversionistas, jefes de Estado y de Gobierno, encuentros con la prensa y eventos públicos y a puerta cerrada. La comitiva incluye a los ministros de Minas y Energía, Comercio y Ambiente, además de la presidenta de ProColombia.

Uno de los mensajes que se busca enfatizar es el buen comportamiento de la economía, con un crecimiento superior al 3% en 2019, frente a un promedio regional de apenas 0,1%.

Dada la discusión sobre el calentamiento global, el mensaje del cambio en la matriz de generación de electricidad caerá como anillo al dedo. “Vamos a aumentar en 50 veces la capacidad instalada de fuentes renovables, al pasar de menos de 50 megavatios en 2018 a 2.500 megavatios en 2022”, señaló la ministra de Minas, María Fernanda Suárez.


Ricardo Ávila Pinto
Enviado especial

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